Expediciones Sierra Norte: cómo surgen los Pueblos Mancomunados en Oaxaca, México

Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario que nace a partir de la organización de los Pueblos Mancomunados, conformado por 8 comunidades zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México. En esta entrevista, Angelina Martínez -Coordinadora General de Expediciones Sierra Norte- nos cuenta cómo se ha llevado a cabo el proyecto, finalista de los World Travel Market Latin America Responsible Tourism Awards 2020.

Pablo Giner: ¿Cómo surge Expediciones Sierra Norte?

Angelina Martínez: Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario, que nace a finales de 1993 a partir de la cooperación intercomunitaria de 8 poblaciones zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México, los Pueblos Mancomunados

Nuestra iniciativa tiene como fin contribuir al desarrollo de la región y promover la protección del patrimonio natural de nuestros pueblos. Esto mediante el desarrollo de un proyecto de turismo responsable en el territorio; vinculado al entorno natural, las tradiciones y costumbres de los mismos.

Pablo Giner: ¿Cuál es el tipo de organización que lleváis a cabo? ¿Qué os diferencia de otras iniciativas de comercialización de turismo comunitario?

Angelina Martínez: La característica más importante de nuestra iniciativa es nuestro modelo de organización. A diferencia de otras iniciativas de turismo -donde la actividad se centra en una sola entidad y la comercialización del destino se lleva a cabo por actores ajenos al territorio- en Pueblos Mancomunados hemos desarrollado un modelo de turismo basado en la comunidad. Este modelo garantiza que la operación, administración, comercialización y control de la actividad turística en el territorio, quede en manos de las propias comunidades.

Expediciones Sierra Norte

Pablo Giner: ¿Cómo habéis conseguido posicionar a Pueblos Mancomunados entre los diferentes emprendimientos comunitarios del Estado de Oaxaca?

Angelina Martínez: Oaxaca es uno de los estados con mayor biodiversidad del País, característica que lo convierte en el escenario ideal para el desarrollo del turismo de naturaleza y aventura. Los Pueblos Mancomunados se convirtieron en los pioneros del ecoturismo en la región. Pero en la última década, el número de emprendimientos ecoturístico ha crecido significativamente, trayendo consigo nuevos desafíos: desde una oferta estancada hasta una competencia desleal entre los sitios. En 2014, ante esta situación, Pueblos Mancomunados era considerado de los sitios más caros de la región para actividades ecoturísticas, así que trabajando de manera coordinada con los equipos locales y nuestros asesores, pensamos en lo que debíamos hacer para mantener el proyecto a flote y para que los viajeros quisieran seguir viniendo a Mancomunados.

Nuestras primeras ideas fueron implementar otras actividades, pero cuando consultamos la propuesta con un amigo muy cercano al proyecto y asesor en una etapa de su desarrollo, su respuesta fue: “Me parece que no se trata de ponerle adornos a las comunidades, sino más bien de pensar en aquello que siempre ha estado presente, y que por ser común, pasa desapercibido”.

Así fue como comenzamos a trabajar en un segundo inventario de atractivos en el territorio, del cual nació nuestro catálogo de experiencias “Inspirando nuevos caminos” pensado en experiencias de turismo rural y agroturismo, con productos como “Los 7 colores del maíz” que busca visibilizar la importancia del maíz dentro de la gastronomía y cultura zapoteca. Ahí fue cuando comprendimos que no éramos hoteleros, que lo que nosotros ofertábamos eran experiencias de viaje basadas en nuestro patrimonio biocultural.

Expediciones sierra norte
Los siete colores del maíz

Pablo Giner: En cuanto a vuestra organización interna, ¿cuál es la manera en la que os organizáis estando formados por varias comunidades diferentes?

Angelina Martínez: Al tratarse de una iniciativa comunitaria, se buscó que las poblaciones integrantes del Mancomún participaran de manera activa en todo el proyecto. Para ello se crearon oficinas y comités locales en 7 poblaciones integrantes del Mancomún y un equipo coordinador para la oficina central de Expediciones Sierra Norte en la ciudad de Oaxaca. A través de los años, nuestro proyecto ha adoptado un modelo simbiótico, mientras nuestros equipos locales en cada población (elegidos por cargos, siguiendo el sistema de usos y costumbres que rigen a nuestras comunidades) se hacen cargo de la operación de los servicios (hospedaje, alimentos, recorridos, actividades).

El equipo central de Expediciones Sierra Norte, bajo un modelo gerencial, se hace cargo de la etapa de diseño de producto, generación de alianzas y comercialización del destino.

Con el paso del tiempo también hemos ido generando alianzas con otras comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca, que no forman parte de los Pueblos Mancomunados, pero que tienen el interés de detonar un proyecto ecoturístico en su comunidad, fortaleciendo así la oferta turística de nuestra región y contribuyendo al empoderamiento de otras comunidades.

Pablo Giner:  Dado que uno de vuestros objetivos es servir como modelo de referencia, ¿qué acciones realizáis con otros proveedores de turismo comunitario?

Angelina Martínez: El trabajo que hemos realizado a lo largo de casi tres generaciones ha inspirado a otros colectivos indígenas. Cada año ofertamos viajes para el intercambio de experiencias, brindando a otras comunidades y organizaciones la oportunidad de hacer un viaje de aprendizaje con nosotros. En él compartimos nuestro modelo de negocio, el esquema de organización, así como los retos y aprendizajes que hemos tenido a lo largo de 26 años de trabajo.

