El turismo sostenible en Italia Post Covid-19: Entrevista a Sergio Cagol

Sergio Cagol es consultor italiano en marketing y comunicación de turismo sostenible del Trentino Alto-Adige. Con él, discutimos la situación actual en Italia y cómo el turismo podrá reactivarse en el futuro

Laura Gasparini: Hola Sergio. Cuéntanos un poco sobre tu trabajo, experiencia y tus actividades actuales.

Sergio Cagol: Primero que nada, gracias por invitarme y por la oportunidad de compartir mi opinión. Soy técnico, estudié ingeniería pero hice un cambio hacia el turismo y las comunicaciones hace más de 15 años. Hoy en día, trabajo principalmente con destinos  turísticos y hoteles, ayudándolos a usar la tecnología y la comunicación para mantenerse en el mercado. Desde mi preocupación personal y mi creencia sobre la crisis climática, en los últimos años he dedicado mi trabajo a la transición hacia una gestión y desarrollo del turismo más sostenible, que ahora es mi principal área de interés.

LG: Actualmente estamos en medio de una crisis mundial sin precedentes. ¿Cómo deben actuar los operadores turísticos y los hoteles ahora?

Creo que éste es el momento adecuado para planificar el futuro, preferiblemente a largo plazo, ya que es difícil predecir lo que sucederá en mayo, y mucho menos este verano. No estamos en una situación de “on/off”: este virus apareció en cuatro o cinco días, pero será un proceso lento y largo para desaparecer. 

La mejor manera de usar este tiempo de confinamiento, en mi opinión, es tratar de reorganizarse y aprender algo de esta crisis. Otra idea es comunicarse con sus clientes pero sin tratar de vender nada, absolutamente no es un momento para vender. Todavía recibo boletines de algunos hoteles que ofrecen descuentos o intentan persuadirme para que reserve. Eso está mal. La mejor idea es estar en contacto con nuestros clientes, decirles honestamente lo que estamos haciendo, cómo enfrentamos la crisis y que estamos listo para recibirlos una vez que la crisis haya terminado.

LG: Hemos visto ejemplos de hoteles en Milán y Florencia llevando adelante iniciativas para disminuir la dependencia de las OTA (agentes de viaje online) en sus ventas, algunos incluso sugieren el cierre completo de estos canales para el resto de 2020. ¿Cómo ves estas iniciativas y qué cambios ves a futuro?

SC: El problema al menos en Italia, es que sólo hay unos pocos jugadores importantes y muchos pequeños hoteles familiares. No hay cohesión ni conexión entre ellos. Las OTA siempre han estado en una situación ventajosa para imponer las reglas en el mercado, y mi opinión personal es que no va a cambiar significativamente una vez que esta situación termine.

Tan pronto como los turistas comiencen a viajar, los hoteles estarán en una gran crisis e intentarán aprovechar todas las oportunidades posibles para comenzar a trabajar nuevamente: en ese sentido, usar  las OTA, como Booking.com por ejemplo, será la solución más fácil y rápida. Airbnb, por ejemplo, ya está preparando fondos para ayudar a los anfitriones a atravesar esta crisis, que es más de lo que las asociaciones hoteleras están haciendo en este momento. El punto es que los grandes canales online como Expedia, Booking.com, Skyscanner, Airbnb, etc., están en posición de hacer mucho más que un solo hotel. Esta iniciativa de Milán tiene más de 200 hoteles hasta ahora, pero para Booking.com esto no es nada. Desafortunadamente es la realidad.

LG: Entre las medidas del sector se mencionan incentivos fiscales para viajar dentro de Italia, para motivar a los italianos a pasar vacaciones dentro del país y no en el extranjero.

SC: Sí, esto es algo que el sector turístico le está pidiendo al gobierno, y también está bien, pero no es suficiente. Creo que este año la gente en general viajará a lugares más cercanos a sus hogares debido al temor de que estalle un nuevo brote. La expresión en inglés “Staycation” para referirse a las vacaciones en el lugar de residencia, son de esperarse, ya que las personas no están seguras de la situación de salud en otros países.

Además, debemos tener en cuenta dos hechos: en primer lugar, las personas no están trabajando ahora, las empresas están cerradas y con serios problemas financieros. En segundo lugar, muchas personas están utilizando sus vacaciones ahora mientras sus hijos no van a la escuela, por lo que la pregunta es si tendrán suficiente tiempo más tarde durante el año para viajar.

