Turismo Comunitario, su complejidad y aporte al Buen Vivir

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano; Enrique Cabanilla participará como ponente. En este artículo nos presenta un resumen del trabajo de la tesis doctoral: Configuración Socio-Espacial del Turismo Comunitario. Caso Ecuador. Universidad Nacional de Sur. Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.


En la Declaración de Manila sobre el Turismo Mundial en 1980 y la Carta del Turismo y Código del Turista de 1985, el turismo comunitario ganó un espacio en las políticas de desarrollo de varios países a nivel mundial. En este periplo, los avances han sido muy importantes y significativos. Arrancar desde cero fue un reto muy duro para las comunidades, que deseaban ser protagonistas de su futuro y dejar de ser consideradas como objetos de contemplación.

En la actualidad, siguen habiendo aspectos a debatir para ayudar a la implantación del turismo comunitario. En primer lugar, destacar la relación de este modelo de gestión con el amplio concepto del buen vivir, reforzando la inclusión y la solidaridad. En segundo lugar, contextualizar la complejidad del desarrollo territorial a través del turismo comunitario, destacando las diferentes aristas que le dan forma y, finalmente, los avances de una investigación que se ha enfocado en determinar la trascendencia de parámetros cuali-cuantitativos del buen vivir, obtenidos a través del turismo comunitario, enriqueciendo el debate social, político y académico.

El Buen Vivir y el Turismo comunitario

Para el caso de Ecuador, la Constitución aprobada en 2008, remarca la firme decisión de construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, como un principio que se refiere a la vida en sí, al país como un todo en armonía plena, en un espacio que fortalece lo relacional, complementario, correspondiente y recíproco.

Esta norma obliga a asumir un gran compromiso, más aún, en sectores estratégicos del cambio de la matriz productiva, entre los cuales destaca el turismo comunitario, mencionado como una actividad prioritaria en el Plan Nacional Estratégico del Buen Vivir. Exige, al Estado, el redefinir el marco político e institucional en lo referente al turismo comunitario, considerando que es una oportunidad única para desarrollar un modelo de gestión que ha sido planteado desde el bien común.

Para perfeccionar la concordancia con el turismo comunitario, el turismo mundial debe asumir su responsabilidad sobre el desarrollo de este modelo alternativo de gestión. El turismo, al declarar permanentemente sus bondades económicas y de generación de empleo, parece no considerar que el turismo comunitario está siendo muy cuestionado, por varios agentes endógenos y exógenos, debido principalmente a la escasa información sobre los resultados obtenidos. Por lo tanto, hay que desprenderse de premisas basadas exclusivamente en macro-estadísticas, las cuales marcan rumbos exitosos para cualquier caso y tomar en cuenta otros resultados, como los del turismo comunitario, para formular tendencias que incluyan la realidad de todos sus subsistemas. No se puede conocer el todo sin conocer sus partes y hay que visibilizar la problemática por la que atraviesan cientos de proyectos comunitarios que no han logrado cumplir con las metas propuestas.

La complejidad del desarrollo territorial en relación a la estrategia turística

Si nos desprendemos de lo meramente lineal, se podrá planificar un desarrollo territorial de forma cíclica, migrando de lo exclusivamente turístico, hacia el reto de construir el bien común en las comunidades receptoras. Este reenfoque generará cambios inminentes dentro de factores como la calidad del producto turístico ofertado, ya que, desde la nueva mirada, esta será resultado incuestionable del bienestar holístico de las comunidades locales. Este cambio impone que, para implantar un emprendimiento, el territorio debe contar con una infraestructura de soporte suficiente y eficaz, previo a la operación turística.

Es indispensable reconocer que el turismo comunitario está en constante construcción y auto- regeneración. Por un lado, es materia prima para la definición de estrategias de desarrollo y, por otro, es la propuesta de un turismo diferenciado. Si bien es importante desarrollar acciones para mejorar su operatividad turística, es también imperativo conocer y divulgar los resultados de esta gestión.

El turismo comunitario se ha demostrado como un puente de encuentro, entre la sostenibilidad y el desarrollo local, entre la cultura y la naturaleza, entre los sueños y la resiliencia. Está en el centro mismo de la filosofía andina, donde confluyen los pares dialécticos y donde se construye permanentemente un bucle de desarrollo, a partir de la confrontación de la crisis e incertidumbre. Por ello es una herramienta que ayuda a desatar nudos críticos en la construcción del buen vivir, gracias a la socialización de sus resultados como un aporte a la gestión de la planificación territorial.