Por otro lado, también brindamos asesoría especializada a grupos que lo requieran y participamos como conferencistas en eventos especializados de turismo y algunos organizados por universidades del país.

Buscamos compartir nuestra visión de que un turismo responsable y comunitario que conviva con los ecosistemas sin vulnerarlos, es posible. Lo hemos hecho durante tres generaciones; es posible integrar a mujeres y hombres de diferentes edades y es posible que todos aprendamos de cada uno aunque no hablemos el mismo idioma. Y por eso,  hemos asumido la responsabilidad de cambiar los imaginarios brindando el ejemplo de una realidad alternativa gracias al turismo.

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Pablo Giner: ¿Qué importancia tiene en vuestro proyecto la inclusión social?

Angelina Martínez: Nuestra iniciativa está basada en los sistemas tradicionales de organización comunitaria, donde los actores locales representan la parte más importante del proyecto. Es por ello que promovemos su participación activa en todas las etapas y planes de desarrollo. Como resultado, nuestra iniciativa genera empleos directos en 3 sectores poblaciones importantes.

1) Los jóvenes: representan el sector población más susceptible de emigrar.

2) Los adultos: que a diferencia de las ciudades donde después de los 60 años es difícil encontrar empleo, el turismo les permite mantenerse activos, por poseer un amplio conocimiento del territorio y la vida comunitaria.

3) Las mujeres: con el paso del tiempo, su participación ha alcanzado todos los ámbitos del proyecto turístico. No sólo en puestos de recamaristas o cocineras, también es común verlas guiando o en puertos administrativos.

Los recursos llegan de manera extensiva a las comunidades y se distribuyen directamente a los diversos prestadores de servicios, fortaleciendo así la economía local.

Pablo Giner: ¿Cuál es el impacto generado en el empleo, tanto en la oficina central en la ciudad de Oaxaca como en las comunidades?

Angelina Martínez: Actualmente nuestro proyecto genera 126 empleos locales directos, pero al tratarse de una empresa comunitaria los beneficios trasciende a más de 400 familias. A través de la cadena de valor que se ha generado, los recursos llegan de manera extensiva a diferentes actores de la comunidad: panaderos, artesanos, transportistas, comedores familiares, misceláneas, productores, por mencionar algunos. Por otro lado, las utilidades que genera la actividad son presentadas ante las asambleas locales y es la población en su conjunto quien decide cómo se invierten.

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Pablo Giner: ¿Qué pasos tenéis pensados dar en el futuro?

Angelina Martínez: A lo largo de la vida de nuestro proyecto hemos aprendido que el turismo pensado desde el territorio y la conciencia colectiva es un medio para evitar el despojo y erradicar la pobreza; que entendemos como el resultado de la ausencia de esperanza, de derechos humanos, de capacidades, de territorio, de cultura, de autodeterminación y de participación. Hoy, creemos firmemente que el turismo puede ir todavía más allá y convertirse en una herramienta poderosa para impulsar procesos regenerativos en nuestro planeta.

Es por ello que nuestros siguientes pasos están pensados en la creación de un programa de turismo regenerativo en el territorio, a través del fortalecimiento de capacidades locales y programas amigables con la biodiversidad.

Es importante mencionar que no pretenderemos nunca que la actividad turística sustituya las actividades primarias de la comunidad y su esencia, buscamos más bien que se convierta en un completo que permita contribuir al desarrollo de las comunidades al mismo tiempo que se protege su patrimonio biocultural.The

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¿Afrontar la crisis económica en turismo?

A nivel global el impacto económico en el sector turismo ha sido uno de los más reconocidos por la OMT (Organización Mundial del Turismo). Se han generando dispersos pronunciamientos, críticas, acciones, sentimientos encontrados entre otros y a múltiples escalas en los actores de la actividad global.

Dentro de las acciones de reacción de los actores del turismo han y siguen siendo solicitar subsidios económicos o apoyos de diversos tipos al estado, a ministerios, a organismos nacionales e internacionales. Y muchos se están realizando aunque no es suficiente, a pesar del riesgo e impacto en la economía del estado. La insatisfacción, por cómo se está trabajando en turismo desde el estado y las respuestas a gremios, asociados y población afectada, es masiva. Se sigue el patrón diseñado por la cultura reduccionista, donde el interés económico inmediato propio, el individualismo, la competencia y la dependencia paternalista, brillan en su máxima expresión en nombre de un colectivo afectado, sumiéndose en el victimismo puro y alimentado por la masa popular.

Si bien las palabras de resiliencia, reinvención, innovación, co-creación, transformación, etc., se han convertido en términos populares en las pláticas de turismo, no se considera su entendimiento profundo real y las implicaciones que conllevan. Considerando la recesión económica post Covid-19 que nos espera no solo en Latinoamérica sino también a nivel global, urgen preocupaciones desde todos los sectores. Obviamente se generan y proponen soluciones para las necesidades primarias y donde el turismo para ciertos mercados pasaría a ser una necesidad básica de bienestar. 

