Hemeroteca rural: el salvaje oeste de Puentedura

Hasta el paisaje más desolado derrocha posibilidades e historias que no aparenta, ocultas en sus estratos por el paso del tiempo y por la vegetación. El reto es vivificar esos paisajes que no nos dicen nada, o liberar los que reducimos al localismo, agrarismo o tradicionalismo. Como prueba, escojo un hotel sostenible, Sabinares de Arlanza, en Puentedura, Burgos, ubicado entre bosques de sabinas y desfiladeros, escenario del western El bueno, el feo y el malo (una ruta recorre sus localizaciones). La consulta superficial en la hemeroteca de ese nombre, Puentedura, demuestra cómo en el s. XIX este lugar fue irónicamente escenario de acontecimientos dignos del Salvaje Oeste, y de cine, pero ambientado aquí, no en América.

La referencia más antigua tiene fecha del miércoles 16 de mayo de 1821, y describe la persecución del “faccioso Merino”. Es el contexto del Trienio Liberal que desataría la Guerra Realista. La reseña extractada dice:


La segunda referencia, muy breve, es del lunes 22 de enero de 1849, y dice:

Burgos 19. -El Estudiante con otros siete se ha dejado ver en Puentedura. Las columnas le acosan y pronto darán cuenta de él y sus restos.

Investigando un poco, descubrimos que la zona es entonces escenario de la guerra de los matiners (madrugadores), así llamados porque sus miembros atacaban antes del amanecer. Uno de sus líderes en la región se hace llamar “el Estudiante”, incendia diligencias y asesina alcaldes, entre ellos el de Puentedura:

El Capitán general de Burgos publica en respuesta el siguiente Bando:

Hago saber: que Antonio Arnaiz (alias) el Estudiante de Villasur, antes del 23 de noviembre último en que se presentó como cabecilla de una facción montemolinista, tenía sobre sí tres sentencias de pena capital en garrote vil, todas por delitos comunes (…). Reducido hoy á la condición inicua de un capataz de bandidos, acaudillando nueve ó diez criminales sujetos todos por delitos anteriores á la última pena, quema las casas y ganados de moradores pacíficos, asesina con prodigalidad bárbara á honrados é indefensos alcaldes, padres de numerosa familia, ejerciendo terror defrauda las aldeas más empobrecidas (…).

El bando concluye ofreciendo una recompensa por su cabeza:

Para terminar, una estampa más ligera y costumbrista de 1895:

¿Qué tiene que ver todo esto con el turismo sostenible? ¿O siquiera con el turismo rural? Ser una mina de storytelling. Tenemos la idea infundada de que la historia del planeta corre pareja a la nuestra. Como si su paisaje evolucionase también de forma lineal, no cíclica, tras nuestra idea de progreso, pasando página bajo cada generación. La Hemeroteca rural desmiente esto, presenta la naturaleza de forma atemporal y ajena a nuestro calendario, y refresca el valor y vigencia de paisajes que nos parecen atrasados, devolviendo a un bosque la trascendencia humana que tuvo y sigue teniendo en potencia. La hemeroteca rural vivifica y da sentido a cualquier rincón olvidado, algo que podemos aprovechar para destapar las mil y una historias que deposita el paisaje.

Este artículo ha sido escrito por Aldán: periodista, colaborador en Travindy y partícipe de la revolución sostenible del turismo y los viajes.  Te invitamos a seguir su cuenta en Twitter.

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¿Por qué se visitan lugares asociados con la muerte y el sufrimiento humano?

El llamado turismo oscuro, negro o de dolor (Dark Tourism, por su origen en inglés) se trata de viajar a sitios asociados con la muerte, desastres naturales, actos de violencia, tragedia y crímenes contra la humanidad. También podría incluir viajes a puntos de interés políticos peligrosos.

Si bien los datos sobre el número de personas que se embarcan en turismo oscuro no son fácilmente accesibles, hay indicios de que esta actividad se está volviendo cada vez más popular (basta con buscar en Google y ver que existen más de 1 millón de búsquedas asociadas).

Algunos estudiosos han argumentado que el turismo oscuro es similar al voyerismo: es decir, cumplir con el deseo de lo prohibido. Otros investigadores sin embargo, han encontrado poca evidencia de que la gente está interesada en la muerte per se. No obstante, el motivo más común argumenta el deseo de aprender sobre los acontecimientos pasados, una curiosidad que impulsa un interés en tales sitios.