Definición de los indicadores sociales del buen vivir

Son tres los ejes que configuran socio-espacialmente al turismo comunitario: territorio, historicidad y acción colectiva. A partir de estos, se ha trabajado en indicadores sociales que permitan cualificar y cuantificar el aporte del turismo comunitario al buen vivir. Como resultado se establecieron y afinaron 21 indicadores, utilizando la metodología Delphi, con aportes de 79 gestores locales, líderes comunitarios, investigadores, responsables de gestión pública, técnicos de campo, entre otras personas, involucradas directamente con el desarrollo del turismo comunitario.

A los expertos consultados se les solicitó su criterio sobre la capacidad del turismo comunitario para construir resultados óptimos en los 21 indicadores. De sus respuestas y, luego, de realizar una clasificación en base a la desviación estándar, se agruparon los indicadores en tres rangos equidistantes, de mayor a menor correlación entre turismo comunitario y buen vivir.

El próximo paso en la investigación, será entrevistar a los comuneros, respecto a su bienestar, utilizando preguntas alineadas a los 21 indicadores sociales, e inmediatamente preguntarles, cuál es la percepción que tienen, sobre cómo el turismo comunitario incide en la generación del suma kawsay. En un avance de este estudio, se preguntó, de manera global, a 90 emprendimientos de turismo comunitario en Ecuador, su grado de satisfacción sobre el aporte del turismo a su comunidad, con un rango de 1 a 10, obteniendo una media en un nivel ligeramente positivo de 6,57.

Por un turismo más solidario, incluyente y equitativo

Evidentemente estamos ante una oportunidad de crear un mundo mejor a través del turismo, por lo cual saludo a todas aquellas personas que trabajan por un turismo más solidario, incluyente y equitativo. Un turismo que busca el bien común, que contribuye a hacer realidad el buen vivir tanto en las comunidades receptoras, como en los visitantes que se nutren de estas experiencias. Un modelo de gestión de la comunidad, que reivindica la auto-superación y afirma la capacidad de resiliencia. Un modelo que necesita de apoyo y trabajo en conjunto con técnicos, investigadores, empresas, fundaciones y programas que se sumen al sueño de un desarrollo digno.

Finalizo parafraseando al presidente José Mujica, quien dijo que: “La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor.”

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Latinoamérica y el Turismo Comunitario como herramienta de paz

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipará Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad.


En Latinoamérica existen distintas regiones que por décadas han enfrentado múltiples formas de violencia; contextos en los que la débil presencia institucional, la llegada y fortalecimiento de economías ilegales, los problemas estructurales de carácter social, económico y político, y las características geográficas que derivan en un difícil acceso en materia de conectividad, han promovido dinámicas de desigualdad social, desplazamientos forzados e innumerables víctimas que en la actualidad habitan en escenarios rurales.

Pese a ello, sus comunidades han hecho un esfuerzo por coexistir y convivir con las violencias, creando escenarios de continuidad que se anclan a economías alternativas al conflicto, incluyendo actividades agropecuarias y apuestas emergentes de turismo en entornos rurales.

En este escenario, el turismo rural comunitario se constituye como una alternativa para construir relaciones de comunidad, sana convivencia y diálogo social, donde la participación de los diferentes sectores, la articulación de intereses y la prevalencia de la empatía, son ejes dinamizadores de una economía solidaria que gira en torno al disfrute de los destinos y la capacidad de visibilizar la memoria histórica de los lugares a través sus visitantes.  De esta manera, las comunidades han insistido en la importancia de la no repetición, como elemento fundamental para lograr una paz sostenible en los territorios, en plena garantía de sus derechos y la posibilidad de mostrar al mundo la potencialidad de destinos únicos.

Por este motivo, desde el panel Turismo Comunitario como herramienta para la Paz”se abordará un ejemplo en Latinoamérica: la experiencia colombiana a través de dos casos de turismo comunitario comprometidos con el desarrollo sostenible y colaborativo, en contextos donde la violencia ha sido un elemento de vivencia cotidiana. Así mismo, contaremos con la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible, quienes trabajan el tema desde la política pública, en una apuesta para posicionar a destinos en los que el acuerdo de paz ha favorecido su desarrollo.