Consideremos que la actividad turística pasó de ser una actividad de posición social muchas veces a necesidad de salud y bienestar. El perfil de estilo de vida de la población en los últimos 20 años han llamado desarrollo y calidad de vida a la inclusión de viajes y turismo en destinos exóticos, de moda, entre otros. Esto ha implicado viajes de alto impacto ambiental que han sido crecientes y accesibles cada vez más con los diversos tipos de economías colaborativas (AirBnB, UBER, etc.). Además, se han incrementado con la crisis de sobrepoblación mundial bajo un cáncer sistémico de inequidad y competencia entre los ricos y más ricos del mundo, donde prima la imagen de estatus QUO.

Entonces, vemos que el actual sistema, que se basa en la economía del dinero por más dinero, se ha convertido en el vicio promotor  incrustándose en la moral y la consciencia del ser humano. Sabemos que la moneda moderna es una unidad de intercambio con un valor creada por el sistema bancario a través del mecanismo de la deuda, pública y privada par más deuda interminable.

Esta crisis sanitaria actual, que afecta directamente al sistema económico donde escasea esta unidad de intercambio llamado dinero físico, surgen otras formas de generar dinámica y circulación económica. Una podría ser a través del intercambio o uso de una moneda social, como se hizo desde el inicio y evolución de nuestra especie. ¿Podríamos utilizar el sistema económico ancestral de nuestros antepasados en diferentes sectores? Un reto que ya está funcionando desde hace muchos años en diversos lugares del mundo como Suiza, Dinamarca, Alemania, España, Costa Rica, etc….Más que reto sería acelerar la disrupción del manejo económico dominante mundial.

A partir de otras crisis económica, la moneda social ya se está implementando en diversas partes del mundo en diferentes formas, desde la tradicional y empírica del TRUEQUE o el Sistema AYNI (intercambio de servicio físico), hasta los sistemas sofisticados de la tecnología del Blockchain. Todos ellos ayudan a dinamizar la economía desde pequeños barrios, comunidades, pueblos y ciudades.

¿Sería una opción, implementar una moneda social para el turismo interno-doméstico?

Es todo un reto cómo se están preparando los destinos para atravesar esta recesión económica y al mismo tiempo generar servicios turísticos que maximicen los beneficios en todos los actores de la cadena de valor del turismo, con estándares de seguridad, salubridad y sanitidad, calidad, únicos, transformadores, regenerativos y a costos accesibles para el mercado doméstico o turismo interno.

Sin duda, en la sabiduría ancestral existen muchas soluciones perfectas si la capacidad de innovación se concentra en la observación profunda. Los sistemas de uso de monedas sociales o comunitarias están comenzando a crecer como lo vemos en diferentes países desarrollados y al mismo tiempo cubren de inmediato necesidades de la población local que el sistema de comercio tradicional no lo podrá hacer por esta crisis sanitaria. Además, que las monedas sociales alternativas se perfilan en un adecuado manejo de proyectos a escala local, con grandes beneficios ambientales, sociales, culturales y espirituales.

Si bien, tenemos  necesidades básicas como personas. Somos parte de un colectivo que por naturaleza requiere movimiento constante de intercambio llamado comercio y donde la utilización de la moneda social tiene una importancia potencial.

Foto: Vanesa Ccahua G.

Ventajas de la implementación de una Moneda Social Turística:

  • Genera ocupación, necesidad de colaboración (trabajo) e incentiva el consumo interno. El intercambio de productos y servicios locales directos requerirá colaboradores locales para el abastecimiento de la demanda de turismo interno. También deberá ponerse en valor conjuntamente el comercio, el consumo local de los servicios y las experiencias turísticas.
  • Fomenta la identidad cultural local. Al dinamizar los productos y servicios locales (valores gastronómicos, culturales, ambientales, medicinales, étnicos, etc.) se generan diversas sinergias en las personas que reafirman la identidad y sentido del lugar. Los saberes, la colaboración, la cultura y los ritmos sociales convergen para cubrir las necesidades de la población con fines de bienestar social igualitarios en todos los actores.
  • Fortalece la economía local (Empoderamiento económico). Sabemos que el sistema de comercio actual es dependiente al sistema capitalista de comercio masivo transcultural. La implementación de una moneda social, incentivaría el valor del servicio o uso del bien local, por el sentido de interacción local en lugar y experiencia. 
  • Robustece el cuidado y conservación ambiental. Al dinamizar el intercambio de productos y servicios entre locales minimizando la dependencia del comercio masivo, se minimiza el impacto ambiental que se generan por las grandes cadenas de distribución que estamos acostumbrados a consumir. Los viajes internos y domésticos, sin duda, aportarán a minimizar la huella ambiental y contaminación usual que se tenía en el viejo turismo, al maximizar el uso de los servicios y recursos locales que requieren menos transformación.
  • Es de carácter altamente inclusivo y de género. Para la implementación del uso de la moneda social en turismo, se generaría a través de grupos u organizaciones participativas de carácter igualitario en género, por todos los sectores y actores de la cadena de valor del turismo local. Todos trabajarían en beneficio de la reactivación económica turística de un determinado proyecto, emprendimiento, comunidad o destino turístico, con la idea que lleguen a considerarse alternativas de gestión económica autónomas válidas para gestiones públicas.Esto es una consecuencia natural de la autoorganización y gestión económica local de un determinado destino. 
  • Se fundamenta en la espiritualidad (base filosófica). El uso de la moneda social para el turismo estaría fundamentado en principios inherentes al ser humano fundamentados en valores éticos y morales. La confianza sería el eje motor de las interacciones económicas de un determinado proyecto, emprendimiento, comunidad o destino turístico local.
  • Acelera el cambio de paradigma global. A más de que la crisis sistémica aceleró el cambio de paradigma en muchos sectores, pues, la opción de este paradigma emergente pretende dejar atrás el sistema capitalista-reduccionista. El uso e implementación de una moneda social complementaria es necesaria, para enfrentar la problemática sistémica. Esto sería crucial en turismo.

