Sombreros tejidos con alma desde Montecristi, Ecuador

Sombreros tejidos con alma
Jéssica Chávez, fundadora de Carludovica

Carludovica surge de un profundo amor y respeto por el trabajo hecho a mano por los tejedores de un pequeño pueblo llamado Pile, del cantón Montecristi, provincia de Manabi, Ecuador. Jéssica lleva toda su vida viéndoles trabajar, día a día, con tanta dedicación, entrega y con un talento que corre por sus venas. Su admiración y conmoción por su bonita labor la llevó a emprender y fundar Carludovica, una marca sostenible de sombreros de toquilla, más conocidos mundialmente como Panama Hat.

Jennifer: ¿Cómo nace tu proyecto? 

Jéssica: Siempre me pareció mágico ver como de una única materia prima, la Carludovica Palmata, lograban crear sombreros tan bellos. Ya desde hace muchos años atrás, alcanzaron la fama mundial por ser como son: finos, sencillos y elegantes al mismo tiempo; como la naturaleza misma. Una fama que mantienen hasta el día de hoy.

Surge también de la necesidad de dar a conocer a quienes están detrás de esos famosos sombreros: agricultores, tratadores de cogollos, hebradores, tejedores, azocadores, apaleadores, planchadores y rematadores de sombreros. Gente sencilla y honesta que recibió de sus ancestros una técnica de tejido que ha logrado sobrevivir durante muchísimos años; y que hoy, al enfrentarse a un mundo cada vez más industrializado, donde casi todo se fabrica en masa, corre grave peligro.

Surge de la urgencia de llevar estos sombreros al mundo entero a través de un comercio justo, honesto con los artesanos y con quienes los compran. Conocer cómo ha sido explotado el trabajo de los tejedores es indignante. Para mi es frustrante visitar Pile y encontrarse con un pueblo abandonado, perdido en el tiempo y ver a los artesanos viviendo en pequeñísimas casas llenas de carencias. He visitado muchas veces Pile y en todas ellas tenía el deseo latiendo en mi corazón de hacer algo, pero no encontraba la forma. Yo nunca había vendido nada ya que mi vida profesional iba por otro lado. La cosa cambió cuando conocí a Doña María, una tejedora de 71 años que me pedía ayuda para comprar su medicina porque se sentía muy enferma y el médico le había dado una receta de medicamentos que no podía comprar por no tener dinero. Eso fue como el golpe, la patada, la señal de que el momento de hacer algo, era ahora.

Pensé y pensé mucho durante varios días. Me surgían ideas de cómo ayudar a mis coterráneos, aunque eran ideas lindas, no vibraban. Hasta que se concretó: debía crear una tienda, una galería, una marca que, a más de vender los preciosos sombreros, llevara al mundo el rostro de los artesanos, sus manos encallecidas de tanto tejer, sus historias, sus risas, su mirada clara y tierna. Contar las historias de ese casi ritual de tejer un sombrero con tanto esfuerzo y amor, pues para hacerlo deben sacrificar las horas de la madrugada porque es ahí donde la paja tiene la flexibilidad necesaria para lograr un tejido único. Contar las historias de ese trabajo que hacen con amor sin medir el tiempo, porque el sombrero más fino es tejido durante 6 meses aproximadamente. Para mi es maravilloso contar esas historias de vida lenta, sencilla y honesta. Esas imágenes de trabajo en silencio, concentración y entrega absoluta, había que difundirlas porque son arte, Ellos son arte puro. 

Jennifer: ¿Qué es lo que hace única a tu marca sostenible? ¿Cuál dirías que es su misión? 

Jéssica: El alma. Nuestro eslogan es “Tejidos con alma”. En el tejido de los sombreros está escrita la historia de los tejedores; la historia de un pueblo que lucha por salir adelante. Siempre digo que quien compra un sombrero se lleva, no solo un accesorio, sino un pedacito de la vida de los artesanos montecristenses. Los Panama Hat auténticos están hechos con el alma y con el corazón. Esto no es sólo una metáfora, porque los artesanos al tejer inclinan su cuerpo sobre un tronco que les permite colgar las hebras de la paja mientras presionan con su pecho el tejido, creando cada sombrero como en un abrazo activo.