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Turismo Comunitario, intercambios genuinos y buenas prácticas en Argentina

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

Que el turismo se plantee como dinamizador de las economías, ha sido la retórica sostenida por la industria durante muchas décadas. El crecimiento sostenido de la actividad en los últimos años, -previos a la pandemia- ha dado cuenta de este fenómeno. La OMT señaló para 2019 el arribo de más de 1.400 millones de turistas internacionales en el mundo, cifra que representa más del 10% de aporte a la economía global generando el aumento de divisas, ingresos y empleos en todas las regiones involucradas con la actividad. Estos datos son en sí mismos muy positivos y alentadores, especialmente para las economías en vías de desarrollo o de países emergentes.

Sin embargo, el avance del sector también ha evidenciado la contracara de este impulso, especialmente cuando el turismo se expande sin una adecuada planificación. Este es el caso de destinos sobreexplotados ambiental y socialmente que terminan perdiendo la mística y el atractivo que les dio origen a partir de los impactos ocasionados. En estos casos se beneficia a unos pocos dentro del sector, en detrimento de un crecimiento sostenido y a largo plazo de la actividad.

En este sentido, la creciente valoración de los entornos naturales y de los intercambios genuinos de experiencias de vida que una demanda más consciente ha comenzado a reclamar, han potenciado en los últimos años el surgimiento de nuevos modelos alternativos al sistema convencional de oferta y demanda de servicios, en el que se privilegia la experiencia de los visitantes por sobre el consumo de los atractivos. El turismo comunitario se plantea como una de estas posibilidades.

Ejemplos de turismo comunitario en Argentina

En Argentina existe una variada oferta de turismo comunitario en distintas regiones del país. Su diversidad de climas, geografías y etnias que poblaron la América precolombina y que mantuvieron en sus descendientes una diversidad de formas culturales, ha permitido que estos emprendimientos se desarrollen a lo largo y ancho del país con diferentes resultados. Pero en todos los casos, ofreciendo productos respetuosos con el entorno natural y cultural que los caracteriza.

En las cercanías de las Cataratas de Iguazú, en la provincia de Misiones, la Aldea Yasy Porá de la etnia Mbyá-guaraní se plantea como un caso. Organizados comunitariamente los miembros se reparten las tareas para recepcionar a los visitantes.  Caminatas interpretativas por senderos selváticos, artesanías en madera y fibra vegetal, degustación de comidas tradicionales y noche de conexión espiritual, son alguna de las alternativas.  Santiago Martínez -referente y guía de la comunidad- invita a compartir con su gente estas experiencias y destaca especialmente los cánticos corales y cánticos individuales “melodías que los conectan con la energía, con la atmósfera del universo”- y que les permite mantener esta concepción del “buen vivir” o “vida buena” que define su cosmovisión pacífica frente a los desafíos que la vida les presenta.

En la provincia de Tucumán, en el noroeste argentino, la comunidad de Amaicha del Valle ofrece una oferta muy variada. La visita a la “Ciudad Sagrada de los Quilmes” y a su centro de interpretación es sin dudas el sitio más emblemático. Una bodega comunitaria que forma parte de la ruta del vino de la provincia, la ruta del artesano y paseos en 4×4, son algunas de las otras alternativas.  También la posibilidad de pernoctar en la posada boutique, en las cabañas, en el hostel, en el camping o incluso en una casa de familia abierta al turismo. En todos los casos se brinda una experiencia de vida en contacto directo con la cosmovisión que los sostiene y alimenta espiritualmente.  Sebastián Pastrana, referente y “chasqui” -mensajero- de la comunidad, se dedica a la actividad desde hace varios años y se entusiasma ante la idea de que “los jóvenes nativos estén aprendiendo todo lo necesario para continuar con el proyecto que la comunidad alberga”.

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

En tanto, a 30 km de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro (Patagonia Argentina), la comunidad mapuche lof wiritray, ofrece como alternativa un área de acampe para los amantes de la vida en la naturaleza. “Un Turismo rural con identidad, de bajo impacto”, señala Clarissa Montenegro una de las referentes y administradoras del área.  Rodeados de flora y fauna autóctona, la interpretación del canto de los pájaros es una de las experiencias que comparten con los visitantes. Caminatas por senderos boscosos, pesca, cabalgatas y también algunas comidas como el curanto o “el café orgánico elaborado con estribo tostado molido, tal como lo hacían las abuelas”.  Al respecto, Roberto Vélez miembro de la comunidad y guardaparque en el sector Tronador del Parque Nacional Nahuel Huapi, señala que la oferta de su comunidad se diferencia de las convencionales porque al no tener una visión invasiva de la naturaleza, ofrecen un turismo de base comunitaria “de la gente para la gente” y eso determina que no se sientan como un prestador de turismo más.