¿Cómo funcionaría?

Podría darse de diversas formas, donde la creatividad desde la libertad, que son condiciones innatas al ser humano, son infinitas. Por ejemplo creando bancos de tiempo que en algunos países latinos se les llama AYNI (palabra quechua que significa reciprocidad, trabajo colaborativo) o sistemas de Trueque. Son intercambios de servicios basados en centros de ahorro de tiempo o de bienes y productos. También se delega o crea un valor a la moneda actual, a servicios y productos que generen bancos de ahorro y de valor en tiempos y espacios determinados. Todo bajo la organización y acuerdos locales.

Actualmente en diferentes países desarrollados funcionan bien y en creciente empoderamiento exitoso. Son una alternativa para adaptarse y renacer transformados de la mejor manera de acuerdo a las búsquedas de las nuevas tendencias en el mercado. Será un enfoque más colaborativo en todos los sectores y el turismo debe estar preparado para esta tendencia.

Con el uso de la tecnología y plataformas de algoritmos de la Bigdata, entre otros, se abren un abanico de oportunidades para los emprendedores y la resiliencia en nuestro sector. Hoy es más que nunca, la mejor opción para empujar a esa disrupción del sistema económico basado en la inequidad, donde el 1% posee, maneja y manipula al resto del mundo. El turismo desde un enfoque regenerativo con propuestas de manejo de moneda social complementaria, puede ser una de las mejores formas crecientes e innovadoras genuinas de aporte al renacer del nuevo turismo global.

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Turismo regenerativo como nuevo paradigma: Entrevista con Sonia Teruel

Sonia Teruel
Sonia Teruel

Sonia Teruel es Gerente de Desarrollo de Negocio en la operadora turística de viajes responsables Totonal Viajes de México. Posee una Maestría en gestión de turismo sostenible de la Universidad para la Cooperación Internacional de Costa Rica, donde investigó y se especializó en Turismo Regenerativo. En esta entrevista nos comparte más sobre este paradigma y su importancia en el contexto actual.

Laura Gasparini: Hoy en día escuchamos cada vez con más frecuencia hablar de regeneración, pero no siempre la palabra es usada a conciencia y cada uno parece interpretarla a su manera. ¿Puedes contarnos de qué se trata el desarrollo regenerativo?  

Sonia Teruel: En primer lugar, es importante destacar que no es un concepto nuevo, sino que ya en los años 30’ se hablaba de pensamiento sistémico y las interrelaciones entre sistemas vivos. Más recientemente, en años 90’, el arquitecto paisajista John Tillman Lyle lo aplicó al diseño de ciudades y paisajes enteros. En el año 95’, la organización estadounidense Regenesis Group, propuso el término de desarrollo regenerativo como una aproximación que trata de resaltar la habilidad de seres vivos para co-evolucionar, de forma que nuestro planeta continúe expresando su potencial de diversidad, complejidad y creatividad.

Para que se entienda mejor, entre sus principios, destacan:

  • Lo que llamamos las tres relaciones: la relación del hombre consigo mismo, con el otro y con la tierra. Desarrollar estas tres relaciones es primordial.
  • La co-evolución del hombre con la tierra: la comprensión profunda de que el humano es parte integral de la naturaleza y somos aliados de otros sistemas vivos.
  • El “sense of place” o sentido de pertenencia al lugar: La regeneración busca redescubrir el lugar prestándole atención a sus particularidades y diversificación. En un paisaje cultural co-creado entre las personas y su ambiente, se crea una unión muy especial entre un grupo cultural y su lugar.
  • Convertir sociedad en comunidad: En nuestra sociedad, hemos perdido nuestra conexión con los bioritmos de la naturaleza y debemos crear un sentido de propósito en nuestro lugar que sea significativo para todos. Esto es algo que estamos viviendo ahora con la crisis del COVID-19. Es muy importante crear comunidad para generar soluciones y adquirir un compromiso que se sostenga en el tiempo.
  • El “wholeness thinking” o pensamiento sistémico: Es una visión integradora que nos hace entender cómo los sistemas naturales interactúan y se relacionan tanto con los humanos como con los sistemas construidos por nosotros. No existe ninguna entidad aislada; todo está conectado con otros sistemas que la soportan e interactúan con ella.
  • El co-diseño e involucramiento de stakeholders: donde los locales deben participar activamente y se debe hacer una alineación entre la historia del lugar, el propósito profundo y aspiraciones de los residentes y el propósito profundo del proyecto.

LG: ¿Podría decirse que la regeneración es la nueva sostenibilidad?

ST: Yo diría que la regeneración va más allá de la sostenibilidad. La regeneración abraza a la sostenibilidad y la mejora con un enfoque integrado y una visión más holística del mundo. Así es que lleva a la sostenibilidad a un nuevo entendimiento y la adopta desde una aproximación distinta.