La cuestión que surge entonces es si es ético promover visitas a, como en el caso de la reciente apertura controlada al turismo de Corea del Norte, un régimen represivo que es repetidamente citado por violaciones de derechos humanos. Esta pregunta es pertinente a todas las localidades turísticas que tienen registros cuestionables de derechos humanos, desde China a Hungría.

¿Y qué de los lugares de sufrimiento humano de los desastres como la central nuclear de Chernobyl en Ucrania, o de los regímenes fascistas que ya no existen como los campos de matanza de Phnom Penh, Camboya? ¿Están libres de restricciones éticas?

Este texto es un resumen del artículo publicado en The Conservation. Puedes leer el artículo original en este enlaceWhy tourists go to sites associated with death and suffering. 

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Cuando el turismo llega a su capacidad máxima: el cierre de la isla de Holbox

Si ustedes son residentes de algún destino turístico, el que sea, seguramente la idea de cerrarlo al turismo les ha pasado por la cabeza más de una vez: ya sea después de estar una hora atrapados en el tránsito en plena temporada alta, o después de ver en las calles la cantidad de gente y la basura generada por su estancia, o el deterioro de espacios públicos y sitios de gran valor natural o cultural por falta de una buena gestión, entre otros.

Pues este pensamiento lo comparten muchos ciudadanos de sitios turísticos que están siendo víctimas de lo que Elizabeth Becker observa en su libro Overbooked, The Exploding Business of Travel and Tourism: un turismo en crecimiento y descontrolado.

La gestión del turismo en los destinos, que según las estadísticas seguirá aumentando en el mundo y en México en los siguientes años, es uno de los grandes retos que tenemos aquellos que nos dedicamos a esta actividad: ¿cómo seguir generando beneficios de esta noble actividad, sin acabarnos los recursos naturales y generando beneficios locales?

El fin de semana, habitantes de la isla de Holbox, en Quintana Roo, uno de los destinos emergentes más importantes del país, que en los últimos años se ha posicionado como un paraíso para el turismo natural y de bajo impacto decidieron, en conjunto con asociaciones empresariales y gremiales, impedir el acceso de visitantes al destino, por considerar que la Isla se encuentre en “estado de emergencia”.

Las acciones que se han realizado desde el Gobierno Federal y Estatal, como la clausura de 36 hoteles por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, o el saneamiento del sitio de transferencia y la propuesta de recolección de residuos diferenciados por parte de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente Estatal, han sido acciones importantes, pero no llegan al fondo del problema.

¿Y cuál es el fondo entonces? Primero, que seguimos repitiendo el mismo modelo de desarrollo que en otros sitios del mundo, el país y el estado, cuando muchas veces se ha hablado que el modelo está agotado y hay que diversificar; segundo, que seguimos pensando que el éxito de un destino se da por el número de visitantes y nuevas inversiones, cuando hay sitios que lo último que requieren es precisamente eso; tercero, que aunque hay legislación que cumplir, sigue sin publicarse el Programa de Manejo del Área Natural Protegida (si, Holbox se localiza en el Área de Protección de Flora y Fauna de Yum Balam) lo que de alguna forma limita la acción de la autoridad.

Y la medida del cierre es extremadamente drástica; pero imaginen ustedes que en la Isla viven 3,000 personas, y llegan a recibir hasta 7,000 turistas en un solo momento; si el lugar donde viven, donde nacieron, o al que adoptaron tuviera ya seis días sin abastecimiento de agua, con un pésimo manejo de sus aguas residuales, con colapsos por el sobreuso de electricidad, yo creo que tomarían la misma decisión de no permitir que el caos siga reinando.

¿Qué puede hacerse? ¿Cerrarlo? No, porque la medida también afecta a todos aquellos que de alguna forma viven legalmente del turismo, y cuyas familias dependen de la actividad.

Primero, se requiere una intervención urgente de autoridades federales, estatales y municipales para atender lo urgente: abasto de agua, energía y buen manejo de aguas residuales; segundo, llevar a cabo un buen estudio de Límite de Cambio Aceptable y Capacidad de Carga, instrumentos que regulan la actividad de turismo en Áreas Protegidas y, a partir de ahí, establecer estrategias de manejo.