Sombreros tejidos a mano
Doña María tejiendo un sombrero de toquilla

La misión de Carludovica es ser una marca sostenible. En ninguna parte de la cadena de elaboración del sombrero se utiliza maquinaria alguna, ni siquiera electricidad para plancharlos, ya que se hace con una plancha antigua de hierro. La planta crece abundante y generosamente en las zonas húmedas de la costa ecuatoriana donde las frecuentes lluvias crean el escenario propicio para que crezca sin químicos ni fertilizantes. Por lo tanto, cero contaminaciones. Hasta en el momento de tomar los cogollos de la planta hay el ritual de pedir permiso y agradecer a la madre tierra. Nuestro trato con los artesanos, en cuanto a lo económico, es justo y respetuoso, ya que ellos son el alma, la parte más importante de la cadena de sombreros, por eso siempre quisiera hacer más por ellos, pero entiendo todo toma su tiempo.

Por ahora necesitamos vender los sombreros que ellos tejen, y que por la situación mundial que vivimos, su venta y exportación ha bajado demasiado. Hay muchos sombreros en stock, no solo de los tejedores de Pile, sino también de otros rincones de Manabi donde se teje con la misma técnica, como Jipijapa, Picoazá, Jaramijó. Hay gente que se aprovecha de esta situación y los compra a precios ridículos, ya que los tejedores deben venderlos porque necesitan dinero para sobrevivir. Esa explotación no es justa y tiene que acabar en algún momento. 

Sombreros tejidos con alma
Carludovica palmata, conocida popularmente como jipijapa, puerto rico o toquilla

Jennifer: ¿Cuál es el verdadero origen del tradicional “Sombrero Panamá”? 

Jéssica: El tejido del sombrero de toquilla de Pile y Jipijapa, llegó a tener tanta fama hace mucho tiempo atrás, que se han creado varias historias al respecto. Según los historiadores, se le dio el nombre de PANAMA HAT porque fue en y durante la época de la construcción del Canal de Panamá (1880-1914) cuando se popularizó su uso y hubo una gran demanda, pues los sencillos sombreros de toquilla protegían del intenso sol a los trabajadores. También habían los más finos que eran usados solo por las altas autoridades como aquel sombrero tan exquisito que usó en 1906 T. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, en su visita al Canal. Este evento tan importante fue cubierto por la prensa estadounidense y es entonces cuando lo mal denominaron como Panama Hat, al famoso sombrero que lo acompañó en todo su recorrido y que nunca se quitó.

También se cuenta que el nombre se le atribuye a la primera Exposición de productos agrícolas, industriales y de Bellas Artes en Paris en 1855. En ese evento fue donde el emperador Napoleón III recibió uno como obsequio y se convirtió de inmediato en el objeto del deseo. Sin saber su verdadero origen, y ante las preguntas que de qué lugar provenía el bello sombrero, lo llamaron Panamá por ser el puerto de embarco de donde partían.

Lo cierto es que ese enigmático sombrero fue tejido desde siempre en Montecristi y Jipijapa por hombres y mujeres humildes y desconocidos. Al decirles que su trabajo es una obra de arte, se asombran, porque para ellos tejer, es vivir, y los famosos “Panama Hats”, son simplemente sus “Sombreritos de Paja” no importa de que otro modo les llamen fuera de ahí. 

Doña María tejiendo sombreros en la mañana
Doña María tejiendo en la mañana

Jennifer: ¿Crees que esa confusión ha desprestigiado el trabajo de los artesanos? 

