Turimetría dinamiza los destinos rurales de Colombia

Matías Escudero es consultor de turismo y ha fundado Turimetría, una consultoría enfocada al desarrollo turístico de los destinos rurales. Participa en el encuentro digital de turismo comunitario organizado por Komú hablando del turismo como herramienta de paz.

Pablo Giner: ¿Qué tipo de turismo promovéis desde Turimetría en las poblaciones rurales?

Matías Escudero: Mi tarea en general está centrada en comunidades rurales. A través de talleres establezco transferencia de herramientas de gestión, estrategias de trabajos colectivos, posicionamiento de productos en mercados consolidados, promoción, re-ingeniería de experiencias, entre otros.

Mi labor depende del contexto, de la población objetivo, de la voluntad o de los recursos.

PG: En el contexto actual de Covid-19, ¿en qué situación se encuentran estos destinos rurales en Colombia?

ME: Presenta un gran desafío, ya que las empresas recientemente consolidadas aún no han logrado estabilizar un punto de equilibrio en la comercialización de sus productos. Por lo tanto, sus expectativas de captación de recursos están en vías de desarrollo.

Los nuevos emprendimientos rurales que han ingresado como consecuencia de los procesos de paz, se ven vulnerables y con pocas herramientas y técnicas para tomar decisiones en situaciones como la expansión del Covid.

Por otro lado, a nivel nacional, el Gobierno ha diseñado estrategias de alivio económico para los diferentes sectores turísticos. El problema es que este tipo de medidas son de difícil acceso para los emprendedores rurales, porque no tienen solvencia para asumir un crédito ni cumplen los requisitos exigidos por los bancos como capacidad de pago.

PG: ¿Desde Turimetría os especializáis en alguna parte del proceso o realizáis todo el acompañamiento a las comunidades en el diseño del servicio turístico?

ME: Turimetría trabaja dependiendo de las necesidades de los clientes, que pueden ser emprendimientos privados, asociaciones o directamente una gobernación.

El año pasado me tocó hacer toda una consolidación de rutas turísticas. La gente conocía el turismo comunitario y aunque nunca habían trabajado de manera comunitaria, tenían ganas de hacer algo. Pudimos hacer muy buenos procesos y en la actualidad cinco de los siete municipios siguen trabajando con turismo local.

Por ejemplo, de la Isla Gorgona, la gente de Guapi, que está situado al lado, pero en el río en vez de en el mar, no la conocen, no saben siquiera lo que es una ballena. Para mi ahí está el mayor desafío, en que la gente haga turismo local, aun cuando para ellos es muy difícil movilizarse por coste de combustible y aislamiento.

He estado realizando protocolos de seguridad, dando clases para las alcaldías municipales en Argentina sobre patrimonio turístico y como implementarlo en la política pública.

Varían mucho los trabajos entre uno y otro.

PG: ¿Consideras que hay deseo de desarrollo a través del turismo comunitario de comunidades rurales en Colombia?

ME: Depende de las culturas. Colombia es muy diverso en cultura, si le hablas a un indígena de un desarrollo comunitario se te ríen porque es lo que históricamente han hecho. En cambio, los colonos no lo tenían tan en claro al inicio.

Son ideas que surgieron con la política nacional y así llegaron al territorio. Igual que ocurrió con la necesidad de hablar inglés por la visita de turistas internacionales.

PG: ¿Cuales son los mayores retos con los que se encuentran estas comunidades rurales en el desarrollo de turismo comunitario?

ME: La continuidad. Creo que hay ideas muy bonitas y personas con muchas ganas de trabajar, pero solo conocen talleres de turismo comunitario, sin hacer actividades comunitarias.

Hay que llevar la teoría a la práctica: que conozcan su territorio, qué pueden producir y a quién lo pueden orientar. Es vital que conozcan la dinámica del turismo y que el turista no es solo un viajero con una cámara grande, que ellos pueden ser turistas en su territorio. Pero a eso ellos no lo llaman turismo.

Otro desafío es la inversión. Es difícil que los pocos recursos de que disponen las personas rurales los dispongan en actividades de este tipo, pues piensan que debería pagar el estado o no están en condiciones de asumir esos costos. No consideran importante su aporte. Hablando de territorios muy alejados, siendo el turismo una estrategia promovida por el gobierno.

