La Sostenibilidad invisible: ¿cuánto contamina Internet?

Cuando hablamos de sostenibilidad, la mayoría de las veces pensamos en conceptos que, gracias a la Agenda 2030 y sus 17 objetivos para una mayor sostenibilidad global en varios ámbitos, suelen remitir a los 3 conceptos clave: medio ambiente, sociedad y economía, así como a todas sus subcategorías.

El turismo, a su manera, está intentando implementar el aspecto sostenible en sus viajes, aprovechando este gran momento de inflexión.  Principalmente está atendiendo al respeto por el medio ambiente, por las sociedades, por las culturas de acogida y por las tradiciones locales. También, se está impulsando hacia una economía circular y regenerativa, con una mayor atención al desperdicio de alimentos. Así mismo, con una creciente conciencia como ciudadanos del mundo y  hacia el concepto de causa-efecto, es decir, que a cada acción que realizamos le corresponde una reacción en cadena a nivel global.

De todos modos, hay otro aspecto a tener en cuenta que se está volviendo tan automático, normal y rutinario que ni siquiera pensamos en las consecuencias ambientales. Se trata de un gesto tan simple como hacer clic en un sitio web.

Internet en nuestras vidas

Creo que nunca tanto como en este último año, debido al confinamiento global, se ha utilizado internet, registrando un aumento increíble de esta red online.

En primer lugar, pensemos en todos los trabajadores; algunos de ellos, llevaban ya algún tiempo trabajando de forma remota, pero la mayoría lleva un año trabajando de forma continua en smart working. Pensemos también, en todos los profesores y alumnos, desde la escuela primaria hasta la universidad, conectados a través de Internet. Incluso, en los entrenadores de las clases de gym, yoga, pilates, entre otros.

Pensemos en los cientos y cientos de películas descargadas durante el confinamiento y las visualizaciones en Netflix, Amazon Prime o You Tube; también, en las largas notas de voz enviadas por Whatsapp; y sin olvidar, las clases de cocina, de costura y de manualidades o cursos de cualquier tipo.

Pensemos en la increíble revolución que ha tenido la tecnología en relación al formato papel: revistas, folletos, cartas, tarjetas, postales, anuncios, etc.

Internet en el turismo

Volviendo a un viejo artículo sobre “Nuevas tecnologías, turismo y sostenibilidad”, notamos obviamente cómo este campo se ha transformado por completo y nunca como en este último año, ha dado un impulso increíble al uso de Internet. Recordemos que no hace mucho se iba a una agencia de viajes para reservar unas vacaciones; y ahora todo se hace en línea, sin ni siquiera encontrar el representante de viajes.

Pensemos en todas esas ferias que se han realizado para mantener en marcha el mercado turístico, pero todas a distancia. Igual que los seminarios, los webinars y las reuniones vía meet, zoom o whatsapp.

Ahora Internet está en nuestras vidas como el aire que respiramos y el agua que bebemos. Como tal, debemos usarlo con cuidado y respeto, tal y como lo hacemos con cualquier otro recurso del que disponemos.

Pero, ¿cómo contamina realmente Internet?

Sencillamente, con la electricidad. Cada pequeña acción que realizamos en línea, desde abrir una página web hasta enviar un correo electrónico o ver una película, emite indirectamente una cierta cantidad de dióxido de carbono. Es decir, no es únicamente el correo electrónico el que emite contaminación, sino el coste en términos de consumo eléctrico para que ese correo electrónico sea escrito, enviado y recibido. Como la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles, la electricidad que hace funcionar Internet, y sus centros de datos, contribuirá a contaminar el planeta.

El último dato sobre el que existe un amplio consenso es que Internet, en su conjunto, es responsable del 3,7 por ciento de las emisiones contaminantes. Se igualan a las del transporte aéreo, aunque todo lo que se salva, en términos de dióxido de carbono, utilizando internet en lugar de los medios de transporte (coches, buses, aviones,) es mucho menos impactante que un vuelo.