La sostenibilidad aborda los problemas generalizados y planetarios, limitando la intensidad del daño causado, pero trata de resolver esos problemas desde la misma visión mecanicista y por tanto limitada. La regeneración en cambio, se practica creando alianzas y mejorando el sistema socio-ecológico que es particular de cada lugar. En lugar de enfocarse en sistemas técnicos y económicos, se enfoca en recursos primarios y aspectos de la vida que producen tecnologías y resguardo.

La regeneración desarrolla el sentido de identidad de la comunidad, versus pedir a la comunidad que se adapte al enfoque escogido, práctica común en la sostenibilidad. Mientras que la sostenibilidad minimiza el impacto a los sistemas vivos de soporte, la regeneración construye la capacidad de estos sistemas de soporte necesarios para el crecimiento futuro.

Algo más a destacar es que en la sostenibilidad, no cesamos de ver al hombre sobre la naturaleza, que se crea y desarrolla desde un punto de vista occidental de construcción de cosas y de competición. La regeneración, sin embargo, se enfoca en construir capacidades, compartir, y co-evolucionar con la naturaleza. Aquí no solo se mantiene, sino que se mejora el bienestar de la sociedad.

LG: ¿Cómo se aplican entonces estos conceptos y principios al turismo regenerativo?

ST: El turismo regenerativo tiene un enfoque sistémico y busca facilitar un encuentro profundo y transformativo, donde se dan las tres relaciones (el hombre consigo mismo, con el otro y con la naturaleza) y se alinea tanto al local como al visitante, a los ritmos propios de la naturaleza.

El hombre debe contribuir a la mejora de la capacidad de los sistemas socio-ambientales que sostienen la vida del destino. Los sistemas no se tratan de forma separada, sino que se entienden sus conexiones y procesos y el lugar siempre debe diseñarse de acuerdo con los flujos de la naturaleza.

Otro punto a destacar es que, en el turismo regenerativo, además de los aspectos ambientales, económicos y socio-culturales, se introducen también los aspectos políticos y espirituales del destino y es imperativo que se integre a todos los actores en su diseño para co-crear el propósito del destino (en armonía con el de sus habitantes), la co-evolución con la naturaleza y el pensamiento sistémico. Esto hará que se construya la capacidad de los sistemas (sociales y ambientales) y se tenga un crecimiento saludable a largo plazo.   

Es importante destacar que es un entendimiento evolutivo y dinámico y que se basa en el co-diseño, la colaboración y la inteligencia colectiva.

LG: ¿Cómo podemos diseñar una experiencia turística regenerativa? ¿Puedes darnos algún ejemplo concreto?

ST: Para empezar, una experiencia debe co-diseñarse con la comunidad anfitriona; debe estar en total armonía con su propósito profundo y su sentir del lugar. Se trabaja la identidad, las relaciones, los procesos y recursos (niveles de sistemas y organizaciones vivas), donde se reflexiona sobre el pensar, sentir y hacer. No puede haber uno sin el otro y éstos constantemente se retroalimentan.

En una experiencia regenerativa debe ralentizarse el ritmo del visitante y generar espacios donde se den las tres relaciones de las que hablaba antes: el viajero consigo mismo, con el otro (el anfitrión y quizá otros viajeros) y la tierra. Se debe de facilitar de forma que la persona se sepa naturaleza y se reconecte. Se crearán los llamados momentos de verdad, que quedarán en la memoria del visitante.

Por último, se debe generar una experiencia transformativa, donde se provoque a los visitantes a observar la naturaleza y comprender su unicidad, se les motive a convivir con la naturaleza y se les anime a que se conviertan en agentes regenerativos de sus propios sistemas socio-ambientales en casa. Estas vivencias, si están bien construidas y facilitadas, pueden generar una reflexión profunda en el visitante.

Una experiencia, por ejemplo, podría ser generar un lugar del silencio, donde el visitante deberá observar un árbol, planta o lo que nos encontremos y además de estudiar su aspecto y su movimiento, se fijará en la relación que tiene con otros seres vivos y como entre ellos se interrelacionan. También se puede dar en el interior de una cueva, en un momento de meditación y agradecimiento; en un encuentro con una comunidad indígena donde no se hable el mismo idioma, pero consigan comunicarse entre sí de una forma sencilla y divertida. Cada experiencia debe hacerse desde un profundo respeto y apertura para aprender todo lo que tenga que enseñarnos.

LG: En tu opinión, ¿la crisis actual producto de la pandemia puede ser una oportunidad para el turismo de empezar de cero, tomando en cuenta el paradigma de la regeneración?

ST: Absolutamente. El hecho de que la mirada del turismo regenerativo esté en boca de tanta gente ahora, en comparación a dos años atrás donde había tan poco escrito al respecto, ya es un indicativo importante. Estamos viendo cómo la naturaleza se está regenerando increíblemente ahora que estamos en casa. ¿Eso quiere decir que ya no debemos estar en contacto con la naturaleza? No, eso significa que debemos convivir con ella con mucho respeto y aprovechar esa relación mutuamente beneficiosa.

