Un crucero contamina como 5 millones de coches

Los buques de cruceros, no sólo ocasionan daños medioambientales significativos, también son extremadamente perjudiciales para la salud debido a su escape. Esto lo evidencia el informe de 2016 del rendimiento medioambiental de los buques de crucero elaborado por la organización alemana sin fines de lucro NABU. Por eso es importante conocer si contamina un crucero y cuáles son sus consecuencias.

Partimos de una aterrador dato: para la misma distancia recorrida, un crucero contamina como cinco millones de coches. Esto se debe principalmente al tipo de aceite del combustible utilizado por los motores, que contiene hasta 3.500 veces más azufre que todos los demás vehículos en el continente.

Por otra parte, incluso ahora el 80% de los cruceros que navegan en Europa, no utilizan ningún sistema de purificación del gas de escape. Sin la tecnología para reducir el NOx en los gases de escape, tales residuos queman enormes cantidades de contaminantes peligrosos para el aire, tales como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y de carbono. Estas sustancias, que también pueden viajar por kilómetros, son la causa de la acidificación del suelo, el agua, la eutrofización de lagos y zonas costeras. También pueden ser co-responsables de enfermedades graves, como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares.

Hay tecnologías que pueden reducir las emisiones de los barcos, pero no se utilizan, porque obviamente quieren lograr una mayor ganancia.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ecobnb: Un crucero contamina como 5 millones de coches?.

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¿Apagar el aire acondicionado para enfriar el planeta?

En el metro, en los bares y cafeterías, en la oficina, en las escuelas, en casa… no hay lugar que se resista a ese «fresquito» que aplaca el calor infernal de la calle en plena temporada estival. El uso de los aparatos de aire acondicionado se ha extendido por el mundo entero, y cada vez va a más: algunos hogares llegan a tener uno en cada habitación. Estados Unidos dedica un 5% de la energía total utilizada en el país tan solo a enfriar hogares y edificios. En lo que llevamos de siglo XXI, México ha pasado de usar aire acondicionado en el 13% de los hogares a hacerlo en el 81%. En España, no nos quedamos atrás: el 49% de nuestros hogares tienen aparatos de refrigeración.

Según un estudio del Lawrence Berkeley National Laboratory antes de 2030 habrá instalados alrededor de 700 millones de aparatos de aire acondicionado en todo el mundo. A este ritmo, en 2050 serán 1.600 millones los equipos que invadirán nuestras casas. En términos de uso de electricidad y emisiones de gases de efecto invernadero, equivaldría a la aparición de varios países nuevos. 

Sin embargo, podemos buscar el lado positivo a esta situación. Que cada vez una población mayor en países vulnerable acceda a la instalación y uso de aires acondicionados ayuda a proteger a esas personas de las altas temperaturas que se dan, en especial, en zonas en proceso de desertificación. El estudio de Berkeley asegura que si somos capaces de conseguir que nuestros aparatos de aire acondicionado —los ya instalados y los que están por instalar— sean un 30% más eficientes, ya sería suficiente como para aplacar las emisiones de efecto invernadero que los nuevos aires aportarán a la atmósfera.

Las instalaciones eficientes tendrían un impacto más sustancial en el planeta que los mayores proyectos de energía renovables existentes hasta ahora. Imaginemos entonces lo que ahorraríamos si todos los aires fuesen un 50% más eficientes, como es el caso de algunos mini-split fabricados actualmente en Corea. Si los fabricantes innovan y los usuarios demandan eficiencia, podríamos evitar millones de emisiones nocivas a la atmósfera.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Revista Circle: ¿Apagar el aire acondicionado para enfriar el planeta?.

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Holanda aparca la promoción turística por la masificación

Atención: la oficina de Turismo de Holanda, fundada para promover el turismo en ese país, ha anunciado  que dejará de hacer promoción para trabajar en la gestión del turismo que ya tiene el país, que está desbordando su capacidad y que empieza a ser considerado “sobreocupación”. Es el primer caso de un país desarrollado cuya oficina de Turismo decide dejar de buscar turistas y, en su lugar, se dedicará a gestionar los flujos.

La decisión holandesa está vinculada al anuncio de que el país pasará pronto de los 19 millones de visitantes anuales a los 29, “lo cual no pensamos que sea necesariamente una buena noticia”, indicaron fuentes oficiales del país. Los responsables de la oficina de Turismo indicaron que ha llegado el momento de concentrarse en la gestión del turismo, por lo que desde ahora se van a centrar en controlar los flujos. “Hemos de actuar ahora”, dijeron. “En lugar de promoción del destino, ahora es el momento para gestionar el turismo que ya tenemos”.

Los objetivos centrales son los de llevar los turistas a lugares menos visitados y esparcirlos en momentos del año con menos visitantes. Hoy, indica este organismo público, muchas atracciones comienzan a no ser visitables por el exceso de gente.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Preferente: Holanda aparca la promoción turística por la masificación”.

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Así queda una bolsa de plástico biodegradable después de tres años metida en el mar

Autor: UNIVERSIDAD DE PLYMOUTH

Richard Thomson fue el investigador que utilizó el término ‘microplástico’ por primera vez en 2004. Ahora, este gran conocedor del impacto ambiental masivo de los minúsculos fragmentos de plástico, que ya están por todas partes, ha dado un paso más junto a su colega Imogen Napper: comprobar que las bolsas de plástico biodegradable no solo no desaparecen en el entorno, como presumen los mensajes comerciales, sino que, o se descomponen en estos minúsculos residuos, volviéndose contaminación casi invisible, o mantienen su estructura prácticamente intacta.

