Fuente:ElDiario

El barranco de Las Peñitas es uno de los espacios naturales más singulares de Fuerteventura, uno de sus paisajes más espectaculares, uno de sus espacios más protegidos… sobre el papel. Icono turístico visitado por decenas de miles de personas al año, al aumento de su fama no le ha acompañado un reforzamiento de las labores de vigilancia para garantizar su preservación. Todo lo contrario. Una gestión deficiente, cuando no inexistente, por parte del Cabildo de Fuerteventura, ha dado barra libre a los visitantes.

Para algunos de ellos esos peñascos imposibles son, ante todo, un excelente lugar de trepa. Lo han bautizado como el Yosemite majorero. Y han abierto numerosas vías ilegales de escalada en esos riscos. Taladran agujeros en la roca y fijan en ellas toda clase de clavijas, anclajes, plaquetas metálicas y tornillería variada, dañando irreversiblemente lugares únicos. Molestan a las aves en plena época de nidificación provocando el abandono de las puestas. Acampan en el entorno sin autorización. Programan ascensiones nocturnas iluminándose con focos y linternas. Acaban con la tranquilidad del lugar. Llevan años haciéndolo sin que nadie les haya sancionado por ello. Es más, el Cabildo y el Gobierno de Canarias lo promueven directamente desde sus páginas de turismo; en varios idiomas, para que nadie se lo pierda.

Ese desfiladero es la joya de la corona del parque. Y por ello uno de los lugares con más limitaciones de todo el espacio. Según el artículo 42 del PRUG, únicamente se permitirá en él la práctica de la escalada y el tránsito a pie de pared “por motivos científicos debidamente autorizados, y exclusivamente en los lugares señalados para tal efecto”. No está permitido por tanto caminar fuera de los senderos ni trepar por las peñas, salvo “actividades relacionadas con la conservación y gestión del área o por razones de salvamento y rescate, restringidas a personal debidamente autorizado”.

Los diferentes expertos consultados no se muestran contrarios a la promoción de la escalada en Fuerteventura. Lo que no aceptan es su actual descontrol, la inacción administrativa que permite su práctica en lugares donde está estrictamente prohibida.

Así se reafirma el biólogo Juan Miguel Torres. “Tiene que existir una integración de estas actividades con el uso del territorio y su conservación, un control estricto por parte de la Administración que partiendo de la Ley la aplique con criterio, regulando sitios y fechas”. El tema de las fechas es igualmente señalado por el ornitólogo Julio Roldán. De enero a julio las aves están criando y en esos meses no debería autorizarse la escalada para evitar molestias.

Torres también se lamenta de la desinformación que hacen gala este tipo de ciudadanos, personas que ante un espectáculo tan extraordinario como es el desfiladero de Las Peñitas “tan solo ven un rocódromo, sin darse cuenta de que están deteriorando un patrimonio único”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Diario: Las escaladas incontroladas deterioran un emblemático barranco de Fuerteventura mientras Cabildo y Gobierno promocionan su práctica”.

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