PG: En el Encuentro de turismo comunitario que organiza Komú, entre otros organizadores, participas en el turismo como herramienta para la paz. ¿Cómo crees que se articula el turismo comunitario para este objetivo y que importancia tiene?

ME: El turismo en escenario del post acuerdo les permite aprovechar toda la historia que tienen y la oportunidad de quedarse en el territorio. De esta manera, apuestan por su lugar de origen, conociéndolo y transmitiendo lo mejor que tiene, incluyendo las dolencias que han tenido.

Quizás no sea la industria principal, pero puede ayudar a circular dinero en el territorio y que tengan una mejor calidad de vida.

PG: También participas en innovación social y nuevas dinámicas en la economía, ¿puedes contarnos un poco más sobre esto?

ME: Ese tema es excelente. El tema de moneda social, los bancos del tiempo y trueque como herramienta de intercambio, le permite a la gente circular recursos y generar confianza en el territorio.

Estas monedas permiten producir en la comunidad para el consumo de la propia comunidad, poniendo excedentes que no auto consumen. Pero no se puede producir lo que no interesa a la comunidad, sino que necesitan entender lo que la comunidad quiere consumir y producir esos recursos.

A través de estas herramientas fueron entendiendo cómo podían aportar a la comunidad y como la comunidad también podía aportarles riqueza. No en líquido, sino con capital humano, recursos o tiempo.

 640 visitas

Read More

Monedas locales y bancos de tiempo como dinamizadores del turismo comunitario

En el Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipa Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad. Hoy nos comparte este artículo en colaboración con Julio Gisbert Quero.


La circulación económica local promueve el incremento de bienestar hacia el interior de los territorios y, por medio del consumo, se transforma en valor de pertenencia, reencuentro y arraigo del medio que habita. Cuando nos referimos a monedas locales, hacemos referencia a la posibilidad de que colectivos y comunidades puedan generar sus propios mecanismos de intercambio comercial, aparte de los mecanismos tradicionales de intercambio basados únicamente en el dinero de curso legal de cada país, bien por ausencia de éste o bien como complemento del mismo. De esta manera, se pueden activar ciertos recursos que por lo general quedan ociosos, sin utilizar o sin considerar de valor por parte de la denominada economía de mercado.

Hay miles de ejemplos de monedas locales por todo el mundo, algunas de ellas amparadas y reguladas por gobiernos locales, nacionales e incluso transnacionales. Otras son de carácter local, más alternativas y promovidas desde pequeñas comunidades y colectivos. En general, todas ellas con la característica de contrarrestar uno de los graves problemas que tiene el dinero de curso legal por sus propias características, que es su escasez y su desigual distribución.

Los bancos de tiempo, creados hace ya más de 30 años en Estados Unidos y Japón, valoran sobre todo lo que llamamos economía de cuidados, primando el intercambio de conocimientos y servicios entre las personas y usando una moneda muy peculiar llamada tiempo, constituyendo actualmente la red más extendida de moneda local por todo el planeta.

Moneda social implementada por la comunidad El Retorno, Guaviare, Colombia

Ejemplos de intercambio en comunidades locales

Hay diferentes formas de crear moneda local y en este caso nos vamos a ceñir a la que nosotros consideramos más social de todas ellas: las denominadas monedas de crédito mutuo. Estas se generan a partir de la contabilización de los intercambios de productos, conocimientos y servicios que se realiza entre las personas implicadas; de la misma manera en que funcionan los bancos de tiempo, favoreciendo una herramienta tan efectiva como puede ser el dinero de curso legal en cuanto a su función de medio de pago o de cambio.

Veamos un ejemplo. Si Pedro le compra a María por el valor de $5 y Pedro contabiliza en su cuenta un crédito en su contra de $-5 y María da un crédito a su favor de $5, realizándose el intercambio, sin necesidad que María tenga que trocar por otro producto o servicio con Pedro. Es ese crédito a favor de María lo que le permite poder pagar a Pedro por otro servicio utilizando la misma contabilización. De esta manera, el sistema empieza a moverse a partir de la contabilización positiva o negativa de esas transacciones, usando una denominación a ese valor que hace de moneda y que en ocasiones recibe el nombre local que corresponda y elija la comunidad  – generalmente con un carácter identitario – y una paridad respecto a la moneda de curso legal nacional que permita poder valorar, conforme mercado, los productos o servicios intercambiados.