En general, cuando las condiciones son “normales” en Italia, muchas empresas cierran durante el verano, especialmente en Agosto, por lo que es históricamente el mes de vacaciones y viajes. ¿Estas empresas cerrarán también este año después de estar cerradas durante dos meses aproximadamente? Para responder ésto, debemos esperar y ver cómo se desarrolla la situación. Cualquiera sea el resultado, no vendrá rápido.

LG: ¿Qué acciones prevées para el renacimiento del turismo italiano una vez que termine la pandemia?

SC: Como dije antes, no estamos en una situación de “on/off”, por lo que no podemos esperar que en Mayo se nos informe que el confinamiento ha terminado y que todo vuelve a la normalidad. Además, el fin de la cuarentena no va a suceder al mismo tiempo en todos los países. No sabemos cuándo los Estados Unidos o Alemania abrirán sus fronteras, por ejemplo, y ambos países son mercados extranjeros importantes para Italia. La pandemia no comenzó al mismo tiempo en todos los países y la situación está empeorando en este momento en el Reino Unido y los Estados Unidos. Por lo tanto, no lo veo fácil, ya que será un largo período para salir de la crisis. Este año probablemente será el año para sobrevivir y tal vez pensar en estrategias para el futuro.

Algunas personas dicen que el ENIT (la agencia nacional italiana de promoción turística) debería comenzar campañas en el extranjero y promover el país. ¿Cómo podría desarrollarse esta campaña? cuando hay un gran problema en Italia de competencia entre las regiones, que se promueven individualmente en lugar de trabajar juntas con un esfuerzo conjunto. Lombardía, Véneto, Trentino Alto-Adige o Sicilia, todas tienen su propia gestión, sus propios fondos y promoción.

Probablemente durante este año la pregunta no será por qué un viajero debería elegir Italia en lugar de España o Turquía, sino si va a viajar en absoluto. Para algunos, las llegadas de turistas locales salvarán la situación hasta cierto punto, pero no es una solución para todos. Solo pensemos en los hoteles de lujo en Italia, ¿podrán vender su servicio a los italianos? O destinos que dependen en gran medida de la demanda internacional, como el Lago de Garda. Es difícil imaginar que los turistas italianos sustituyan fácilmente a casi 20 millones de pernoctaciones de extranjeros.

EJ: ¿Pronosticas algún cambio importante de parte de la demanda? ¿Ves algún tipo de destino o experiencia en particular que podría beneficiarse después de esta situación?

SC: Espero que ocurran dos situaciones, una a corto y otra a largo plazo. A corto plazo, pienso que se realizarán viajes más cortos a destinos más cercanos, en un entorno libre de riesgos, con un presupuesto más bajo para vacaciones y soluciones “last minute”. En este escenario, algunos aspectos relacionados con la elección del viaje serán menos importantes y probablemente la sostenibilidad será uno de esos. La gente simplemente no lo priorizará a corto plazo.

A largo plazo, por otro lado, espero que las personas conecten la situación actual con nuestro comportamiento en los últimos 20 ó 30 años y cómo nuestro estilo de vida ha impactado el medio ambiente, el clima y el planeta en general. Por esta razón, creo que el próximo año el turismo sostenible tendrá un nuevo reinicio y será aún más importante. Al mismo tiempo, aquellos que han comenzado con experiencias sostenibles en el pasado finalmente comenzarán a crecer como negocio, y este tipo de oferta puede ser una solución para la crisis en el futuro. Quien haya invertido en el desarrollo sostenible del sector turístico finalmente tendrá éxito.

Del lado de la demanda, espero que los viajeros realmente presten más atención a los lugares donde pasan el tiempo, buscando lugares menos concurridos y evitando aquellos donde no pueden “manejar” la situación. Las experiencias al aire libre y en la naturaleza en general deberían ver un aumento en la demanda, lugares fuera de los itinerarios típicos, en vez de grandes complejos hoteleros.

LG: Si bien en tu opinión la sostenibilidad no será una prioridad para los viajeros o el sector a corto plazo, en los próximos años ¿te parece que será un aspecto primordial en la gestión del turismo?