¿Cómo cuáles? Limitar visitas, decidir qué turistas queremos que lo visiten, cobrar un impuesto especial a turistas y crear un Fideicomiso que gestione los fondos para trabajos de mantenimiento de infraestructura, posicionar Holbox como un sitio único, al que la gente tenga que reservar con anticipación para poder llegar (aquello que vale la pena debe costarnos trabajo), limitar la infraestructura hotelera y regular fuertemente otro tipo de establecimientos, crear un órgano de gestión de destino ciudadano que tome decisiones, y realizar una promoción muy especializada de la joya que es el sitio, y de la gran oportunidad, pero también compromiso, que adquiere el turista a visitarlo.

¿Cerramos entonces? Sí, pero solo con miras a realmente generar un modelo de turismo sustentable en la entidad, porque me consta, que un turismo bien gestionado, puede funcionar como una herramienta de conservación de los recursos y de mejora de la calidad de vida de las personas. Holbox se merece eso.

Este artículo ha sido publicado originalmente en Sustentur. Puedes acceder al artículo en este enlace.

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Biodiversidad y turismo ¿hablamos de la nueva eco-nomía?

El binomio biodiversidad y turismo viene casi siempre acompañado de cierto temor, y no es para menos puesto que cuando alguien pretende servir este cocktail en la misma copa, la melodía “amenaza” comienza a retumbar. Estamos atrapados en esa maraña que denominan globalización, perdidos en una isla salvaje conocida como la crisis institucional y de valores de nuestro siglo… acercándonos sigilosamente a una destrucción en masa de la que cada uno de nosotros somos partícipes. Con este panorama, ¿alguien se puede creer la milonga de que el turismo y la biodiversidad pueden salir a pasear y tomar un té a las 6? Lo cierto es que no, somos y seremos una sociedad de consumo por antonomasia.

Si bien es cierto que el ritmo al que perdemos o degradamos ecosistemas y especies traspasa cada año su propio límite de regeneración, es tan preocupante o más la extensión y envergadura que adquieren esos impactos negativos sobre el medio, vaya, sobre nuestro día a día aunque no lo parezca. Si encima vinculamos nuestro ocio a un sistema tan frágil y poco valorado, resulta que el temor al desarrollo en esta dirección va in crescendo.

“Conservación de la biodiversidad” ¿conserva…quéeee? Se escucha al fondo de la sala. Sí, es cierto, no podemos frenar esos impactos negativos que nuestro entorno sufre diariamente, pero podemos minimizarlos, revertirlos y dar una respuesta positiva como viajero, empresa o institución. No lo podemos negar, el desarrollo del turismo en un territorio está intrínsecamente ligado a la propia riqueza de sus recursos y su biodiversidad. Sin estos dos ingredientes, no hay cocktail que valga.

En la cabeza de algunas personas ya están apareciendo “bitcoins” porque claro, esto de ser sostenibles y comportarnos con la biodiversidad tiene que tener un precio. Nos guste o no poner precio a algo que da la impresión de ser de todos pero pertenecer a nadie suele ser algo poco popular. La tragedia de los comunes, lo llaman, una situación que en nuestras mentes cortoplacistas y en nuestro mundo de la inmediatez, parece no tener cabida. La certeza de que lo invertido en proyectos en los que se integre turismo y biodiversidad no sólo tendrá incalculables beneficios ambientales, sociales y económicos en el presente y en el futuro, si no que es un factor clave si queremos seguir en el negocio de los viajes.

Parece el momento adecuado de re-definir el mítico concepto de “turismo” y convertirlo en algo más integral, que no se limite a la mera definición de “viajar a lugares distintos a la residencia habitual por plazo superior a blablabla..”. Los tiempos han cambiado, y esto se debe hacer notar en los mismos conceptos y definiciones tradicionales. El “turismo” implica todo lo anterior, pero además debe constatar la responsabilidad de proteger y salvaguardar aquello que se visita, así como respetar a aquellos que lo habitan.

Seamos inteligentes y cultivemos conciencia, apostemos por un sector turístico contemporáneo, una mentalidad acorde con las necesidades de la población local y los viajeros, una metodología de trabajo vinculada al turismo sostenible. Solo en Castilla-La Mancha la Red Natura 2000 ocupa un 23% del territorio total, lo siento soy una “rara avis” pero ¿no os sugiere nada este indicador?. Tras el reciente incendio del Parque Nacional de Doñana, muchos ahora saben que es la mayor reserva biológica de Europa, ¿tienen que ocurrir desastres ambientales y humanos para que valoremos lo que tenemos o, en ocasiones por desgracia, lo que teníamos y hemos perdido?