En el caso del banco de tiempo, corresponderá a las horas que se utilicen para realizar la transacción lo que se pague o cobre entre sus usuarios, en este caso generalmente servicios y conocimientos. Si bien, algunos bancos de tiempo intercambian ocasionalmente productos utilizando una eventual paridad entre tiempo y moneda nacional, pero sobre todo dando más valor a las transacciones inmateriales, es decir, a la cultura, la educación y la formación de las comunidades y los individuos.

Influenciados por la pandemia y de forma espontánea, están apareciendo en algunos países colectivos que utilizan redes sociales u otras plataformas digitales como p. e. Facebook para realizar trueques directos de complicada ejecución, sin valorar la eventualidad de poder implementar una moneda de crédito mutuo que favorezca enormemente no sólo las transacciones y los intercambios, también la economía local.

Implementación de las monedas locales

Es cierto que para su implementación se requiere de un equipo gestor que recurra a determinadas normas para el funcionamiento de la moneda y de un seguimiento y una dinamización de los intercambios. La cuestión es que muchas de estas comunidades están lo suficientemente bien organizadas como para poder implementar un sistema de crédito mutuo sin muchas dificultades, habiendo además por internet tanto ejemplos en otras partes del mundo o en el propio país, así como plataformas informáticas que facilitan  su acceso gratuito a herramientas de gestión en cuentas de usuarios con su propia plataforma de pagos, casi como si fueran modelos bancarios a la medida de su uso.

Respecto a la oportunidad de las criptomonedas como otra eventual herramienta de intercambio para comunidades y personas, por el momento requiere de un fortalecimiento del acceso a las telecomunicaciones, ya que para el caso de latinoamérica todavía existe un alto porcentaje de población que carece de  acceso a las redes de comunicación y los dispositivos tecnológicos adecuados para su aprovechamiento; todo esto a la par de necesidades legales que deberían considerarse en la agenda de todo gobierno, y aún luego de los múltiples efectos económicos del COVID-19 sigue siendo un pendiente en la mayoría de los países.

Somos conscientes de la desinformación que existe sobre las monedas locales. Sin embargo, están apareciendo diversas iniciativas locales que se están atreviendo, a partir de la experiencia, a actuar como eventuales consultores para la creación de otras monedas en diferentes países, con encuentros internacionales y nacionales, así como la aparición tanto de asociaciones nacionales y transnacionales de apoyo y promoción de monedas locales y de de bancos de tiempo.

Algunos ejemplos son la Asociación Iberoamericana de Bancos de tiempo y los más de 200 bancos de tiempo que existen actualmente en países de habla hispana y portuguesa. Así como la iniciativa que se presentará en el “Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano” el próximo 9 de octubre a las 09.30hrs – hora México – , abordando un estudio de caso sobre la implementación de bancos de tiempo en experiencias de turismo comunitario, convirtiendo el recinto turístico en una escuela de conocimiento y de inserción laboral a partir de la economía y las tradiciones locales.

Un análisi de intercambio en el sector turístico

En cuanto al turismo, la circulación económica históricamente generada por el turismo, de importancia para el comercio internacional, hizo que en 1963 diversos organismos internacionales, entre los que se encontraba las Naciones Unidas, convocaran a una Conferencia Internacional sobre Viajes y Turismos en Roma, donde se comienza a reconocer a esta industria como un “medio sano de intercambio cultural entre pueblos”.

En nuestra actualidad digitalizada, el “intercambio cultural” al que denominamos turismo pueda significar un sin fin de alternativas en cuanto a la forma de relacionarse e intercambiarse como estrategia de pagos; y que en ocasiones por falta de efectivo puede intercambiarse por algún tipo de servicios manuales, creativos, didácticos o como personal voluntario de la empresa prestadora de servicios turísticos.

