Como parte del proyecto Echoes of the Journey recorriendo Latinoamérica, llegamos a Costa Rica con expectativas altas. Este país, que se ha posicionado como un destino sostenible, toma muy en serio la protección de la naturaleza. Nuestro primer destino fue la Península de Osa y no podríamos haber elegido mejor.

Osa es uno de los rincones más remotos de Costa Rica y de los más diversos en términos de flora y fauna; alberga el 2.5% de las especies del planeta y es considerado por National Geographic como “el lugar más biológicamente intenso del mundo”.  A pesar de la presión impuesta por el desarrollo turístico en Costa Rica, Osa aún conserva un turismo de bajos números, por un lado debido a su ubicación, distante de San José y de difícil acceso, y por otro por el compromiso hacia la sostenibilidad de muchos de los operadores de la región.

El Parque Nacional Corcovado es el principal atractivo y ocupa gran parte de la península, con 56.000 hectáreas protegidas. En la playa Carate, muy cerca a la entrada de Corcovado, tuvimos la oportunidad de visitar Finca Exótica, un ecolodge que fue concebido con la idea de vivir en armonía con el entorno natural. Sus dueños, Markus de Alemania y Gabriela de Costa Rica, se establecieron en el 2001 en la zona, cuando estas tierras eran usadas para la cría de ganado. Mucho antes de pensar en el desarrollo de turismo, su primer desafío fue regenerar el bosque y transformar el antiguo potrero en una finca sostenible, sembrando distintas especies de plantas y árboles.

En el 2007, producto del esfuerzo conjunto con otras propiedades aledañas, crearon el Refugio de Vida Silvestre Saimiri para regenerar y proteger el hábitat natural de distintas especies. Hoy en día el refugio abarca cerca de 200 hectáreas que actúan como un verdadero corredor ecológico al sur del Parque Nacional Corcovado; la mayor parte de las especies que se encuentran en el parque pueden verse en Saimiri, entre ellas varias especies de monos, coatíes, osos hormigueros, perezosos y guacamayos.

El ecolodge ocupa 95 hectáreas dentro del Refugio y de éstas sólo el 5% es superficie construida, completamente integrada al entorno. Markus es arquitecto y optó por una construcción sostenible, utilizando el mínimo indispensable de cemento y creando estructuras temporarias con materiales naturales, como el bambú, que crece abundantemente en la finca, y madera de descarte.  La oferta de alojamiento se compone de siete confortables cabañas, con vistas al Océano Pacífico, y siete “tiki” tiendas donde se puede hacer “glamping” en medio de la selva. Todos los productos de aseo que proveen son biodegradables.

Buenas prácticas de Finca Exótica

Al estar ubicado en un lugar remoto, uno de los principales retos del lodge fue la generación de energía. Sus dueños lo resolvieron generando sus propias fuentes 100% renovables. En verano producen la energía que necesitan gracias a 25 paneles solares, y durante la estación lluviosa utilizan una turbina hidroeléctrica que se alimenta de un río dentro de la propiedad. El uso de electricidad está limitado a las áreas comunes, generando un bajo impacto en la vida silvestre del refugio y el agua proviene de un manantial natural dentro de la propiedad, la cual se filtra y se usa para el consumo. En cuanto a los residuos, los orgánicos se utilizan como compostaje para los jardines y lo que puede reciclarse se lleva al centro de acopio en Puerto Jiménez, el pueblo más cercano, para su correcto tratamiento.

Todo el concepto del lodge se basa en ser un centro de inspiración, invitando a quienes los visitan adoptar un estilo de vida sostenible y saludable, en conexión con la naturaleza. El yoga y la meditación juegan un papel importante para lograr esta conexión, así como la alimentación. El menú del restaurante ofrece una variedad de platos, usando principalmente productos orgánicos del propio jardín que se puede visitar como parte de un tour guiado, aprendiendo sobre las propiedades medicinales de las plantas. Una propuesta adicional y poco común es la posibilidad de interactuar con otros viajeros durante la estadía. El lugar de encuentro cada noche es el restaurante Casa Grande, donde se invita a los huéspedes a cenar en una larga mesa comunal, compartiendo experiencias de vida.

Finalmente y coherente con su propuesta de conservación y respeto por el entorno, Finca Exótica busca atraer el tipo de turistas que compartan sus valores y lo hace con una estrategia de promoción selectiva. En su sitio web tienen una sección llamada “¿Es Finca Exótica para ti?” donde se deja en claro qué puede esperar el huésped que llega y a su vez qué se espera de él o ella durante su visita. De esta manera, se aseguran que los huéspedes llegan con expectativas reales y disfrutan al máximo su experiencia, a la vez que aprenden de sus numerosas buenas prácticas para llevarlas a casa.

Finca Exótica es un ejemplo que demuestra que confort y sostenibilidad pueden ir de la mano y que es posible crear una experiencia memorable para los huéspedes generando un impacto mínimo en el entorno. De esta manera, motivan la adopción de un estilo de vida sostenible por parte de quienes los visitan, que logran estar en armonía consigo mismos y como consecuencia, con el planeta tierra.

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