Jéssica: No podría decir algo tan radical como “ha desprestigiado el trabajo de los artesanos” porque no lo es. Cada vez más se conoce que el Panama Hat es hecho en Ecuador, y esa también es una de nuestras tareas como Carludovica. Lo que si ha sucedido es que mucha gente se ha aprovechado de la fama de su nombre para llamarle “Panama Hat” a cualquier sombrero de paja, sean o no de toquilla. Hay tantas otras palmas con las que se hacen bellos sombreros; no sé por qué no ponerles un nombre propio y empeñarse en llamarlos con un nombre que evoca a otros sombreros, solo porque es un nombre que resuena en el mundo. Eso sí me parece deshonesto, no el trabajo de los artesanos, sino el de las personas que ponen y venden sus sombreros como “Panama Hat” tejidos con otra técnica y otros materiales. Eso, aunque suene fuerte es una estafa. No todo sombrero de paja es un Panama Hat y eso debe quedar muy claro. 

Jennifer: Cuéntanos cómo conseguiste que la UNESCO declarase los sombreros de paja toquilla, Patrimonio Intangible de la Humanidad?  ¿Ha sido tu mayor logro?

Jéssica: Me parece muy pretencioso decir que he conseguido que la UNESCO declare Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, porque no es simple. Conseguir algo así es un largo, larguísimo proceso, del que formé parte junto a Rodrigo Robalino, en un inicio; y esto fue a través de nuestra investigación y producción de un reportaje para el programa de televisión donde él era uno de los directores.

En el año 2006, nos enteramos que el sombrero de toquilla estaba en peligro de desaparecer porque los tejedores se podían contar con los dedos de las manos; ya nadie quería aprender a tejer porque este trabajo no les generaba los suficientes ingresos para vivir. Así que viajamos, comenzamos la investigación y la producción. Nos encontramos con una triste realidad: los tejedores de sombreros finos eran apenas 7 y ya ancianos, además sus hijos habían tenido que emigrar para buscar un futuro mejor. Era verdad que ya nadie quería aprender a tejer, porque no les daba el dinero suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Me sorprendía ver cómo aquellas personas que tejían esos maravillosos sombreros, podían vivir en esas condiciones. Vi que había una dura realidad escondida detrás de un sombrero de fama mundial.

Una vez que regresamos a Quito, para el proceso de edición, pensábamos que era necesario hacer algo más por los tejedores, por el tejido, por el arte del sombrero para que no se extinguiera, como parecía ser. Así que, respaldados por nuestro reportaje que tuvo mucha acogida y fue replicado por varios medios, escribimos al Instituto de Patrimonio Cultural pidiendo que se hiciera algo urgente y todo lo necesario para que se reconociera a esta práctica ancestral como Patrimonio y de esta manera se ayudara a los tejedores. Nos dijeron que era un largo proceso pero que se pondrían en marcha.

Fue solo el granito de arena inicial, por eso decir que el logro es nuestro es una pretensión y exageración. Hicimos solo lo que nos correspondía, de ahí el proceso fue largo y estuvo acompañado de peticiones de la asociación de artesanos, del Instituto de Patrimonio, del Gobierno, muchos trámites en las que ya nosotros no tuvimos nada que ver.

Pastor realizando un corte al sombrero de toquilla
Pastor realizando un corte al sombrero de toquilla

Jennifer: ¿Consideras que el turista que viaja a Ecuador muestra interés por conocer la artesanía local?

Jéssica: Total, claro que sí. De hecho, siempre cuento como anécdota que recuerdo claramente que cuando yo era muy pequeña, veía con curiosidad como los turistas que llegaban al puerto de Manta en cruceros, venían a Montecristi y se dirigían hacia la casa de uno de nuestros vecinos llamado Don Rosendo – que fue uno de los pioneros en exportar sombreros – en busca del famoso Panama Hat. Para mí aún son muy frescas las imágenes en donde ellos llegaban con sus shorts, camisetas, gafas y una gorra que rápidamente dejaban a un lado, para poner sobre sus cabezas, el “Panama Hat” y lucir felices.

