¿Cuál es la huella ecológica del turismo espacial?

Las actividades espaciales irrumpen cada vez con más frecuencia en la actualidad. Sería fácil pensar que lo que ocurra en el espacio no nos afecta. Pero la realidad es que sí lo hace, y cada vez de formas menos sutiles.

La noticia de actualidad estos días es la competición entre Jeff Bezos y Richard Branson, dos multimillonarios que están detrás de sendas compañías de turismo espacial.

Blue Origin, de Jeff Bezos, había previsto lanzar su vuelo inaugural el 20 de julio. En respuesta, Virgin Galactic, de Richard Branson, programó su propio vuelo para el día 11. Adelantándose por pocos días.

Ambos vuelos han estado rodeados de un amplio despliegue mediático. Y es que estos vuelos han sido, ni más ni menos, enormes maniobras de marketing. El objetivo es llamar la atención.

El turismo espacial llega con la promesa de “democratizar el espacio”. Pero esta frase, repetida como un mantra, a menudo se pronuncia vacía de contenido. Ya no porque el turismo espacial siga estando sólo al alcance de una minoría, sino también por el impacto ecológico que puede llegar a derivarse de la generalización de estas actividades.

La población general va haciéndose a la idea de usar menos aviones y más trenes; y comer menos carne. Esos son solo parte de los cambios que tendremos que hacer si queremos una transición ecológica justa. Mientras tanto, el turismo espacial emerge como una actividad poco accesible y muy contaminante.

Alcanzar el espacio es, en primer lugar, muy costoso energéticamente. El hecho es que la energía no nos sobra. Los combustibles fósiles están en la raíz del cambio climático. Las llamadas energías renovables y la nuclear tampoco están exentas de problemas y limitaciones.

Así que, sí, alcanzar el espacio lleva asociadas unas emisiones de dióxido de carbono. Es decir, una huella del carbono.

Impacto ambiental

Aunque el impacto ambiental de los lanzamientos espaciales no ha sido suficientemente estudiado, se sabe que va más allá de las emisiones de carbono. La liberación de gases en capas altas de la atmósfera durante los lanzamientos espaciales tiene efectos negativos sobre la capa de ozono. Un gas frecuentemente emitido en los lanzamientos y aparentemente inocuo como el vapor de agua contribuye al efecto invernadero.

Existen bastantes tipos de combustible que se usan y algunos son tóxicos al ser liberados en el lanzamiento o por su proceso de producción. La buena noticia es que la mayoría de los nuevos sistemas de lanzamiento usan combustibles líquidos, menos problemáticos en este sentido que los sólidos.

Los cohetes propiamente suelen tener como destino diferentes órbitas en torno a nuestro planeta. Hemos de aclarar que, en cambio, los vuelos turísticos de Virgin Atlantic y Blue Origin son vuelos “suborbitales”. Es decir, no llegan a entrar en órbita, sino que ascienden hasta 80 y 100 km de altura respectivamente, experimentan la gravedad cero por un breve período de tiempo, y vuelven a caer a la Tierra.

Un vuelo suborbital requiere muchísima menos energía que entrar en órbita. Por ello su coste es más asequible y su huella ecológica, menor.

Actualmente se lanzan unos 100 cohetes al año. Su huella del carbono sigue siendo menor que la de los 100 000 aviones que vuelan cada día en el mundo. Pero el sector espacial está experimentando un fuerte crecimiento. Por ello su impacto ambiental podría llegar a ser muy relevante.

Turismo de lujo y de emisiones de dióxido de carbono

La concienciación y regulación internacional del impacto ambiental es pues uno de los aspectos en los que la gestión de las actividades espaciales tendrá que mejorar. Si bien es cierto que lanzar un satélite a la órbita terrestre tiene un impacto mayor que un vuelo turístico suborbital, los satélites pueden beneficiar a muchas personas. Mientras que un vuelo turístico es un lujo para un limitado número de personas.

Para ponerlo en números. Se estima que cada vuelo turístico de Virgin Galactic y Blue Origin emite unas 60 y 90 toneladas de dióxido de carbono, respectivamente. Es decir, unas 8 y 15 toneladas por pasajero.

En comparación, de media, cada persona en el mundo emite cada año unas 4,8 toneladas de dióxido de carbono. Esta cifra es muy diferente entre países ricos y pobres. En Estados Unidos la cifra es de 15 toneladas. En España es de 5,4 toneladas. Aunque estos datos pueden variar considerablemente según diferentes fuentes. China es un gran contaminante, pero cuando se consideran sus emisiones per cápita, el valor es 7,4 toneladas.

Una huella cuestionable

Por tanto, la huella del carbono de estos vuelos suborbitales no es extremadamente alta comparada con la de otras actividades. Pero no deja de ser cuestionable que en un momento en que urge reducir nuestro impacto ambiental, surja esta nueva forma de ocio. Accesible sólo a una minoría y que supone que cada pasajero emite en solo unos minutos el mismo dióxido de carbono que 2 o 3 personas de media durante un año entero.