El equipo de Thomson y Napper, que trabajan en la Universidad de Plymouth, una ciudad al suroeste de Reino Unido, han presentado esta semana un experimento inédito que ha durado tres años. El 10 de julio de 2015, los investigadores colocaron bolsas de plástico biodegradable, compostable y convencional que habían ido recogiendo en tiendas de su ciudad y las situaron: bajo tierra en la Universidad, dentro del agua en el puerto Queen Anne’s Battery y al aire libre en uno de los muros del campus. “Queríamos monitorizar su deterioro durante tres años, y lo que mostramos es que no se puede confiar en ninguno de estos materiales para deteriorarse completamente en estos tres entornos; no ha habido un resultado consistente respecto a su degradación, los cambios eran tan mínimos que aún se podían usar para llevar la compra a casa tres años después”, explica Thomson desde Plymouth.

En los últimos años hemos visto extenderse alternativas al polietileno, el material del que están hechas las bolsas de plástico convencional, a base de plantas como el maíz o tubérculos como la patata, y certificadas bajo determinados estándares. Pero Thomson y sus colegas, especializados en contaminación de basura plástica en los océanos, van un paso más allá: “¿Cuál es la ventaja de estos materiales?”, se pregunta Thomson. “No se degradan rápidamente y, aunque se usen los canales tradicionales de reciclaje, estos polímeros son difíciles de reciclar porque, al tener componentes que se degradan, comprometen la naturaleza de los productos reciclables”.

De hecho, en su investigación, advierten: “Dado el creciente interés por productos que indican resultados ambientales mejores, deberíamos tener cuidado de que estos productos no estén animando sin darnos cuenta a abandonarlos en la naturaleza”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Diario: Así queda una bolsa de plástico biodegradable después de tres años metida en el mar”.

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Turismo de calidad versus turismo de masas: polémica servida

Durante una mesa redonda en el foro Summit Barcelona se generó un intenso debate cuando se intentó definir el concepto “turismo de calidad”.

Y es que según apuntó Enric Fernández, director Corporativo de Planificación Estratégica y Estudios de CaixaBank, “la respuesta dependerá del punto de vista: del turista o de la sociedad que acoge el visitante”.

En este sentido, puso un ejemplo hipotético extremo:

“Un turista puede valorar con un 9,8 una borrachera de fin de semana en un viaje de fin de semana, pero desde el punto de vista del destino puede que no sea así”

Y puestos a pedir ¿Cuál sería el turista ideal con un gasto diario de 200 euros por ejemplo? “Aquel que viniera de cerca para disminuir su huella de carbono, que no concentrase su estancia donde van todos, que tuviera potencial de repetir, y que viniera en un mes valle”.

Ahora bien, concluyó, “Masas y calidad están reñidos, porque sacrificas atractivo. El turismo masificado significa que dañas más que lo que aporta el número de turistas”.

En cambio, Ricard Santomà, Decano de la Facultad de Turismo y Dirección Hotelera de Sant Ignasi, manifestó su rechazo a emplear el concepto “turismo de calidad”, que definió como “un título trampa. Nunca me ha gustado”, indicó.

“La gente suele asociar el turismo de calidad con el turista que gasta más y para mí esto es un error”

“Un turista que gasta más no es ni mejor ni peor que otro que gasta menos”, remarcó Santomà. Por ejemplo, recordó, la preocupación por el medio ambiente es algo que no depende del poder adquisitivo del viajero.

Ricard Santomà también hizo referencia a la capacidad de carga, un concepto escurridizo cuando se habla de masificación turística. “Se suele calcular poco y mal. Podemos conocer la capacidad de carga de ciertas zonas… ¿Pero de una ciudad entera?”

Si en algo fueron coincidiendo los ponentes es que la definición de turismo de calidad dependerà de “a quién le preguntes”, según apuntó Carlos Díez de la Lastra, CEO, Les Roches Marbella.

“Probablemente, el 80% de las empresas y el sector público dirán que el turismo de calidad es el que más gasta. Pero si preguntas al ciudadano que está conviviendo con los turistas, la cosa cambia”.

“Los vecinos perciben que, por mucho dinero que dejen los turistas, a ellos no les compensa, porque estropea su calidad de vida. ¿Cómo compensas a esa población?

Otro vector a tener en cuenta para establecer cuándo nos encontramos ante el llamado “turismo de calidad” es si la actividad turística interactúa con otros sectores económicos, por ejemplo el tecnológico, científico, etc. Así lo apuntó Conrad Llorens, fundador de la firma consultora Summa.

“No se trata solo del poder adquisitivo. El turismo de calidad sería aquel que aporta valor a la ciudad de una manera global. Que no solo cree valor en el ámbito turístico, sino en la interacción con otros sectores”

¿Y qué pasa con el turismo de masas y el turismo de calidad, son compatibles? “Hoy el verdadero lujo es la exclusividad. Un poco reñidos si que están ambos conceptos, pero seguro que hay manera de vehicular ambas cosas. Si tienes cierta masificación y el turismo va a seguir creciendo… algo tienes que hacer”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: Turismo de calidad versus turismo de masas: polémica servida”.

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