Entre los productos ecuatorianos con mayor fama mundial está el Panama Hat, sin lugar a dudas, por eso los turistas que llegan a Ecuador muestran interés en conocer nuestra artesanía, pero quizá de forma superficial; pues Pile, el Aromo (lugares donde nace el sombrero) no son destinos turísticos. Hay que tomar en cuenta que la mayoría de turistas que vienen a Ecuador, lo hacen para ir a Galápagos, que está muy lejos del Ecuador continental; pero hasta ahí siempre están pendientes de hacerse con un Panama Hat.

En Cuenca, una linda ciudad de la sierra ecuatoriana, también se tejen sombreros de toquilla y los llaman igual “Panama Hat”, pues aprendieron a tejer en Montecristi. Aunque la técnica y el tiempo empleado es diferente ya que las tejedoras -en su mayoría mujeres- lo hacen sentadas y les toma de 2 a 3 días lograr un sombrero, hay quienes lo hacen incluso en 1 solo día. Es por ello que es mucho más barato, pero es un trabajo muy bonito igualmente. Muchos de los turistas que llegan a Ecuador, también adquieren estos sombreros; al ser tejidos en Cuenca es más posible que puedan ver el proceso de cerca, porque Cuenca es una ciudad muy turística también y es parte de nuestra artesanía por la que sentimos igual orgullo.


Muchas gracias Jéssica, por el tiempo y el cariño que has puesto en contarnos con todo detalle tu proyecto, su historia y por transmitirnos en la distancia la labor tan hermosa que desempeñan los artesanos/as de Montecristi.

Puedes seguir los pasos de Jéssica en su web y cuenta de Instagram

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Turismo Comunitario, su complejidad y aporte al Buen Vivir

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano; Enrique Cabanilla participará como ponente. En este artículo nos presenta un resumen del trabajo de la tesis doctoral: Configuración Socio-Espacial del Turismo Comunitario. Caso Ecuador. Universidad Nacional de Sur. Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.


En la Declaración de Manila sobre el Turismo Mundial en 1980 y la Carta del Turismo y Código del Turista de 1985, el turismo comunitario ganó un espacio en las políticas de desarrollo de varios países a nivel mundial. En este periplo, los avances han sido muy importantes y significativos. Arrancar desde cero fue un reto muy duro para las comunidades, que deseaban ser protagonistas de su futuro y dejar de ser consideradas como objetos de contemplación.

En la actualidad, siguen habiendo aspectos a debatir para ayudar a la implantación del turismo comunitario. En primer lugar, destacar la relación de este modelo de gestión con el amplio concepto del buen vivir, reforzando la inclusión y la solidaridad. En segundo lugar, contextualizar la complejidad del desarrollo territorial a través del turismo comunitario, destacando las diferentes aristas que le dan forma y, finalmente, los avances de una investigación que se ha enfocado en determinar la trascendencia de parámetros cuali-cuantitativos del buen vivir, obtenidos a través del turismo comunitario, enriqueciendo el debate social, político y académico.

El Buen Vivir y el Turismo comunitario

Para el caso de Ecuador, la Constitución aprobada en 2008, remarca la firme decisión de construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, como un principio que se refiere a la vida en sí, al país como un todo en armonía plena, en un espacio que fortalece lo relacional, complementario, correspondiente y recíproco.

Esta norma obliga a asumir un gran compromiso, más aún, en sectores estratégicos del cambio de la matriz productiva, entre los cuales destaca el turismo comunitario, mencionado como una actividad prioritaria en el Plan Nacional Estratégico del Buen Vivir. Exige, al Estado, el redefinir el marco político e institucional en lo referente al turismo comunitario, considerando que es una oportunidad única para desarrollar un modelo de gestión que ha sido planteado desde el bien común.