Sería maravilloso que saliéramos de casa después de haber tenido tiempo para pensar, para reflexionar sobre nuestra vida y nuestras elecciones poco sostenibles, motivados para cambiar las cosas y para hacerlo mejor. Para reencontrarnos con la naturaleza y con el otro con cariño y respeto y con total apertura para resignificar nuestros viajes.Este es un extracto de la entrevista original publicada en Echoes of the Journey (en español e inglés): Turismo regenerativo como nuevo paradigma:  Entrevista Sonia Teruel

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Es hora de pedir disculpas y regenerarnos

El avance del COVID-19 ha obligado al turismo a detener su marcha. Ante esta situación, muchos empresarios del sector caminan por las paredes y se arrancan los pelos por las ganancias no obtenidas. Pero también, estamos quienes vemos en esta crisis una oportunidad para interpretar los daños provocados y modificar el rumbo de la actividad.

Viajeros y viajeras, cadenas hoteleras, tour operadores, consultores y consultoras, funcionarios públicos, empresarios y empresarias en general, profesionales del sector… Lo primero debería ser voltearnos y revisar todo el camino andado. No solo la marca de nuestra huella en el piso, sino también la influencia ejercida indirectamente (lo que no se ve) sobre el entorno por el cual hemos avanzado. Re-preguntarnos, criticarnos y tomar conciencia. El sistema turístico dominante – del cual somos parte, en mayor o menor medida – es depredador ante la naturaleza, desvaloriza las riquezas socio-culturales y es económicamente injusto con residentes locales.

Probablemente, usted en este momento piense… “Pero yo he hecho todo bien”. Y yo le repregunto… ¿Está usted seguro/a de eso? Lo más probable es que todos y todas tengamos que pedir disculpas por algunas de nuestras acciones u omisiones…

¿Disculpas? ¿A quiénes? ¿Por qué?

  • Al planeta Tierra y sus ecosistemas. ¿Medimos la emisión de dióxido de carbono en nuestros desplazamientos? – Hay muchas aplicaciones para ello -. ¿Pensamos en el consumo de energía eléctrica aunque no la paguemos? ¿Valoramos/Elegimos el alojamiento que recicla ante el que no lo hace? ¿Respetamos la capacidad de carga? ¿Somos estrictos con las evaluaciones de impacto ambiental? ¿Y qué hay de la fauna local? ¿Nos tomamos fotos con el águila atada? ¿Seguimos paseando arriba del elefante? ¿Seguimos montando avestruces? ¿Hasta cuándo?
  • A residentes/comunidades locales. ¿Colaboramos con pequeños alojamientos familiares antes que con cadenas hoteleras internacionales? ¿Contratamos guías locales? ¿Colaboramos con Asociaciones, ONG`s y Cooperativas del lugar de destino? ¿Escuchamos a residentes locales? ¿Actuamos en consecuencia a sus demandas? ¿Comemos en McDonald`s o en lo de Don Mario? ¿Valoramos los platos típicos? ¿Lo de afuera se adapta a lo local? ¿O lo local se adapta a lo foráneo? ¿Nos preocupamos por las condiciones laborales de empleados y empleadas locales? ¿Valoramos las artesanías típicas? ¿Apoyamos más a la inversión extranjera que a pequeños emprendimientos locales? ¿Hasta cuándo?

Retroceder, reagrupar y revolucionar

Si bien es cierto que existen algunas excepciones, es decir, algunos actores del sector que trabajan desde hace tiempo por un turismo más justo y responsable, estos son minoría. Por esta razón, me permito generalizar cuando recomiendo “volver hacia atrás y empezar de cero”, con las disculpas a esos actores conscientes y lastimosamente minoritarios.

Digo regenerar y no desechar, porque estoy convencido que la actividad turística es una herramienta útil para sectores más vulnerables y desprotegidos. A pesar de todo lo descrito anteriormente, sigo creyendo en las bondades que el turismo puede entregarle, especialmente, a países subdesarrollados. Pero es sumamente necesario replantearnos su esquema tradicional. Y para eso, es menester desandar nuestro camino y juntarnos para afrontar los nuevos desafíos de manera organizada.

Gobernanza y funcionarios públicos deberían sacar del centro de la escena a magnates y empresas multinacionales. Y también sacarse a ellos mismos de esa centralidad. Y no me refiero a que no participen más en el sector. Eso no sería recomendable. Pero deben comprender que son ellos los que deben trabajar para residentes y comunidades locales y no a la inversa. Es la población más necesitada, la que debe estar en la posición central de la maquinaria turística. Y el resto de las piezas deben moverse en función de sus requerimientos con el fin de otorgarle, a esa población, cierto bienestar y calidad de vida.

Lo mismo para viajeros y viajeras. Es imprescindible replantearnos el tipo de viaje que realizamos. Debemos tomarnos el tiempo necesario para poner bajo la lupa cada uno de nuestros movimientos y auto-evaluar nuestro impacto socio-ambiental. Pensemos primero en la comunidad local, sus recursos naturales y culturales, luego en adaptarnos y disfrutar el encuentro.

El turismo, así como hoy funciona, está dado vuelto. Arrastra la cabeza por el piso mientras los pies bailan cómodamente por el aire. Los más privilegiados más se benefician, y los más desfavorecidos más se perjudican. La brecha se sigue agrandando.