Por otra parte, esta dinámica también puede observarse al interior del destino, como es el caso particular de análisis como ejemplo que intenta servir como reflexión acerca de la implementación de un modelo de relacionamiento local  en el marco de una serie de talleres dictados en el año 2018 sobre la sostenibilidad turística del territorio. Estos talleres estaban dirigidos a pobladores del municipio de El Retorno, Guaviare (Colombia), quienes en la actualidad se encuentran constituidos como Asociación Agroecoturística de El Retorno Guaviare – AGROECOTURG -.

La experiencia inició observando ejemplos acerca de mercados similares ya  implementados en otras partes del mundo – como fué el caso de la moneda local Puma en el barrio del Pumarejo en Sevilla, España – a fin de incentivar la reflexión acerca de los productos y servicios de la canasta básica cotidiana que podrían ser provistos por la propia comunidad, y que potencialmente pueden convertirse en una alternativa de abastecimiento disponible, inmediata y en apoyo al valor regional.

Sirviendo como resultado a un sistema de moneda denominado Retornos, se distribuyeron chequeras con un monto de 50 Retornos cada una, lo cual facilitó la rotación de productos y cuantías en forma de Retornos. Esta actividad puso en evidencia las habilidades de cada participante para corresponder a las solicitudes de los oferentes reales en el mercado local.

Si bien esta acción cumplió de forma efectiva con la premisa de intercambio de alimentos, artesanías y otros bienes de consumo, no tuvo continuidad una vez finalizada la transferencia de conocimientos. Sin embargo este tipo de herramientas se encuentran cada vez más disponibles y en capacidad de servir como alternativa de reactivación ante la escasez de circulación local.

Ejemplo de ello, algunos pobladores de El Retorno comentaron que este método les recordaba a un antiguo sistema de pagos denominado “Libretas”, que utilizaban para contabilizar los créditos de las primeras poblaciones de colonos asentadas a orillas de Caño Grande a finales de la década de los sesenta, quienes con una limitada renta llegaron a la región en busca de progreso, adquirir algunas hectáreas de tierra y acceder a una mejor calidad de vida.

Puede inferirse por lo anterior que estas experiencias de moneda local podrían tener una vida corta en el tiempo para resolver determinadas cuestiones puntuales, si bien hay muchas iniciativas de similares características que no sólo implican al denominado turismo comunitario, sino que afectan también, de manera duradera y enriquecedora, a otros aspectos del quehacer de  comunidades por todo el mundo como la educación, la salud, el empleo y un modo de vida colaborativo y respetuoso con el medioambiente.

 640 visitas

Read More

Latinoamérica y el Turismo Comunitario como herramienta de paz

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipará Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad.


En Latinoamérica existen distintas regiones que por décadas han enfrentado múltiples formas de violencia; contextos en los que la débil presencia institucional, la llegada y fortalecimiento de economías ilegales, los problemas estructurales de carácter social, económico y político, y las características geográficas que derivan en un difícil acceso en materia de conectividad, han promovido dinámicas de desigualdad social, desplazamientos forzados e innumerables víctimas que en la actualidad habitan en escenarios rurales.

Pese a ello, sus comunidades han hecho un esfuerzo por coexistir y convivir con las violencias, creando escenarios de continuidad que se anclan a economías alternativas al conflicto, incluyendo actividades agropecuarias y apuestas emergentes de turismo en entornos rurales.

En este escenario, el turismo rural comunitario se constituye como una alternativa para construir relaciones de comunidad, sana convivencia y diálogo social, donde la participación de los diferentes sectores, la articulación de intereses y la prevalencia de la empatía, son ejes dinamizadores de una economía solidaria que gira en torno al disfrute de los destinos y la capacidad de visibilizar la memoria histórica de los lugares a través sus visitantes.  De esta manera, las comunidades han insistido en la importancia de la no repetición, como elemento fundamental para lograr una paz sostenible en los territorios, en plena garantía de sus derechos y la posibilidad de mostrar al mundo la potencialidad de destinos únicos.

Por este motivo, desde el panel Turismo Comunitario como herramienta para la Paz”se abordará un ejemplo en Latinoamérica: la experiencia colombiana a través de dos casos de turismo comunitario comprometidos con el desarrollo sostenible y colaborativo, en contextos donde la violencia ha sido un elemento de vivencia cotidiana. Así mismo, contaremos con la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible, quienes trabajan el tema desde la política pública, en una apuesta para posicionar a destinos en los que el acuerdo de paz ha favorecido su desarrollo.