Para perfeccionar la concordancia con el turismo comunitario, el turismo mundial debe asumir su responsabilidad sobre el desarrollo de este modelo alternativo de gestión. El turismo, al declarar permanentemente sus bondades económicas y de generación de empleo, parece no considerar que el turismo comunitario está siendo muy cuestionado, por varios agentes endógenos y exógenos, debido principalmente a la escasa información sobre los resultados obtenidos. Por lo tanto, hay que desprenderse de premisas basadas exclusivamente en macro-estadísticas, las cuales marcan rumbos exitosos para cualquier caso y tomar en cuenta otros resultados, como los del turismo comunitario, para formular tendencias que incluyan la realidad de todos sus subsistemas. No se puede conocer el todo sin conocer sus partes y hay que visibilizar la problemática por la que atraviesan cientos de proyectos comunitarios que no han logrado cumplir con las metas propuestas.

La complejidad del desarrollo territorial en relación a la estrategia turística

Si nos desprendemos de lo meramente lineal, se podrá planificar un desarrollo territorial de forma cíclica, migrando de lo exclusivamente turístico, hacia el reto de construir el bien común en las comunidades receptoras. Este reenfoque generará cambios inminentes dentro de factores como la calidad del producto turístico ofertado, ya que, desde la nueva mirada, esta será resultado incuestionable del bienestar holístico de las comunidades locales. Este cambio impone que, para implantar un emprendimiento, el territorio debe contar con una infraestructura de soporte suficiente y eficaz, previo a la operación turística.

Es indispensable reconocer que el turismo comunitario está en constante construcción y auto- regeneración. Por un lado, es materia prima para la definición de estrategias de desarrollo y, por otro, es la propuesta de un turismo diferenciado. Si bien es importante desarrollar acciones para mejorar su operatividad turística, es también imperativo conocer y divulgar los resultados de esta gestión.

El turismo comunitario se ha demostrado como un puente de encuentro, entre la sostenibilidad y el desarrollo local, entre la cultura y la naturaleza, entre los sueños y la resiliencia. Está en el centro mismo de la filosofía andina, donde confluyen los pares dialécticos y donde se construye permanentemente un bucle de desarrollo, a partir de la confrontación de la crisis e incertidumbre. Por ello es una herramienta que ayuda a desatar nudos críticos en la construcción del buen vivir, gracias a la socialización de sus resultados como un aporte a la gestión de la planificación territorial.

Definición de los indicadores sociales del buen vivir

Son tres los ejes que configuran socio-espacialmente al turismo comunitario: territorio, historicidad y acción colectiva. A partir de estos, se ha trabajado en indicadores sociales que permitan cualificar y cuantificar el aporte del turismo comunitario al buen vivir. Como resultado se establecieron y afinaron 21 indicadores, utilizando la metodología Delphi, con aportes de 79 gestores locales, líderes comunitarios, investigadores, responsables de gestión pública, técnicos de campo, entre otras personas, involucradas directamente con el desarrollo del turismo comunitario.

A los expertos consultados se les solicitó su criterio sobre la capacidad del turismo comunitario para construir resultados óptimos en los 21 indicadores. De sus respuestas y, luego, de realizar una clasificación en base a la desviación estándar, se agruparon los indicadores en tres rangos equidistantes, de mayor a menor correlación entre turismo comunitario y buen vivir.

El próximo paso en la investigación, será entrevistar a los comuneros, respecto a su bienestar, utilizando preguntas alineadas a los 21 indicadores sociales, e inmediatamente preguntarles, cuál es la percepción que tienen, sobre cómo el turismo comunitario incide en la generación del suma kawsay. En un avance de este estudio, se preguntó, de manera global, a 90 emprendimientos de turismo comunitario en Ecuador, su grado de satisfacción sobre el aporte del turismo a su comunidad, con un rango de 1 a 10, obteniendo una media en un nivel ligeramente positivo de 6,57.