Después de mucho tiempo, y como pocas veces en la historia, la actividad turística ha detenido sus motores estrepitosamente. Este es el momento indicado para darlo vuelta todo. O al menos comenzar con ello. Estamos ante una oportunidad histórica para generar un cambio y moldear un turismo que colabore con la construcción de un mundo más justo. No podemos dejarla pasar. Tal vez sea la última.

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Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria

El atractivo de la Reserva de la Biosfera Maya suscita desde hace décadas el interés de inversionistas foráneos que ponen a la cola las necesidades y dinámicas de las comunidades campesinas. Todo ello en un país que enfrenta grandes retos de desarrollo socioeconómico. 

Guatemala ocupa actualmente el puesto 126 de 189 países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con marcadas diferencias en acceso a servicios e igualdad de oportunidades laborales y académicas. En términos generales, tal y como se indica en el informe anual del PNUD, los países de América Latina han tenido avances en la lucha contra la pobreza. Sin embargo, Guatemala va contra corriente. Los niveles de pobreza y pobreza extrema han aumentado en el país, cuando en el resto de la región la tendencia ha sido a la baja, lo que alimenta la desigualdad.

De hecho, según un informe del Banco Mundial de 2014, ya por entonces Guatemala era el cuarto país más desigual de Latinoamérica. A pesar de aumentar su Producto Interior Bruto (PIB) en un 3% anual de media en lo que va de siglo, incluso pudiendo superar el 4% en este 2020, los beneficios de dicho crecimiento repercuten en una minoría de su población. Un hecho constatable teniendo en cuenta la tasa de pobreza del 60% que soporta y el mayor índice de trabajo infantil de toda América Latina, con más de 850.000 menores integrados en el mercado laboral. Un dato que va muy de la mano con otro aún más sangrante. Según los cálculos más recientes, en Guatemala uno de cada dos menores de cinco años sufre de desnutrición crónica, una cuestión que tiene que ver con las escasas posibilidades de desarrollo y precarias condiciones de vida.

El Altiplano guatemalteco, así como el departamento de Alta Verapaz, han sido regiones olvidadas por muchos años por parte del Estado, con limitaciones muy altas en términos de inversión pública en el acceso a la justicia, infraestructura, salud y educación. La alta ruralidad del país, con más de siete millones de personas (el 44% de la población total) viviendo en municipios muy rurales, aunado a una carga tributaria tan baja e ineficiencia en su ejecución, hace que no alcancen los recursos para atender las demandas sociales más básicas.

Al hilo de esa escasa recaudación fiscal, como una de las principales causas, cabe indicar que el promedio nacional se ubica en el 21,3%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Guatemala es, en este sentido, el país con la carga tributaria más baja de América Latina y el Caribe, equivalente sólo al 13% del PIB nacional. En el caso de una correcta gestión de los impuestos directos sobre la renta que pagan las personas y el que pagan las empresas sobre sus beneficios, se podría hablar de una cierta compensación de dicha desigualdad, ya que en teoría pagaría más el que más gana o el que más riqueza tiene. Sin embargo, Guatemala ostenta el dudoso honor de tener el menor porcentaje de ingresos públicos en el mundo, en relación con el tamaño de su economía. Una circunstancia que conlleva, por ejemplo, que la inversión educativa sea de apenas el 2,9 por ciento del PIB, la más baja de toda Centroamérica, según constata la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). Al cóctel hay que añadir una tasa del 12% de analfabetismo, con más de 1,2 millones de personas mayores de 15 años que no saben leer y escribir.

El turismo como tabla de salvación

Ante esta coyuntura, y como casi siempre, el turismo emerge como un posible bálsamo al que agarrarse. Ya en la actualidad, el sector supone una de las actividades productivas más importantes, con un peso del 5% en la economía nacional, sólo superada por las divisas generadas por el envío de remesas de guatemaltecos emigrados en el exterior. Según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), se estima que el turismo generó en 2019 más de 173.000 empleos directos, con la previsión de aumentar alrededor de un 3% anual hasta alcanzar los 247.000 en 2025.

Imagen de Javier Tejera

Con 32 volcanes, playas en el océano Pacífico y el mar Caribe, sitios arqueológicos, exuberancia natural y tradiciones arraigadas, Guatemala es un atractivo natural en la región centroamericana. Con apenas un 2% de superficie urbanizada, la naturaleza está muy presente, sobre todo en la vasta región de Petén, en donde las 2,2 millones de hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM) lo monopolizan todo. No obstante, el turismo en Guatemala está muy centralizado en la capital a través de unas pocas empresas, que lo manejan todo a escala nacional. 

Esta circunstancia dificulta un desarrollo equitativo del sector que genere oportunidades de desarrollo socioeconómico para las comunidades rurales y campesinas del país. Las políticas de promoción, al mismo tiempo, proyectan una realidad de fachada con contenido contradictorio. Por ejemplo, durante la Feria Internacional de Turismo FITUR, celebrada recientemente en Madrid, Guatemala se presentó como un destino gastronómico para los visitantes extranjeros, con el objetivo de complementar sus atractivos culturales y naturales. Una diferenciación que queda en entredicho cuando se contrapone con los datos de desnutrición crónica en muchas de las áreas rurales del país. 