 640 visitas

Read More

Viajando con los pueblos originarios: consejos desde las intimidades de Colombia

Lorena en ruta a Caquetá

Lorena Gómez Ramírez es antropóloga, tour leader, emprendedora social, miembro de expediciones de ‘turismo y paz’  en Colombia, periodista y escritora de viajes. Lorena es una de las ponentes que participarán en el Encuentro Digital de Turismo Comunitario que coordina Komú Travel


Como la mayoría de artículos que se escriben sobre turismo y pueblos indígenas hablan sobre ellos, hoy quiero referirme a quienes trabajamos para apoyarlos. A “los solidarios”, como nos llaman los indígenas de las montañas del sur occidente de mi país.

“Usted ya ha caminado, se ha sentado lo suficiente con nosotros y ha visitado los sitios sagrados. Ha aprendido a escuchar y a entender cómo es que pensamos aquí. Ahora que ya conoce y que está por llegar a sus 30 años, ahora sí puede salir a hablar. Así es como funciona para nosotros.” 

Esto me lo dijo en febrero Taita Lorenzo, médico tradicional del pueblo Misak. Estábamos aprovechando el rato a solas mientras Marc, nuestro viajero invitado de Holanda, terminaba su meditación matutina. Era nuestro sexto y último día juntos después de haber caminado, convivido e incluso sanado ideas inconscientes y preconcebidas que ellos tenían el uno del otro. Después de entender con cada cual qué estaba pasando, nuestro viaje concluyó con una conversación entre ellos (aún sin hablar el mismo idioma) y un abrazo de unión.

Los últimos 7 años he tenido oportunidades únicas de compartir, volvernos amigos y trabajar en equipo en temas de turismo comunitario y educación intercultural con indígenas alrededor de Colombia, principalmente con los misak, los wayúu, los arhuacos y los murui.  

Ellos me han enseñado otra forma de entender mi existencia como parte de la naturaleza, a escucharla y dialogar con ella. Alrededor del fuego, de una laguna o de la hoja de coca, me han dado consejos para cultivar relaciones sanas y solucionar los conflictos haciendo uso de la palabra dulce. Asimismo, me han mostrado su humanidad al abrir sus historias de vida, compartiendo preguntas personales, contradicciones, conflictos internos y retos como familias, pueblos y organizaciones. 

En este proceso también he conocido a otros solidarios cercanos a las comunidades. He visto el nivel de conexión y compromiso que tienen con el bienestar y los valores humanos de los pueblos originarios. Me atrevo a decir que a la mayoría de nosotros conocerlos nos ha cambiado la vida y por eso creemos que su mensaje es digno de ser compartido con el resto del mundo. 

Sin embargo, también es cierto que llevar este compromiso a la práctica creando puentes  que sean humanos, interculturales y comerciales al mismo tiempo tiene sus retos. Al fin y al cabo nuestro trabajo consiste en facilitar diálogos entre realidades, idiomas, monedas, imaginarios y formas de ser que no solo son diferentes, sino que tocan las fibras emocionales más íntimas de cada quien. La verdad incómoda es que el proceso no siempre es color de rosa, pero todos vamos aprendiendo en el camino. Incluso los mismos médicos tradicionales. 

Cuando Planeterra publicó el texto ‘Pueblos Indígenas y la Industria de Viajes: Guía de Buenas Prácticas’ me sentí agradecida y un poquito menos sola. Aunque en Colombia hemos venido construyendo redes, soy consciente de que debemos enfocarlas más en el aprendizaje mutuo y no solo en la comercialización. Seguramente todos los colegas tenemos anécdotas valiosas para intercambiar. 

Es emocionante pensar que todavía tenemos todo por conversar. Comenzando por nuestras reflexiones sobre “la silla” (como dirían los amazónicos) que ocupamos dentro de esta red, lo que nos corresponde, lo que no, en qué nos hemos equivocado, qué nos ha funcionado, qué hemos descubierto a nivel individual y de nuestros países y cuál es el potencial transformador de estos encuentros. Y por supuesto, cómo nos vemos a nosotros mismos como personas “solidarias” con esta causa. Después de todo, apoyar la llegada o el desarrollo del turismo en pueblos originarios es una gran responsabilidad.  