Los hosting ecológicos como alternativa

Han nacido hosting ecológicos que alojan sitios web transformando la infraestructura del servidor, reduciendo todo tipo de emisiones y minimizando su impacto ambiental porque se alimentan con energía renovable. En particular, alimentan sus servidores con energía eólica y además están involucrados en la plantación de árboles para reducir aún más su impacto ambiental, reduciendo las emisiones de CO2 en aproximadamente un 20%.

Los hosting más ecológicos son estadounidenses, pero creo que Easy Travel Hosting es particularmente adecuado para nuestro turismo sostenible.

Considerando que, en escala mundial, se estima que el turismo representa el 10,3% del producto interno bruto, 330 millones de puestos de trabajo, 1 de cada 10 puestos de trabajo en todo el mundo y 1,7 billones US dólares de exportaciones de turistas, los operadores de la industria turística pueden marcar una gran diferencia al optar por este tipo de hosting por su propio sitio web.

Todas las webs de agencias de turismo, tour operadores, hoteles, alojamientos, casas de vacaciones, restaurantes, aerolíneas, o motores de reserva como Booking, Airbnb o Tripadvistor,  junto con la frecuencia en la que todo el mundo empieza a buscar a través del web un destino para sus próximas soñadas vacaciones, ¿cuánto sufriría el mundo entero al multiplicar el efecto del uso de internet de un solo ciudadano?

Como en todos los aspectos de nuestra vida, todo comienza con pequeños hábitos diarios. Por ejemplo, apagando la luz cuando no se necesita, cerrando el grifo del agua, ocuparnos más de la basura separada y también, en el caso que nos ocupa, tratar de frenar un poco el uso de Internet. El planeta no se salva al detener Internet, sino que, la transición ecológica también depende de una transformación digital bien hecha.

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El viaje para llegar a la esencia de la vida

Estamos en una era de cambios en la que debemos aceptar y acoger el cambio como una gran oportunidad para renovarnos, reprogramar nuevas estrategias, nuevos paradigmas, nuevas creencias y al mismo tiempo volver a nosotros mismos. En las últimas décadas, la sociedad moderna nos ha envuelto en un remolino de innovaciones ultra-tecnológicas y consumistas que nos ha tragado en el ojo de una tormenta, abusando de demasiada modernidad para de-responsabilizarnos de todo: desde los roles sociales que jugamos como padres, hijos, maestros, colegas, empresarios ciudadanos, etc., hasta nuestras mismas acciones. Hemos permitido que este ciclón moderno se hiciera cargo de nuestras vidas y se fuera de las manos, como un Frankstein que se rebela contra quien lo creó, llegando a hacer más daño que beneficio. Propongo que a través del viaje, volvamos a la esencia de la vida.

Un cambio de paradigma

La nueva estructura social se cuestiona cada vez más debido a que el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza se está debilitando y muchos aspectos del viejo paradigma ya no son válidos en una sociedad cada vez más enferma, destruida, cansada, infeliz y completamente desconectada de sí misma.

Además, si vemos que surgen nuevos mercados que cada vez se perfilan más con el desarrollo personal y espiritual, el coaching, el crecimiento evolutivo, las disciplinas holísticas, los retiros espirituales, la nutrición consciente y los mercados hortofrutícolas de km 0, significa que cada vez hay más demanda y necesidad de volver a la calma, a la naturaleza, a nuestra verdadera esencia, que parece haber quedado como nuestra única brújula que nos guía en un mar cada vez más exasperado y corrupto.

El viaje para el bien-estar

Junto a todas estas terapias holísticas en fuerte crecimiento y todas orientadas a volver a una calidad de vida más sencilla y a sustituir el concepto de “bien tener” por el nuevo paradigma de “bien estar”, yo asocio el viaje. El viaje es la terapia hacia el bienestar por excelencia.