Por un turismo más solidario, incluyente y equitativo

Evidentemente estamos ante una oportunidad de crear un mundo mejor a través del turismo, por lo cual saludo a todas aquellas personas que trabajan por un turismo más solidario, incluyente y equitativo. Un turismo que busca el bien común, que contribuye a hacer realidad el buen vivir tanto en las comunidades receptoras, como en los visitantes que se nutren de estas experiencias. Un modelo de gestión de la comunidad, que reivindica la auto-superación y afirma la capacidad de resiliencia. Un modelo que necesita de apoyo y trabajo en conjunto con técnicos, investigadores, empresas, fundaciones y programas que se sumen al sueño de un desarrollo digno.

Finalizo parafraseando al presidente José Mujica, quien dijo que: “La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor.”

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Los pueblos indígenas de el Ecuador luchan por la gestión turística comunitaria

Cada vez son más los casos de éxito en materia de turismo comunitario. Ésta actividad supone una mejora considerable en la calidad de vida de la población local siendo al mismo tiempo una excelente alternativa económica que hace posible el manejo sustentable de los recursos naturales.

Hemos tenido la oportunidad de conocer la labor que desempeña La Federación Plurinacional de Turismo Comunitario del Ecuador (FEPTCE), una institución que permite a los pueblos indígenas hacer del turismo sostenible el medio para vivir con decencia en su territorio. Hablamos con Xavier Contreras-Peñaherreras, miembro del equipo técnico de la Federación, para tratar sobre diferentes temas:

Jennifer: ¿Cómo surge FEPTCE?

Xavier: FEPTCE surge a inicios del 2000, cuando las comunidades se dan cuenta que no son las únicas que hacen turismo contando con objetivos similares así como las mismas dificultades.

FEPTCE nació con motivo de la DECLARACIÓN DE OTAVALO, en septiembre de 2001, por iniciativa de cinco entidades regionales de los pueblos y nacionalidades, Ricancie, OPIP, Ingapirca, Runa Tupari y Manduriacos.

Es una organización nacional de Derecho Colectivo, está representada por un Directorio Nacional y Directorios Provinciales. Su estructura funcional consta de la Asamblea General; un Consejo Ampliado; el Consejo Directivo; y, un Consejo Técnico de apoyo. La Asamblea General está compuesta por los representantes de los Centros de Turismo Comunitario (CTC), quienes a su vez se encuentran estructurados en Corporaciones de Turismo Comunitario Provincial o regional.

Jennifer: ¿Cuáles son las funciones de la Federación?

Xavier: Las principales funciones son de tener una representación institucional del Turismo Comunitario y los emprendedores (comunidades, asociaciones y familias) ante el Estado y el Sector de Turismo.

Jennifer: ¿Y su principal labor en el Ecuador? 

Xavier: Establecer planes de formación y capacitación para todos sus miembros y para otros actores del turismo del país y crear canales de promoción y comercialización para la oferta turística de sus miembros.

Jennifer: Su modelo cuenta con estrategias para conseguir un correcto desarrollo sostenible de las comunidades, ¿cuáles considera esenciales para lograrlo?

Xavier: El Turismo Comunitario nace en Ecuador bajo cuatros ejes fundadores y constructores que fueron y siguen siendo:

  • Gestión del territorio, defendemos y gestionamos los territorios de vida de los pueblos, nacionalidades y poblaciones rurales.
  • Valorización cultural, tomamos conciencia de lo importante que es nuestra realidad pasada, presente y futura; y lo mucho que podemos aprender y legar a los nuestros y semejante.
  • Fortalecimiento organizativo, tejemos nuestra estructura organizativa como parte fundamental para la reivindicación de nuestros derechos.
  • Distribución equitativa de beneficios, generamos beneficios para la comunidad, heredera del patrimonio cultural y natural, a través del turismo comunitario.

En base a estos ejes, el plan de FEPTCE tiene un proceso de ejecución que se base en 3 ejes los cuales consideramos esenciales para el progreso y desarrollo de la comunidad:

1. Representación institucional del turismo comunitario y asociativo del Ecuador.

2. Formación y capacitación para todos sus miembros y para otros actores del territorio en donde se pudiere desarrollar actividades de turismo con enfoques de sostenibilidad.