Por eso, así como la Fundación Planeterra, aquí comparto los aprendizajes más sencillos pero vitales de mi experiencia como emprendedora social con IN-Spire, conectando líderes con  burnout con la sabiduría de los pueblos indígenas y la naturaleza en Colombia (y ojalá Perú). Espero que este sea el inicio de un intercambio dentro y fuera de Iberoamérica al que la pandemia parece estarnos invitando:

Comencemos con el para qué

Antes de iniciar cualquier idea turística, es importante sentarnos por la noche con las abuelas, los abuelos y los demás miembros de la comunidad para entender su visión de buen vivir en el futuro: ¿cómo ven a su cultura y territorio dentro de 10, 30 o 50 años? ¿Cuál sería el propósito y el papel del turismo comunitario para contribuir a esa visión, a sus prioridades? ¿Tiene sentido implementarlo?  

Intención espiritual

Trabajar en un equipo intercultural implica involucrarnos en su forma de hacer las cosas. Con los pueblos indígenas esto significa empezar por pedir permiso espiritual a los ancestros y a los dueños de los lugares, hacer las consultas u ofrendas pertinentes con los médicos tradicionales respetados y confiar en las palabras de consejo que nos digan tanto ellos como las plantas sagradas. El yagé es un ejemplo.

Los guías no solo somos guías, somos mediadores culturales

El rol de los guías es más que acompañar, es ayudar a comunicar para que las conexiones sean profundas y significativas para ambas partes. Podemos sensibilizar a los guías locales sobre “el mundo de afuera” y asegurarnos de que haya tour leaders que entiendan bien la cultura local para darle un contexto más amplio al grupo que acompañan. 

Todos tenemos algo nuevo que aprender y qué sanar

Indígenas o no indígenas (esta es una conversación para otro espacio), todos somos igual de humanos: llevamos heridas tanto en nuestro corazón, cuerpo y mente, como en el pasado familiar e histórico que tenemos. Entender al otro, nuestros prejuicios y lo que tenemos en común debe ser recíproco. Este es un ejercicio que nos corresponde a todos porque somos una sola familia.The following

 640 visitas

Read More

Turismo y proceso de paz en Colombia: Entrevista a Natalia Naranjo

Natalia Naranjo
En nuestro paso por Colombia, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Natalia Naranjo, experta en desarrollo turístico y apasionada del turismo sostenible, quien nos compartió su opinión sobre el creciente rol del turismo en el proceso de paz que vive el país.

Laura: ¿Cómo ves el desarrollo del turismo en Colombia desde que se firmó el acuerdo para la terminación definitiva del conflicto con las FARC en 2016?

Natalia: Colombia está en la mente de muchos a nivel mundial debido a la firma del acuerdo de paz con la mayor guerrilla colombiana; el turismo ha crecido de manera constante y los visitantes tanto nacionales como internacionales hoy llegan a lugares que antes no llegaban.

Laura: El gobierno colombiano tiene un programa de Turismo, Paz y Convivencia. Podrías contarnos de qué se trata y cómo lo están implementando?

Natalia: Este programa integra al sector turístico de algunas regiones clave de Colombia como Meta, Putumayo, Magdalena, el Camino a Teyuna, el Urabá y el Darién, Cauca, Caquetá y Bolívar. Todas éstas son regiones golpeadas por el conflicto que han identificado el turismo como una opción productiva para las comunidades. A través de un comité con representación de las entidades públicas nacionales y regionales, y representantes del sector –empresariales y comunitarios-, se identifican prioridades y acciones para la coordinación y articulación del sector, con énfasis en la colaboración y participación local.

Laura: Una de las iniciativas de COMUNITUR, El Carlos, Centro Ecoturístico y Arqueológico en la región de Urabá, justamente se relaciona con la contribución del turismo al proceso de paz . Cómo surgió el proyecto y quiénes lo llevan adelante?