SC: Creo firmemente que incluso a partir de la próxima temporada la sostenibilidad se convertirá en un aspecto importante en los viajes y en una prioridad para las empresas. A medida que la oferta cambia, también lo hace la demanda, por lo que también espero el aumento de la demanda de este tipo de experiencias. Seguramente habrá intentos de hacer “green washing”, pero estoy seguro de que la gente entenderá y reconocerá cuando este sea el caso. Los viajeros no esperarán que Venecia se vuelva sostenible, siempre estará abarrotada ya que solo hay una Venecia en el mundo, pero las personas dejarán de ir allí si no quieren ciudades abarrotadas.

Este es un extracto de la entrevista original publicada en Echoes of the Journey (en español e inglés): Sergio Cagol: «No estamos en una situación de on/off»

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Crisis del coronavirus vs. crisis climática: lecciones de un confinamiento forzado

La declaración del estado de alarma ante la crisis de la COVID-19 vació las calles españolas. Desaparecieron los coches, se desocuparon oficinas, aeropuertos y tiendas. La vida que conocíamos quedó relegada a una espera casera con el único objetivo de evitar el contagio del coronavirus y salvar vidas.

El cambio más notable fue el uso del coche. El cierre de los colegios y el teletrabajo en muchas empresas nos recluyeron en nuestros hogares. La polución, que cada año mata a miles de personas, se redujo en cuestión de horas, como ya ocurrió antes en China e Italia. Solo en la primera semana de confinamiento, el tráfico por carretera descendió un 60 %.

Según Greenpeace, los valores medios de dióxido de nitrógeno (NO2), el principal gas contaminante emitido por los vehículos, apenas han alcanzado el 40 % del límite fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE) desde el 10 de marzo, cuando se establecieron las primeras medidas de contención. Y los niveles de concentración no dejan de caer a medida que pasan los días.

Muchas de las costumbres que hemos dejado para superar la pandemia también servirían para la lucha climática. ¿Qué nos impide actuar entonces frente a esta crisis?

“Las sociedades solo reaccionan cuando hay un impacto negativo muy fuerte, como es el caso del coronavirus. Pero tenemos predicciones muy fuertes de que el cambio climático está incrementando los impactos de distinto tipo”, explica a SINC Jofre Carnicer, profesor de Ecología de la Universidad de Barcelona e investigador del CREAF y del IRBio.

Además del uso del coche durante la crisis de la COVID-19, las personas han dejado de hacer turismo, de consumir innecesariamente, de viajar en avión para una reunión de pocas horas, contribuyendo a generar menos emisiones de dióxido de carbono. Estos cambios se han producido a todos los niveles, incluso en las más altas esferas de la Unión Europea. “Ahora vemos que pueden hacer un consejo europeo online”, comenta Javier Andaluz.

Cuando existe voluntad social y política, la sociedad es capaz de tomar medidas que hace un mes hubieran sido impensables. En el caso de la COVID-19, los cambios de hábitos y de estilo de vida han sido asumidos por la cuidadanía por el número de fallecimientos y afectados, y por la saturación del sistema sanitario.

Una vez que acabe la emergencia sanitaria actual y finalice la cuarentena, habrá un efecto rebote para hacer lo que hacíamos antes incluso con más intensidad. “Eso sería lo previsible. Lo que a mí me gustaría es que esto sirviese para replantearnos en qué situaciones nos hacen falta el coche, consumir o coger un avión para asistir a una reunión”, indica Escrivà.

“Lo coherente es que cuando se acabe la crisis sanitaria superurgente del coronavirus, entendamos que hay otra crisis a largo plazo que ya está teniendo efectos y también demanda acción”, añade. Para ello, habrá que tener en cuenta qué está dispuesta a hacer la ciudadanía.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Agencia Sinc: Crisis del coronavirus vs. crisis climática: lecciones de un confinamiento forzado.

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Subturismo, la tendencia de viajes que plantea huir de destinos masificados

Frente a la masificación turística o el sobreturismo que registran algunos destinos, ha surgido un movimiento denominado subturismo, que se caracteriza por viajar a lugares situados fuera de las principales rutas turísticas y da prioridad a los denominados enclaves secundarios. Su principal objetivo es minimizar los efectos del turismo de masas en las grandes ciudades y determinados enclaves de costa.

Propone destinos más locales, como pueblos o zonas de interior como una alternativa más tranquila en los que, además, se suelen ofrecer experiencias de viaje más personalizadas.

Además, en los deplazamientos a estos destinos menos populares se incrementa el consumo de productos locales, lo que ayuda a desarrollar la economía local y a mantener la autenticidad del lugar.