La RBM, un creciente polo de atracción de visitantes

A pesar de la centralidad en la gestión del modelo turístico, cada vez son más los turistas que se interesan por Petén. Con más de 250.000 visitantes nacionales y extranjeros registrados en 2019, el Parque Nacional de Tikal aglutina en la actualidad el 90% de los visitantes que llegan a la RBM. Una cifra que ha ido incrementándose exponencialmente en los últimos años. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, desde entonces ha sido uno de los principales recursos turísticos del país. Según un estudio de TripAdvisor en 2016, el Templo IV del Parque Nacional Tikal es el recurso turístico mejor valorado por los visitantes que llegan a Guatemala, lo que da una idea de su importancia para el sector del país. 

A pesar de estas cuestiones, se puede afirmar que el crecimiento turístico en Tikal se ha dado de forma desordenada y priorizando más bien poco los intereses de las comunidades locales. Una mayoría de empresas que operan en el parque son foráneas, hay poca redistribución de beneficios y una presencia institucional débil, con poca participación de las comunidades. Se han destapado casos de corrupción graves en la gestión del dinero procedente del cobro de entradas, así como episodios de conflictividad interna entre trabajadores, por lo que se ha externalizado el sistema a través de agencias bancarias autorizadas.

Del mismo modo, quedan por resolver graves asuntos medioambientales relacionados con la generación de residuos y el manejo de la escasez de agua en la zona, principalmente en los momentos de mayor afluencia de visitantes en el año. Esta es, de hecho, una realidad del contexto de Petén para todos los lugares arqueológicos con potencial de visitación. En todo caso, el atractivo de la zona, ejemplificado en el Parque Nacional de Tikal, ha sido un elemento nuclear de disputa entre los intereses foráneos y las necesidades u oportunidades de las comunidades residentes. 

Megaproyectos turísticos frente a necesidades de comunidades locales

En el 2002, el arqueólogo estadounidense Richard Hansen, financiado por el Global Heritage Fund, presentó el proyecto turístico llamado Zona Arqueológica Especial Cuenca Mirador. Según el científico, el turismo sería la única salvación para el desarrollo económico de Petén, defendiendo un modelo que proyecta hoteles en el bosque y un sistema de ferrocarril para transportar a los visitantes. Sus cálculos hablan de más de 80.000 visitantes por año en el plazo de una década, en una zona apenas visitada en la actualidad. No obstante, la propuesta de Hansen considera, dentro de sus límites espaciales, áreas que corresponden a las unidades de manejo de las concesiones forestales, entre ellas la de Carmelita (recientemente renovada). 

Precisamente, ante la prórroga de las concesiones forestales comunitarias agrupadas dentro de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP) en la Zona de Usos Múltiples de la RBM, ha habido intentos desde algunos ámbitos políticos y empresariales de dejar fuera al turismo del concepto integral de manejo de las áreas. Esta cuestión, de hecho, está suscrita bajo un contrato con el Estado, lo que supone una contradicción. A nivel del marco normativo y del respaldo legal que da la Ley Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala, pero también por concebir al turismo como un sector desligado de la dimensión conservacionista y de otras actividades productivas en la zona. 

Por esta razón, proyectos como este liderado por Hansen afectarían a comunidades locales que se benefician actualmente de derechos de uso, acceso, extracción y manejo de los recursos de acuerdo con procesos legales de contratos de concesión. En la actualidad, el acceso a El Mirador es uno de los circuitos de trekking más reconocidos en la región. Requiere de cinco días en total para su realización a pie, dos días de caminata a la ida y otros dos a la vuelta. El Mirador se sitúa en una ciudad fundada en el Preclásico Medio y que, según los expertos, es uno de los sitios del origen de la civilización maya. Siguen siendo muchas las expectativas e intereses generados con este lugar, con presencia cada vez mayor de actores externos y una presión turística incipiente que va en aumento.

Imagen de Javier Tejera

Las diferentes visiones en torno a la conservación y puesta en valor de El Mirador, principal recurso turístico del entorno de la comunidad de Carmelita, que recibe ahora mismo la visita de unos 2.000 turistas al año, es el epicentro de numerosas disputas, controversias y conflictos de intereses. Frente a los derechos adquiridos por la comunidad y de otras adyacentes como Uaxactún, hay arqueólogos, funcionarios, empresas privadas y organizaciones ambientalistas que difieren sobre la mejor fórmula para avanzar en la gestión y conservación de este recurso. A grandes rasgos, quien usa el área, quién la controla y quién se beneficia.

El caso de El Mirador no es circunstancial, sino que más bien pone el foco en un problema que puede ser de raíz. Las presiones externas e injerencias foráneas pueden crear fragmentación social en el seno de las comunidades, sobre todo en relación con el debate sobre el mejor modelo de desarrollo turístico. Frente a eso, debe quedar la convicción de que una experiencia única en la interpretación del patrimonio natural y arqueológico de la zona pasa por la interacción del visitante con la comunidad. 

No sólo eso. También pasa por el fortalecimiento de un modelo a pequeña escala, gestionado por las propias comunidades, en donde primen variables cualitativas sobre las cuantitativas, incluyendo el turismo dentro de concepto de manejo integral de las áreas concesionarias. El manejo forestal sostenible, corroborado por todo tipo de indicadores y entidades conservacionistas internacionales, es el mejor aval para apostar por el buen hacer de los comunitarios con el turismo a desarrollar a medio y largo plazo en la zona. 

Este artículo ha sido originariamente publicado en Albasud y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria.  

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