Un turismo que minimiza la huella humana

El Turismo Comunitario se plantea como una apuesta a un modelo de desarrollo sostenible. Requiere de un esfuerzo continuado y una fuerte convicción por parte de sus prestadores comuneros, porque a pesar de todas las limitaciones que sus proyectos enfrentan, les permite dinamizar sus economías comunitarias y les brinda una oportunidad para reivindicar su cosmología de vida.

Servicios de bajo impacto, respeto por el entorno natural, experiencias de vida gratificantes que minimizan las huellas humanas, son la oferta que estas comunidades procuran. Éstas son recibidas cada vez con más entusiasmo por los viajeros que los eligen. Aquellos que están en la búsqueda de un equilibrio que de sentido a los tantos desordenes con los que la vida moderna nos interpela.

El turismo de base comunitaria, se presenta como una oportunidad única para conectar con lo primigenio y esencial, buenas prácticas que ofrecen la posibilidad de vivenciar una nueva experiencia turística, ¿estaremos listos para disfrutarla?

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Ecomapu, un ejemplo de turismo comunitario urbano en Chile

Ecomapu es un Operador Turístico sustentable ubicado en la ciudad de Valparaíso, Chile. Su nombre está compuesto por Eco (raíz griega de hogar) y Mapu (Tierra en Mapudungún), es decir el Hogar de la Tierra. Desarrollan rutas por diversos sectores de la ciudad, normalmente excluidas de los circuitos tradicionales, pese a su valor patrimonial, debido a estigmas como los asociados a la delincuencia, entre otros. Hablamos con Felipe Muñoz, el director de Ecomapu.

Lucía: ¿Cuándo y cómo surgió la idea?

Felipe: Desde el 2002 iniciamos operaciones en la ciudad de Rancagua con rutas de turismo rural. Después del terremoto en 2010, nos cambiamos a Valparaíso, donde comenzamos a desarrollar rutas barriales en modalidad free tour para ir creando circuitos asociadas al patrimonio material e inmaterial de la región, que además fue nombrada como ciudad del Patrimonio Mundial UNESCO.

Sin embargo, el verdadero origen diría que se dio cuando estaba en el colegio y comencé a organizar rutas y paseos para mi curso, que permitieran conocer museos y hacer la clase más entretenida. Después de ingresar en la Universidad, donde estudié Negocios y Economía, surgió la idea de plasmar esos viajes en un negocio, pero con un enfoque diferente; descubriendo lugares que el turismo tradicional no mostraba. Por ejemplo, la zona de Rancagua tiene valles vitivinícolas cercanos donde se ofrecen visitas únicamente a ellas, dejando fuera a los pueblos y la cultura cercanas asociadas al mundo agrícola que ahí se desarrollaban. Por lo que armamos una ruta de turismo rural integrando a campesinos, actividades y patrimonios históricos cercanos.

Vista del cerro Santo Domingo desde Cerro Cordillera, Valparaíso

Lucía: ¿Cómo han ido evolucionando estas rutas desde que os trasladasteis a Valparaíso?

Felipe: Nos trasladamos a Valparaíso en 2013, donde comenzamos estos circuitos por zonas menos frecuentados por otras agencias de la zona, como el cerro Playa Ancha y parte del sitio Unesco en el área histórica del Barrio Puerto y cerro Cordillera.

En 2015, junto a los vecinos del cerro Santo Domingo, impulsamos el desarrollo de la primera ruta de Turismo Comunitario urbana de Chile, creando una experiencia local en contacto con habitantes de la ciudad, su comercio local y el patrimonio histórico que las envuelve.

Desde el 2019 abrimos Experiencias locales asociadas a la gastronomía, arte y música de Valparaíso, siempre integrando el comercio y artistas locales de manera de activar el turismo como una herramienta de desarrollo no tan sólo económico, sino también social y de puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de la ciudad.

Este 2020 y luego del inicio de la pandemia lanzamos nuestras Experiencias Online que permiten conectar de forma interactiva a través de internet con viajeros virtuales que deseen aprender una receta local en vivo integrando un paseo aéreo utilizando un dron gracias a la colaboración de nuestro amigo Darío Quintero, experto en el tema.