Recordemos que a esta huella del carbono hay que sumarle otros impactos ambientales de esta actividad, como el de la erosión de la capa de ozono.

Todo esto viene a recordarnos la necesidad de reorientar nuestra forma de pensar y de estar en el mundo, para avanzar hacia un mundo más justo y sostenible. El espacio, bien gestionado, puede traernos cambios positivos para todos. Pero no debemos dejarnos deslumbrar por el optimismo ciego basado únicamente en el desarrollo tecnológico.


Este artículo ha sido originariamente publicado en The Conversation y reproducido en Travindy con el permiso del autor, Jorge Hernández Bernal.

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Italia prohíbe el paso de grandes cruceros por Venecia a partir del 1 de agosto

El Gobierno italiano ha declarado las vías fluviales de Venecia monumento nacional, lo que implica la prohibición de entrada de grandes cruceros a sus canales.

La decisión, que llevaba meses sobre la mesa, se toma porque el popular destino turístico corre el riesgo de ser declarado “patrimonio de la humanidad en peligro” por la Unesco a finales de este mes.

El ministro de Cultura, Dario Franceschini, ha explicado que la prohibición se adoptó con carácter de urgencia en una reunión del Gabinete celebrada el martes y que entrará en vigor el 1 de agosto.

El decreto del Consejo de Ministros también “establece un principio inquebrantable, al declarar monumento nacional las vías fluviales urbanas de la cuenca de San Marcos, el canal de San Marcos y el canal de la Giudecca“, añadió Franceschini.

La idílica Venecia llevaba años sufriendo el turismo masivo a consecuencia de estos cruceros que descargaban miles de pasajeros a diario durante unas horas, abarrotando los principales puntos turísticos de la ciudad. Tanto ecologistas como otras organizaciones culturales llevan décadas luchando contra esta situación, pero no se ha parado hasta ahora por ser una fuente de ingresos para la ciudad italiana.

La decisión del gobierno era “esperada por la Unesco y por todos aquellos que han estado en Venecia y que han quedado perturbados por el enorme tamaño de estos barcos que atraviesan el lugar más frágil y más bello del mundo”, ha señalado el ministro. 

Tras más de un año de calma en los canales por la llegada de la pandemia, la entrada en junio del MSC Orchestra –un crucero de 92.000 toneladas– en el canal de la Giudecca impactó a los residentes que ya habían borrado esta imagen de su skyline, lo cual  reavivó el debate sobre el paso de los transatlánticos. 

La nueva medida se aplica a los barcos de más de 25.000 toneladas o de más de 180 metros de eslora o con otras características que los hagan demasiado contaminantes (como que produzcan más de 0,1% de azufre en sus emisiones) o agobiantes para el entorno de Venecia, según señala el mismo medio. Los que se consideren sostenibles –que suelen transportar solo unos 200 pasajeros– podrán seguir atracando en Venecia.

El decreto del Consejo de Ministros también establece mecanismos de compensación para las empresas de navegación y otras afectadas por la prohibición, además de la creación de al menos 4 puntos de atraque temporales cerca del puerto industrial de Marghera.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Business Insider: Italia prohíbe el paso de grandes cruceros por Venecia a partir del 1 de agosto”.

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Kyoto prohíbe las fotografías en varios lugares de la ciudad por el acoso a las geishas

Las autoridades de Kyoto han prohibido las fotografías en algunos lugares de uno de los barrios de la ciudad debido a las quejas de acoso a las geishas y del mal comportamiento de los turistas que buscan conseguir un selfie con ellas. La prohibición, que afecta a algunas calles privadas del distrito de Gion, incluye una multa de 10.000 yenes (unos 80 euros) a quienes inclumplan la norma, según informa el diario The Guardian.

“La contaminación turística” es un problema creciente en Kyoto, donde los turistas van en multitud a lugares antiguos y templos y, en Gion, a ver a las mujeres que se dedican al entretenimiento y a las aprendices maiko vestidas con elaborados kimono que van de camino a sus citas.

Los residentes y los negocios de la zona han emitido numerosas quejas al respecto, lo que ha llevado a las autoridades locales a colocar señales cerca de las calles más estrechas que llevan a Hanamikoji, una de las carreteras principales, en las que se avisa a los visitantes de que no se pueden hacer fotografías. Además, se han creado pegatinas y marcapáginas en las que se recuerda en inglés y en chino a los turistas sobre el comportamiento que se espera de ellos.

Aunque la prohibición y la multa no son legalmente vinculantes, los negocios locales esperan que la medida convenza a los visitantes de que sean más respetuosos con el barrio y sus residentes.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por The Objective: Kyoto prohíbe las fotografías en varios lugares de la ciudad por el acoso a las geishas.

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