3. Promoción y Comercialización de la oferta turística de nuestros miembros y de otros actores que tienen productos turísticos que compartan nuestra visión.

Jennifer: ¿Considera que la gestión turística comunitaria es una estrategia esencial para desafiar al turismo masivo? ¿Qué opina sobre este fenómeno que afecta a multitud de destinos en todo el mundo?

Xavier: Pienso que es necesario cuestionarse y actuar sobre otra forma de viajar. El TCE puede ser una de varias opciones para que la población anfitriona tenga algo de control sobre la actividad, decida que mostrar, cuando mostrar y que parte de los beneficios económicos generados por su trabajo y participación queden en esos territorios que reciben turistas, y no solo los problemas que trae el turismo.

El turismo es una actividad depredadora, si la población local no se sensibiliza, prepara y organiza serán una víctima más de una actividad que por el momento solo piensa en el lucro de grandes inversionistas y muy poco en los anfitriones, en el entorno cultural y natural y peor aun en los turistas.

Jennifer: América Latina posee una gran diversidad de pueblos indígenas. ¿Cree que cualquiera de ellos puede hacer del turismo una fuente de progreso económico y que al mismo tiempo se contribuya a la conservación de su diversidad étnica y cultural? ¿Cuáles son las mayores dificultades para comenzar?

Xavier: El turismo es una actividad compleja y muy sensible, en Ecuador todavía no entendemos qué representa el desarrollo de turismo. Desde el Estado, desde la academia, desde el sector empresarial privado y comunitario, sin desarrollo de territorio difícilmente se puede desarrollar turismo.

América Latina y el Ecuador en los índices de competitividad internacional todavía se encuentran muy abajo, y esas son acciones claves a trabajar para poder ser verdaderos destinos turísticos competitivos. No basta con tener recursos naturales y culturales de altísimo valor y fuerte diversidad. Necesitamos crear productos en función de una posible demanda detectada.

En el comienzo, las mayores dificultades para las comunidades o emprendimientos familiares son el acceso a infraestructura (vías, comunicación, sanidad, energía), acceso a formación técnica y profesional, acceso a líneas de crédito para construir planta turística, formación continua, generar canales de promoción y venta adaptadas a sus entornos y que se inserte en sus objetivos.

Jennifer: Ofrecer un turismo comunitario de calidad es una prioridad para ustedes, ¿opina que sin el apoyo del gobierno este tipo de proyectos puede llegar a ser imposible?

Xavier: Claro, la calidad es algo que se busca en todo momento, entendiéndose no como un lujo sino como una oferta de servicio de acuerdo a lo planteado por la comunidad local y sus objetivos en función de una demanda identificada.

Sin el gobierno difícilmente se puede trabajar, aunque la experiencia y la realidad actual nos demuestran que todo lo logrado se ha hecho sin el gobierno, y por el general el gobierno no tiene la experticia para apoyar los procesos. Ante esto pedimos que el gobierno tenga apertura y se deje asesorar por la gente de territorio que conoce su realidad, su necesidad y el negocio de turismo, cosa que no es el caso del gobiernoImportante notar que el turismo como modelo de gestión desde comunidades, asociaciones y familias tiene ya más de 36 años en Ecuador.

Jennifer: ¿Tienen objetivos marcados a medio y largo plazo? ¿Cómo les gustaría verse en un futuro no muy lejano?

Xavier: El objetivo a mediano plazo es tener una plataforma de información que nos permita difundir el concepto y la acción de este tipo de actividad y al mismo tiempo formarnos y capacitarnos entre nosotros para poder promocionar y vender. Apropiarnos de nuevas tecnologías y adaptarlas a nuestros fines. Esto es un proyecto que está en construcción para el primer trimestre 2020.

El futuro para nosotros esta siempre en el pasado y el encuentro del futuro con el pasado hace el presente, es decir sin conocernos de dónde venimos imposible proyectarnos al futuro y peor aun vivir el presente, el aquí y el ahora.