Natalia: Algunos líderes de la comunidad tuvieron la inquietud del turismo desde años atrás, paralelamente al desarrollo de diversos proyectos gubernamentales, como fue el Programa Guardabosques, que buscaba integrar a la población en proyectos productivos como alternativa a las actividades ilegales. A través de este programa recibían un subsidio para la inversión en un proyecto productivo. Debido a que algunos habitantes de la vereda de El Carlos estaban relacionados con actividades ilegales, recibieron este subsidio y lo invirtieron en la compra de tierra para el centro ecoturístico y arqueológico.

Posteriormente, Naciones Unidas contra la Droga y el Delito con el Programa Guardagolfo, apoyado también por el Gobierno Nacional, inician el acompañamiento a esta inversión, para la construcción de lo que es hoy el Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos, administrado a través de la Cooperativa de Trabajo Asociado COOTUCAR de la vereda El Carlos. La cooperativa está constituida por los líderes de la iniciativa y sus familias, rondando aproximadamente unas 20 personas de la comunidad que siguen trabajando por el fortalecimiento del tejido social dejando atrás las actividades ilícitas, retomando su vida familiar y de comunidad.

Laura: ¿Qué resultados generó el proyecto para la comunidad de El Carlos?

Laura: ¿Qué apoyo brinda COMUNITUR a las iniciativas que, al igual que El Carlos, son parte de la red?

Natalia: De acuerdo a las necesidades e intereses, se les apoya principalmente en promoción, apoyo en la gestión y asistencia técnica. Con la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco en el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, hemos adelantado el proceso de aplicación a la competencia “Top 100 Sustainable Destinations” de Green Destinations. Hemos realizado el Festival de Sabores, Sonidos y Saberes para la dinamización de la economía local en Pijao y El Carlos.

Además articulamos iniciativas de asistencia técnica como CESO-SACO Canadá y recientemente hemos iniciado un proceso con CERES Ecotur de España, relacionado con un tema de calidad, turismo y producción agroecológica que queremos implementar con algunas iniciativas de COMUNITUR y en Colombia en general.

Laura: Visitamos recientemente la Sierra Nevada de Santa Marta donde los campesinos que antes cultivaban marihuana y coca en esta región conflictiva, hoy organizan circuitos para visitar la región y compartir su historia con los visitantes. ¿Conoces otros ejemplos en Colombia donde los efectos positivos del turismo en este aspecto se estén sintiendo?

Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Natalia: La iniciativa de la Sierra Nevada de Santa Marta es una iniciativa que nace casi al mismo tiempo que la del Urabá y el Darién; allí también Naciones Unidas contra la Droga y el Delito apoyó a las comunidades para su proyecto productivo, entre los cuales también estaba el turismo. Las características de este proceso fueron diferentes a las del Urabá; sin embargo, valdría la pena profundizar en las razones y factores de éxito de estas dos, así como sus diferencias y dificultades para aprender de éstas.

Yo creo que hoy en día apenas se están viendo los resultados de otras iniciativas recientes; ésto además es debido a que el turismo empieza a ser una alternativa real para muchos destinos emergentes. Se ha incrementado el número de prestadores de servicios turísticos y las iniciativas ligadas al turismo y al desarrollo; se ha fortalecido el turismo comunitario y las alianzas público-privadas.

Laura: Resumiendo, ¿cuáles identificas cómo los principales desafíos para lograr un desarrollo turístico sostenible en Colombia?

Natalia: Aún falta mucho por hacer, pero creo que el turismo representa una oportunidad para muchos en Colombia, con grandes retos en la articulación público-privada y la integración de las zonas rurales a los flujos turísticos de manera responsable y sostenible. No existen políticas públicas serias y estructuradas para la implementación de buenas prácticas relacionadas con la sostenibilidad, y en muchos casos hay poca presencia del Estado. Éste puede ser un punto débil de partida para el desarrollo de un turismo respetuoso, inclusivo, sostenible que beneficie a todos sin saturar los recursos que ya son limitados.

*Natalia Naranjo es representante para Colombia de la organización de asistencia técnica canadiense CESO-SACO, representante del Consejo Global de Turismo Sostenible para Colombia y Ecuador y líder de la Red COMUNITUR (Comunidad de Turismo para el Desarrollo).

 640 visitas

Read More

Newsletter

Recibe nuestro boletín con las últimas noticias en turismo y sostenibilidad.