Ruta por Cerro Cordillera, Valparaíso

Lucía: ¿Qué atractivos podemos encontrar en estas zonas como Playa Ancha o Cerro Santo Domingo que destaquéis en comparación con otras áreas más visitadas en Valparaíso?

Felipe: Playa Ancha es reconocida también como la “República Independiente” ya que pese a estar dentro de Valparaíso es el cerro más grande la ciudad con sus propios barrios comerciales, bancos, correo, universidades y el estado de la ciudad, que le da un carácter único a los vecinos que acá convivimos. La historia urbano del cerro se desarrolla principalmente después del terremoto de 1906 donde parte de los inmigrantes ingleses reconstruyen sus destruidas casas en este nuevo sector de la ciudad, que era usado mayormente como defensa militar (hasta el día de hoy).

Playa Ancha hoy muestra una exquisita arquitectura neogótica de casas de madera, muchas de ellas inspiradas en la arquitectura californiana, razón por la cuál, muchos la llaman también “la pequeña San Francisco”, esto agregado a que el cerro aún sobrevive la vida de barrio de comercio local libre de cadenas y supermercados, además de tener una exquisita playa llamada Las Torpederas, única en la ciudad autorizada para la natación en el mar.

El cerro Santo Domingo es el cerro más antiguo de Valparaíso, dónde comienza el proceso fundacional de la ciudad desde época colonial española. A sus pies se construye la Iglesia de La Matriz que se mantiene en el mismo lugar, aunque en la quinta reconstrucción luego de ataques de piratas y terremotos. Alrededor se levanta también el barrio comercial más antiguo de Valparaíso: el Barrio Puerto, con un comercio antiguo, bares y restaurantes de comida local (este barrio es parte del sitio Unesco).

El barrio del cerro Santo Domingo mantiene una arquitectura popular única basada en la autoconstrucción y otras de arquitectura de siglo XIX y XX asociada al patrimonio histórico de sus habitantes; obreros portuarios o trabajadores del comercio asociado a la ciudad y el puerto. El cerro Santo Domingo, además de sus hermosas y democráticas vistas a la bahía, tiene el alma de sus vecinos que históricamente han permanecido acá unidos en las dificultades, siendo casi una gran familia de vecinos. Esta es la principal razón por la que hemos trabajado desde acá la ruta de turismo comunitario La Matriz.

Vista del Cerro Santo Domingo y Población Márquez de Valparaíso

Lucía: ¿Qué papel tienen los guías y otros miembros en la corporación?

Felipe: Nuestro equipo de guías son fundamentales para desarrollar nuestras experiencias. Ellos trabajan con nosotros en modalidad freelance y nosotros entregamos un calendario mensual abierto donde cada uno selecciona las fechas que desea trabajar. Ecomapu ha sido también una escuela, ya que la mayoría de nuestros guías fueron estudiantes en práctica de Universidades e Institutos locales que finalmente siguieron trabajando con nosotros. Además, nuestra metodología consiste en que ellos aprendan nuestras formas de trabajo para que idealmente puedan crear sus propios emprendimientos que pudieran ser alianza del Ecomapu. De esa forma, captamos nuevas rutas y experiencias pero ya en manos de ellos y ellas directamente.

Nuestra red no está completa sin las comunidades de vecinos y locatarios de comercio local, por lo que participamos activamente en organizaciones vecinales y asociaciones gremiales del rubro turístico de manera que podamos trabajar en red y en comunidad.

Lucía: ¿Cuáles son los mayores retos que habéis encontrado en el camino?

Felipe: Conectar con las comunidades locales, comprendido que son un tejido complejo especialmente en una ciudad como Valparaíso que posee muchísimas organizaciones sociales y barriales, donde varias de ellas ven el Turismo, razonablemente, como una amenaza a estos tejidos sociales; por lo que es importante el trabajo progresivo y consciente, informando e integrando a aquellos barrios que muestran interés en desarrollar el turismo.

Existen también retos relacionados con aspectos culturales de los chilenos, ya que muchos de ellos estigmatizan y ahuyentan  viajeros a la ciudad, debido a prejuicios  basados en noticias vistas en TV sobre delincuencia y otros aspectos negativos de la ciudad. Favorablemente, gracias al posicionamiento internacional de la ciudad reconocida como un patrimonio cultural de la Humanidad, muchos chilenos han ido cambiando esta percepción, vienen y recorren la ciudad, convirtiéndose luego en perfectos embajadores de Valparaíso.