Un reciente estudio de Booking.com, en el que analiza las tendencias de viajes para 2020, prevé también un aumento de los destinos secundarios entre las prioridades de los viajeros en este año. El informe sostiene que la idea de ir a lugares menos conocidos persigue, entre otros fines, reducir el exceso de turismo y proteger el medio ambiente.

Detalla que e 54% de los viajeros globales quiere hacer algo para ayudar a reducir el turismo excesivo, mientras que el 51% estaría dispuesto a cambiar su destino original por uno menos conocido, pero similar, si ello redujese su impacto medioambiental, según se recoge en dicho documento.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: “Subturismo, la tendencia de viajes que plantea huir de destinos masificados”.

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Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria

El atractivo de la Reserva de la Biosfera Maya suscita desde hace décadas el interés de inversionistas foráneos que ponen a la cola las necesidades y dinámicas de las comunidades campesinas. Todo ello en un país que enfrenta grandes retos de desarrollo socioeconómico. 

Guatemala ocupa actualmente el puesto 126 de 189 países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con marcadas diferencias en acceso a servicios e igualdad de oportunidades laborales y académicas. En términos generales, tal y como se indica en el informe anual del PNUD, los países de América Latina han tenido avances en la lucha contra la pobreza. Sin embargo, Guatemala va contra corriente. Los niveles de pobreza y pobreza extrema han aumentado en el país, cuando en el resto de la región la tendencia ha sido a la baja, lo que alimenta la desigualdad.

De hecho, según un informe del Banco Mundial de 2014, ya por entonces Guatemala era el cuarto país más desigual de Latinoamérica. A pesar de aumentar su Producto Interior Bruto (PIB) en un 3% anual de media en lo que va de siglo, incluso pudiendo superar el 4% en este 2020, los beneficios de dicho crecimiento repercuten en una minoría de su población. Un hecho constatable teniendo en cuenta la tasa de pobreza del 60% que soporta y el mayor índice de trabajo infantil de toda América Latina, con más de 850.000 menores integrados en el mercado laboral. Un dato que va muy de la mano con otro aún más sangrante. Según los cálculos más recientes, en Guatemala uno de cada dos menores de cinco años sufre de desnutrición crónica, una cuestión que tiene que ver con las escasas posibilidades de desarrollo y precarias condiciones de vida.

El Altiplano guatemalteco, así como el departamento de Alta Verapaz, han sido regiones olvidadas por muchos años por parte del Estado, con limitaciones muy altas en términos de inversión pública en el acceso a la justicia, infraestructura, salud y educación. La alta ruralidad del país, con más de siete millones de personas (el 44% de la población total) viviendo en municipios muy rurales, aunado a una carga tributaria tan baja e ineficiencia en su ejecución, hace que no alcancen los recursos para atender las demandas sociales más básicas.

Al hilo de esa escasa recaudación fiscal, como una de las principales causas, cabe indicar que el promedio nacional se ubica en el 21,3%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Guatemala es, en este sentido, el país con la carga tributaria más baja de América Latina y el Caribe, equivalente sólo al 13% del PIB nacional. En el caso de una correcta gestión de los impuestos directos sobre la renta que pagan las personas y el que pagan las empresas sobre sus beneficios, se podría hablar de una cierta compensación de dicha desigualdad, ya que en teoría pagaría más el que más gana o el que más riqueza tiene. Sin embargo, Guatemala ostenta el dudoso honor de tener el menor porcentaje de ingresos públicos en el mundo, en relación con el tamaño de su economía. Una circunstancia que conlleva, por ejemplo, que la inversión educativa sea de apenas el 2,9 por ciento del PIB, la más baja de toda Centroamérica, según constata la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). Al cóctel hay que añadir una tasa del 12% de analfabetismo, con más de 1,2 millones de personas mayores de 15 años que no saben leer y escribir.

El turismo como tabla de salvación

Ante esta coyuntura, y como casi siempre, el turismo emerge como un posible bálsamo al que agarrarse. Ya en la actualidad, el sector supone una de las actividades productivas más importantes, con un peso del 5% en la economía nacional, sólo superada por las divisas generadas por el envío de remesas de guatemaltecos emigrados en el exterior. Según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), se estima que el turismo generó en 2019 más de 173.000 empleos directos, con la previsión de aumentar alrededor de un 3% anual hasta alcanzar los 247.000 en 2025.

