Nuevamente se realizan en Colombia encuentros que promueven el turismo de naturaleza como una apuesta al desarrollo económico (bajo la bandera del desarrollo sostenible), sobre todo en lugares que todavía mantienen atributos interesantes de la biodiversidad, por lo general alejados de centros urbanos y en contextos de pobreza o desarticulación económica. Quizás esto se debe a que este es el año internacional del turismo sostenible para el desarrollo, o porque realmente Colombia tiene un enorme potencial de volverse un país líder en turismo de naturaleza, o ambas.

¿Pero qué tanto conocemos, valoramos y nos preocupamos por conservar, lo que se pretende ofrecer al turista?

Para poder ofrecer una experiencia única y favorable a un turista cada vez mejor informado y demandante de “autenticidad”, debemos conocer y valorar nuestros recursos. Nuestra diversidad ecosistémica resulta en una enorme riqueza biológica y cultural, que muchas veces pasa desapercibida. Pero su conservación depende básicamente en saber qué tenemos y valorarlo, no sólo en términos económicos, sino en otros aspectos como los valores intrínsecos, sus relaciones, su importancia estética y cultural, entre muchos otros.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Semana Sostenible: “Colombia se pregunta cómo valorizar su diversidad biológica y cultural para ponerla al servicio del turismo”.

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