Por último, hace 8 años atrás cuando comenzamos a aplicar aspectos que luego se denominó Turismo Sustentable, y nos costó que empresas locales, especialmente de mediano y gran tamaño, confiaran y dieran valor a nuestra propuesta como parte fundamental para el desarrollo de un turismo armonioso y sobretodo que se orientara a crear una experiencia de visita a los viajeros que llegaban a Valparaíso.

Recepción y degustación  de productos artesanales en comedor social 421

Lucía: ¿Qué impacto tienen este tipo de rutas en la comunidad local del destino?

Felipe: Ha sido positivo, aunque no exento de dificultades, dada la reticencia inicial de algunos vecinos a recibir turistas, pero una vez que nos conocen comprenden lo que buscamos y queremos hacer de forma respetuosa y armoniosa con el barrio, generando lazos de confianza e incluso amistad que fortalece aún más la relaciones humanas, tomando un papel secundario las eventuales relaciones comerciales que pueden generarse al desarrollar turismo en el sector.

Gracias al trabajo en conjunto con otras organizaciones locales como Asociaciones Gremiales, Vecinales, académicas e incluso con la misma Iglesia La Matriz (actor fundamental en el barrio), hemos ido integrando el turismo de forma responsable, comenzando a verse como una oportunidad real de desarrollo económico; aunque la pandemia hoy nos ha enseñado que nada para es siempre y que el turismo es una actividad frágil, lo que al mismo tiempo nos da la oportunidad de desarrollar un turismo a escala humana desde el barrio y sus patrimonios.

Lucía: ¿Encuentras alguna diferencia entre los viajeros que hacen este tipo de tours con Ecomapu?

Felipe: Sí, sin duda nuestros viajeros buscan una experiencia diferente al visitar Valparaíso, queriendo conocer de cerca la cultura local, costumbres, gastronomía y formas de vida que un turista tradicional no conocería. El lujo para nuestros viajeros es tener la oportunidad única de, por ejemplo, almorzar con una familia porteña, conocer un almacén de barrio o disfrutar de comida típica en un restaurante popular del Barrio Puerto. De hecho, nos gusta referirnos a ellos como viajeros y no como turistas, ya que buscan vivenciar su estadía, son conscientes y valoran mucho la autenticidad y la cercanía con los habitantes de la ciudad, más allá de buscar la postal típica o tratar de recorrer todo en un par de horas.

 Plaza Echaurren en Barrio Puerto Valparaíso

Lucía¿Qué otros servicios ofrece Ecomapu?

Felipe: Hoy Ecomapu se encuentra  en un proceso de renovación y cambios, partiendo por el cambio de casa que nos llevará desde Playa Ancha al cerro Santo Domingo con nuestro hogar y oficina física, lo que no implica dejar las rutas de Playa Ancha, al contrario gracias al trabajo desarrollado con vecinos hoy nos asociamos para impulsar el turismo post pandemia en este sector de Valparaíso.

Este cambio al cerro Santo Domingo será la piedra inicial para uno de nuestros grandes sueños: crear la primera Escuela-Taller de Turismo Comunitario y Sustentable de Valparaíso, convirtiendo nuestra casa en un centro de encuentro para el turismo en armonía con el barrio y sus habitantes.

Hemos también terminado de re enfocar todas nuestras rutas a Experiencias locales integrando actividades y contacto con la comunidad local, además de introducir el aprendizaje del patrimonio natural de la ciudad, reconociendo flora y fauna nativa al interior de la ciudad.

Continuamos también consolidando nuestras Experiencias Online, para que sean también una puerta de entrada a viajeros que deseen conocer la ciudad antes de viajar.

Seguiremos también impulsando nuestras Experiencias Creativas en Gastronomía con la ruta por las “picás” del Barrio Puerto (restaurantes y bares populares) o en la Música con la ruta con un músico local aprendiendo del tradicional bolera y cueca chora, como parte del folclore que Valparaíso ofrece.

Solo estamos a la espera de que comience el proceso de re-activación para mostrarles estas y otras novedades, en una nueva forma donde el mundo ha debido aprender a viajar y hacer turismo.


Gracias a Felipe por su tiempo. Podéis encontrar más información sobre Ecomapu en su webinstagramfacebooktwitter y youtube.