Imagen de Javier Tejera

Con 32 volcanes, playas en el océano Pacífico y el mar Caribe, sitios arqueológicos, exuberancia natural y tradiciones arraigadas, Guatemala es un atractivo natural en la región centroamericana. Con apenas un 2% de superficie urbanizada, la naturaleza está muy presente, sobre todo en la vasta región de Petén, en donde las 2,2 millones de hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM) lo monopolizan todo. No obstante, el turismo en Guatemala está muy centralizado en la capital a través de unas pocas empresas, que lo manejan todo a escala nacional. 

Esta circunstancia dificulta un desarrollo equitativo del sector que genere oportunidades de desarrollo socioeconómico para las comunidades rurales y campesinas del país. Las políticas de promoción, al mismo tiempo, proyectan una realidad de fachada con contenido contradictorio. Por ejemplo, durante la Feria Internacional de Turismo FITUR, celebrada recientemente en Madrid, Guatemala se presentó como un destino gastronómico para los visitantes extranjeros, con el objetivo de complementar sus atractivos culturales y naturales. Una diferenciación que queda en entredicho cuando se contrapone con los datos de desnutrición crónica en muchas de las áreas rurales del país. 

La RBM, un creciente polo de atracción de visitantes

A pesar de la centralidad en la gestión del modelo turístico, cada vez son más los turistas que se interesan por Petén. Con más de 250.000 visitantes nacionales y extranjeros registrados en 2019, el Parque Nacional de Tikal aglutina en la actualidad el 90% de los visitantes que llegan a la RBM. Una cifra que ha ido incrementándose exponencialmente en los últimos años. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, desde entonces ha sido uno de los principales recursos turísticos del país. Según un estudio de TripAdvisor en 2016, el Templo IV del Parque Nacional Tikal es el recurso turístico mejor valorado por los visitantes que llegan a Guatemala, lo que da una idea de su importancia para el sector del país. 

A pesar de estas cuestiones, se puede afirmar que el crecimiento turístico en Tikal se ha dado de forma desordenada y priorizando más bien poco los intereses de las comunidades locales. Una mayoría de empresas que operan en el parque son foráneas, hay poca redistribución de beneficios y una presencia institucional débil, con poca participación de las comunidades. Se han destapado casos de corrupción graves en la gestión del dinero procedente del cobro de entradas, así como episodios de conflictividad interna entre trabajadores, por lo que se ha externalizado el sistema a través de agencias bancarias autorizadas.

Del mismo modo, quedan por resolver graves asuntos medioambientales relacionados con la generación de residuos y el manejo de la escasez de agua en la zona, principalmente en los momentos de mayor afluencia de visitantes en el año. Esta es, de hecho, una realidad del contexto de Petén para todos los lugares arqueológicos con potencial de visitación. En todo caso, el atractivo de la zona, ejemplificado en el Parque Nacional de Tikal, ha sido un elemento nuclear de disputa entre los intereses foráneos y las necesidades u oportunidades de las comunidades residentes. 

Megaproyectos turísticos frente a necesidades de comunidades locales

En el 2002, el arqueólogo estadounidense Richard Hansen, financiado por el Global Heritage Fund, presentó el proyecto turístico llamado Zona Arqueológica Especial Cuenca Mirador. Según el científico, el turismo sería la única salvación para el desarrollo económico de Petén, defendiendo un modelo que proyecta hoteles en el bosque y un sistema de ferrocarril para transportar a los visitantes. Sus cálculos hablan de más de 80.000 visitantes por año en el plazo de una década, en una zona apenas visitada en la actualidad. No obstante, la propuesta de Hansen considera, dentro de sus límites espaciales, áreas que corresponden a las unidades de manejo de las concesiones forestales, entre ellas la de Carmelita (recientemente renovada). 

Precisamente, ante la prórroga de las concesiones forestales comunitarias agrupadas dentro de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP) en la Zona de Usos Múltiples de la RBM, ha habido intentos desde algunos ámbitos políticos y empresariales de dejar fuera al turismo del concepto integral de manejo de las áreas. Esta cuestión, de hecho, está suscrita bajo un contrato con el Estado, lo que supone una contradicción. A nivel del marco normativo y del respaldo legal que da la Ley Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala, pero también por concebir al turismo como un sector desligado de la dimensión conservacionista y de otras actividades productivas en la zona. 