Jennifer: Para finalizar ¿podría destacar el éxito del que se sientan más orgullosos?

Xavier: No podemos hablar de éxito peor aún de orgullo, nosotros hablamos de acciones de todos los días, de procesos de construcción, de acciones que nos permiten descolonizarnos y aprender de nuestro entorno. El trabajo diario es nuestra motivación. Buscamos trabajar la resistencia a perder lo que somos pero siempre abiertos y curiosos a lo que vendrá.

¡Muchas gracias por su tiempo Xavier!

Recuerda que puedes seguir los pasos de FEPTCE desde sus redes sociales Facebook, Instagram y Twitter.

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Mural de 50 metros visibiliza la lucha de mujeres indígenas en Ecuador

Seis mujeres de nacionalidades amazónicas y tres andinas aparecen retratadas con sus atributos característicos en un mural de 50 metros en un edificio de Quito, para recordar a los viandantes que son custodias de la naturaleza.

Estas vigías se ubican en la base de la obra monumental, con sus vestimentas ancestrales y algunas con sus rostros pintados por ellas mismas, junto a dos elementos fundamentales para su sustento y tradición: la yuca y el maíz.

Sobre ellas, se alza vegetación selvática y una niña desde cuyas manos emana agua, también una luna llena cenital, un pájaro de nombre Iluku relacionado con mitos mágicos en la cuenca amazónica, un volcán nevado andino y un campo rural incrustado en una hoja desde la que cae una gota a otra que alberga una ciudad.

“Lo que simboliza es la lucha de las mujeres en resistencia en defensa de la vida de la madre Tierra, de la semilla, de la ‘Aipa Mama’ (voz quichua para tierra)”, explicó a Efe Carmen Lozano, una de las retratadas, natural de la provincia de Loja (sur de Ecuador) y representante de los pueblos kichwas saraguros.

Esta dirigente indígena figura abrazada en el enorme grafiti a una planta de la que emana una gran mazorca, que explica, “es fuente de vida, de lucha y reivindicación de los pueblos”.

“Es un elemento muy sagrado porque es símbolo de resistencia y de alimentación de nuestros abuelos, como herencia que nos han dejado”, afirma sobre el maíz, que representa también la fertilidad y la procreación con sus múltiples granos. Lozano defiende su cultivo tradicional frente a la amenaza de los granos transgénicos, y enarbola la lucha por el agua, el aire y la tierra, frente a las empresas trasnacionales mineras, petroleras o hidroeléctricas.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por La Hora: Mural de 50 metros visibiliza la lucha de mujeres indígenas en Ecuador”.

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El primer aeropuerto ecológico del mundo está en Latinoamérica

Fuente: aeromundomagazine.com

El aeropuerto Seymour de la Isla de Baltra (Galápagos, Ecuador) se ha convertido en el primer aeródromo ecológico del mundo, tras recibir la más alta certificación que reconoce las construcciones sostenibles: el U.S Green Building Council (USGBC).

Lo cierto, es que esta terminal, de 6.000 metros cuadrados, funciona al 100% con energía renovable: solar y eólica. El 35% de la misma es generada por paneles fotovoltaicos, que están instalados en caminos colindantes de la instalación. Mientras que el 65% restante proviene de los molinos eólicos que están dispuestos en zonas estratégicas del aeródromo.

Además, el 80% de su infraestructura está construido con materiales reciclados, así como sus muros exteriores están revestidos con piedra volcánica de la propia isla, por lo que se mimetiza con el entorno natural de la misma. También, cuenta con una planta desalinizadora propia para aprovechar el agua del mar que, una vez se emplea en el aeropuerto, se trata y reutiliza.

Al mismo tiempo, cuenta con iluminación y ventilación natural en todos los espacios, promueve la reforestación endémica y sirve como centro para desarrollar diferentes medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Tourinews: El primer aeropuerto ecológico del mundo está en Latinoamérica”.

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