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Fortalecimiento del turismo comunitario desde la Investigación, innovación y desarrollo del turismo indígena

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano; Rocío Rojas, directora para Perú y España del Centro Mundial de Excelencia de Destinos, CED, y fundadora de Turistech, nos presentará un análisis que confirma la existente necesidad de reforzar el desarrollo del turismo indígena en Perú. Este análisis está vinculado fuertemente con la gestión territorial y administración de sus territorios ancestrales, que contribuye a la conservación de los ecosistemas y el bienestar de las poblaciones.

Uno de los puntos a destacar, es lo importante de concentrar esfuerzos en generar las condiciones favorables de las comunidades nativas y pueblos originarios, donde trascienden de condición de beneficiarios a socios, en un desarrollo de turismo indígena que fortalezca la gobernanza, la distribución equitativa de los beneficios, la conservación y el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones. 

En este aspecto, desde el CED vienen desarrollando una serie de estrategias enfocadas al desarrollo de la investigación en campo, conjuntamente con aliados nacionales e internacionales, basados en talleres co-creativos con las comunidades de Perú. Estos procesos, marcarán unos lineamientos claros en la implementación de la metodología SMED (Sistema de Medición de Excelencia de Destinos), desarrollada por el CED conjuntamente con sus miembros fundadores; la Organización Mundial del Turismo (OMT), la National Geographic, la Universidad de Québec en Montréal (Canadá) y la Universidad George Washington (EE.UU).

Una de las principales alianzas en este proceso se da a través del acuerdo de colaboración entre el Centro Mundial de Excelencia de Destinos y World Indigenous Tourism Alliance (WINTA). Este acuerdo permite reunir experiencias de investigación a nivel territorial, procesos de gobernanza,  conocimiento ancestral , para avanzar en el desarrollo del turismo indígena en Perú. Así también, este acuerdo se basa en los  lineamientos de la declaración de Larrakia sobre el desarrollo del turismo indígena (impulsada por la Alianza Mundial de Turismo Indígena WINTA), que resuelve adoptar los siguientes principios:  

  • Respeto: El respeto por el derecho consuetudinario y las costumbres, las tierras y las aguas, los conocimientos ancestrales, las expresiones culturales tradicionales y el patrimonio cultural sustentará cualquier decisión relacionada con el turismo.  
  • Protección: La cultura indígena, y las tierras y las aguas en que se asienta, se protegerán y promoverán mediante prácticas turísticas debidamente gestionadas y una interpretación apropiada.  
  • Empoderamiento: Los pueblos indígenas determinarán la extensión, la naturaleza y las disposiciones prácticas de la participación en el turismo, y los gobiernos y los organismos multilaterales apoyarán el empoderamiento de los pueblos indígenas.  
  • Consulta: Los gobiernos tienen el deber de consultar y tener en cuenta a los pueblos indígenas antes de adoptar decisiones sobre políticas o programas públicos destinados a fomentar el desarrollo del turismo indígena.
  • Empresa (Asociaciones de negocios): El sector turístico respetará los derechos de propiedad intelectual, las culturas y las prácticas tradicionales indígenas, la necesidad de forjar alianzas empresariales sostenibles y equitativas y la obligación de cuidar debidamente del entorno natural y de las comunidades que las sustentan.  
  • Beneficio a la Comunidad: Alianzas equitativas entre el sector turístico y los pueblos indígenas incluirán esfuerzos de intercambio de sensibilización cultural y adquisición de destrezas que contribuyan al bienestar de las comunidades y permitan mejorar los medios de vida de las personas.

El desarrollo del turismo como actividad económica alternativa, requiere reforzar desde su planteamiento, en base a un enfoque realista a la propia cosmovisión originaria de las comunidades indígenas, centrando el trabajo colaborativo entre los diferentes sectores y actores del turismo comunitario, son oportunidades de desarrollo en beneficios de todos.  Con este fin, desarrollamos alianzas estratégicas con instituciones nacionales, públicas o privadas, como es el caso de:

Igualmente, cabe mencionar la labor y organización activa de la Red de Mujeres en Innovación y Gestión de Destinos, REDINTURP – Perú,  quienes vienen desarrollando una ardua labor de réplica, análisis y comunicación de los talleres co-creativos, así como la correcta información y gestión de la comunicación y objetivos de los talleres con las comunidades. Esta red está logrando un trabajo clave y sin precedentes  a favor del turismo comunitario, basados en la ética, la empatía, colaboración  e innovación social.

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