El turismo ha cambiado, es el momento de darle forma a un sector que defina bien nuestro territorio, lo respete y que turismo y biodiversidad sean esa nueva eco-nomía que aporte índices más sabrosos que las meras pernoctaciones y el gasto por turista que poco o nada aportan a lo mucho o poco que crece un destino.

Y por cierto, hagamos uso de ese Plan Sectorial de turismo de naturaleza y biodiversidad 2014-2020, ya puestos.  Démosle un impulso a proyectos en pro de la conservación y bajo el paraguas el turismo sostenible, delimitando la huella negativa y positiva que nuestra actividad genera. Seamos realistas, el turismo de nuestra era debe ser un vehículo para promover la importancia de la biodiversidad, es el estándar de calidad al que debemos aspirar.

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El turismo intergeneracional como herramienta de diversificación del territorio

En la vida, pocas relaciones humanas son tan especiales, intensas y bonitas como la relación que se da entre nietos y abuelos. Es precisamente este colectivo, los abuelos que viajan con sus nietos, los protagonistas del proyecto SENINTER.

SENINTER presenta un modelo turístico que potencia las relaciones intergeneracionales mediante el viaje. El proyecto nace gracias a una financiación de la Comisión Europea para potenciar el turismo responsable transnacional, por lo que el eje del mismo gira en torno a los países de la Unión y su patrimonio cultural material e inmaterial. En este caso en concreto, el grupo de trabajo se compone de socios en Italia, Eslovenia, Bélgica y España; siendo la unión público-privada el gran potencial que hace de SENINTER una realidad.

Para testear la viabilidad de esta idea conjunta, se puso en marcha un viaje piloto con un programa de 6 días de duración a la región italiana de Emilia-Romagna. El viaje tuvo lugar a finales de marzo de este año y reunió a un grupo de 21 abuelos y abuelas eslovenos con sus nietos/as menores de 6 años, que fueron recibidos por sus anfitriones italianos. Este territorio es conocido por ser muy rico en monumentos y yacimientos arqueológicos, pero no tanto por su cultura inmaterial, la que sin embargo, se convirtió en uno de los aspectos clave del programa.

¿Cuál es el objetivo SENINTER?

Este innovador proyecto multidisciplinar tiene dos grandes objetivos: el primero es crear un producto turístico real y sostenible en todos los sentidos, incluyendo el aspecto comercial. El segundo es que no se trate de un producto aislado y puntual, sino que perdure en el tiempo y sea sostenible a largo plazo.

Para lograr estos dos objetivos se ha creado una campaña promocional dirigida a los gestores de destinos. De este modo se anima tanto al sector público (administraciones), como al privado (empresas que quieran liderar el cambio en su área de actuación) a que formen parte de este movimiento e inicien la transición hacia modelos de dinamización más responsables, que logren maximizar los impactos sociales que el turismo les puede brindar.

¿Por qué SENINTER presenta una oportunidad para los territorios?

SENINTER es una herramienta para diversificar la oferta turística. En nuestro ejemplo concreto, la región de Emilia-Romagna, presentamos un destino maduro caracterizado por el turismo de sol y playa donde se propuso una estrategia que tiene lugar durante la temporada baja o media. Esto favorece la desestacionalización de la demanda, poniendo en valor el patrimonio material e inmaterial local para atraer a un público concreto.

No obstante, además de destinos maduros, también puede ser una estrategia útil para destinos rurales y/o de interior. En estos lugares, se pueden rescatar elementos patrimoniales y culturales que quizás no disponen de recursos icónicos, pero que guardan una gastronomía, música, personas e historias características muy interesantes.

SENINTER pone sobre la mesa una posibilidad real de comprobar que el turismo sostenible y responsable es posible. Pasar de la idea abstracta a algo concreto con resultados tangibles. Su implementación en la dinamización turística de un destino logra que los residentes formen parte de la actividad turística, fomentando las relaciones entre anfitriones y visitantes de una forma lúdica, amena y gratificante. Se pretende de este modo que todas las partes crean en el turismo como una herramienta de cambio y de mejora, implicando a la sociedad civil en la toma decisiones mientras se convierten en embajadores del patrimonio de su localidad.

Y tú, ¿quieres ser el próximo destino SENINTER?

Estaremos encantados de proporcionarte mayor información sobre el viaje piloto y la metodología empleada para hacer de SENINTER una realidad. Ponte en contacto con nosotros mandando un email a: comunicacion@koanconsulting.com

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