Por esta razón, proyectos como este liderado por Hansen afectarían a comunidades locales que se benefician actualmente de derechos de uso, acceso, extracción y manejo de los recursos de acuerdo con procesos legales de contratos de concesión. En la actualidad, el acceso a El Mirador es uno de los circuitos de trekking más reconocidos en la región. Requiere de cinco días en total para su realización a pie, dos días de caminata a la ida y otros dos a la vuelta. El Mirador se sitúa en una ciudad fundada en el Preclásico Medio y que, según los expertos, es uno de los sitios del origen de la civilización maya. Siguen siendo muchas las expectativas e intereses generados con este lugar, con presencia cada vez mayor de actores externos y una presión turística incipiente que va en aumento.

Imagen de Javier Tejera

Las diferentes visiones en torno a la conservación y puesta en valor de El Mirador, principal recurso turístico del entorno de la comunidad de Carmelita, que recibe ahora mismo la visita de unos 2.000 turistas al año, es el epicentro de numerosas disputas, controversias y conflictos de intereses. Frente a los derechos adquiridos por la comunidad y de otras adyacentes como Uaxactún, hay arqueólogos, funcionarios, empresas privadas y organizaciones ambientalistas que difieren sobre la mejor fórmula para avanzar en la gestión y conservación de este recurso. A grandes rasgos, quien usa el área, quién la controla y quién se beneficia.

El caso de El Mirador no es circunstancial, sino que más bien pone el foco en un problema que puede ser de raíz. Las presiones externas e injerencias foráneas pueden crear fragmentación social en el seno de las comunidades, sobre todo en relación con el debate sobre el mejor modelo de desarrollo turístico. Frente a eso, debe quedar la convicción de que una experiencia única en la interpretación del patrimonio natural y arqueológico de la zona pasa por la interacción del visitante con la comunidad. 

No sólo eso. También pasa por el fortalecimiento de un modelo a pequeña escala, gestionado por las propias comunidades, en donde primen variables cualitativas sobre las cuantitativas, incluyendo el turismo dentro de concepto de manejo integral de las áreas concesionarias. El manejo forestal sostenible, corroborado por todo tipo de indicadores y entidades conservacionistas internacionales, es el mejor aval para apostar por el buen hacer de los comunitarios con el turismo a desarrollar a medio y largo plazo en la zona. 

Este artículo ha sido originariamente publicado en Albasud y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria.  

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Reducir el desperdicio alimentario por las personas, por el planeta

Frutas, verduras frescas, yogur, queso, refrescos, vinos, leche, carne y pescado. Esta enumeración bien podría formar parte de nuestra lista de la compra o ser la descripción de lo que alberga la nevera de casa. Sin embargo, se trata de los alimentos que con mayor frecuencia acaban en la basura de los hogares españoles. En tan solo un año, el volumen de esa comida y bebida desechada alcanza los 1.339 millones de kilos/litros. A nivel global, la cifra se eleva hasta los 1.300 millones de toneladas según datos de la FAO. Dicho de otro modo, esto significa que un tercio de los alimentos globales no llegan a utilizarse y que los recursos implicados en su producción, distribución y venta van a parar a la nada. Y eso no es todo. Según un informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, solo el desperdicio alimentario causa el 10% de los gases de efecto invernadero. Ante estos datos, la pregunta es obligada: ¿cómo podemos acabar con el despilfarro de comida?

Para Gema Escrivà de Romaní, directora general del Banco de Alimentos de Madrid, una regulación que permita llevar lo que restaurantes y negocios desechan a personas en situación de vulnerabilidad ayudaría a abordar el objetivo de acabar con el hambre. En todo el mundo millones de toneladas de alimentos acaban en la basura sin ni siquiera pasar por nuestro plato, mientras que el 10,5% de la humanidad sufre desnutrición. Por eso, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se orienta en garantizar el hambre cero.

El presidente de Madrid Restaurantes Sostenibles y jefe de sala del restaurante Coque, Diego Sandoval, coincide con esta idea: «el primer paso para acabar con el desperdicio es mirar hacia atrás, volver a la cocina de nuestros abuelos donde los alimentos se aprovechaban al máximo porque tenían un gran valor». Con este horizonte y la misión de convertir el sector de la restauración en uno más sostenible, nació en 2011 el movimiento colaborativo de Madrid Restaurantes Sostenibles que reúne a entidades, profesionales y empresas para transformar el sector en uno más respetuoso con el medio ambiente. Una de las actividades más recientes llevadas a cabo por el movimiento es el de utilizar los desechos alimentarios como compostaje para huertos propios.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ethic: Reducir el desperdicio alimentario por las personas, por el planeta.

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