En el viaje encontramos todos los desafíos e ingredientes que nos permiten estar absolutamente en contacto y en estrecha conexión con nosotros mismos y evolucionar como personas más responsables, con un despertar de conciencia más profundo e intrínseco. El viaje, en un sentido físico y al mismo tiempo en un sentido metafórico, aborda todos los ámbitos y aspectos de nuestra vida, ayudándonos a luchar contra nuestros peores demonios y a sacar la mejor versión de nosotros mismos. Cada vez que regresamos de un viaje, sacamos a la luz una parte de nosotros, escondida y misteriosa, un lugar desconocido, nunca conocido antes y despertado después de mucho tiempo. 

Piénsalo…

En el viaje, concebido como una aventura y experiencia lo más natural posible, no como unas vacaciones turísticas “todo incluido”, primero nos deshacemos de una cosa: una etiqueta, una máscara o múltiples máscaras que hemos construido en nuestra vida, en nuestro núcleo social dentro de nuestra comunidad: madre/padre, hija/hijo, hermana/hermano, empleada/o, vecina/o de casa, novia/o. Nos quitamos todo este armario de máscaras y en un grupo que no conocemos y en un área del mundo desconocida, simplemente somos nosotros mismos.

Es un gran redescubrimiento, es como si entráramos en un círculo privado de conocimiento, donde solo se encuentran virtudes ocultas. Sin saber a qué nos enfrentamos, nos movemos en dos direcciones al mismo tiempo: una nos muestra las maravillas, valores y problemas que normalmente ignoramos, y la otra, al mismo tiempo y más profundamente, nos muestra todas las partes de nosotros mismos que de otra manera podrían oxidarse y caer en el olvido. Porque al viajar a lugares auténticamente extranjeros, inevitablemente viajamos con estados de ánimo, mentalidades y pasajes internos secretos que de otra manera difícilmente tendríamos la oportunidad de visitar. Por tanto, viajamos en busca de nosotros mismos y al mismo tiempo del anonimato.

En el extranjero, estamos tremendamente desprovistos de casta, ocupación y estatus. La gente no puede darnos un nombre o una categoría. Precisamente así nos purificamos y nos liberamos de etiquetas innecesarias y tenemos la posibilidad de entrar en contacto con partes más esenciales de nosotros mismos (lo que explica por qué cuando estamos fuera de casa nos sentimos más vivos). Es en el extranjero que seguimos el impulso y nos entusiasmamos por todo, como cuando estamos enamorados. Vivimos sin pasado y sin futuro, al menos por un momento, y estamos a disposición de todos y abiertos a cualquier interpretación. Incluso podemos volvernos misteriosos para los demás y, a veces, para nosotros mismos. Nos desnudamos así de todos los prejuicios y volvemos a nuestra esencia, con sencillez. Y nos gusta. Es un «lujo» que muy pocos se toman la libertad de escoger.

En el viaje, durante esas horas eternas en un avión o en un autobús que recorre caminos largos y desenredados, nos permitimos otro lujo: el tiempo para pensar. Pensar y reelaborar todo lo que nos ha pasado en los últimos años y que inevitablemente nos ha alejado de nosotros mismos, nos ha alejado cada vez más de nuestro verdadero ser. Tenemos tiempo para pensar, para perdernos en los recuerdos y reencontrarnos.

Y el viaje se transforma en un espejo. Comer comidas típicas, hablar un idioma que no es el nuestro, conocer diferentes personas y rostros para reconocer, al final, entre esos mil rostros, los lineamientos de nuestra gente, el olor de nuestro país, los sabores de nuestra tierra, y apreciar más y con otra mirada, nuestras orígenes, nuestro pasado y nuestra historia, o simplemente nuestro hogar. Caminar por calles desconocidas e improvisar, entrar en contacto con diferentes culturas, tradiciones, bailes y danzas, cantos y coros, disfraces y máscaras que nunca imaginamos. Sorprenderse de lo que no es habitual, dejar en casa creencias y certezas para ver todo lo que creíamos saber bajo una luz diferente. Todo esto trastorna por completo lo que se daba por sentado, aprendemos cuanto provisorias y provincianas son las ideas que se consideraban universales: esto es la suprema libertad de viajar.

Incluso, podríamos decir que somos como palomas mensajeras. Detrás del simple hecho de salir de casa por un tiempo, hay algo más abstracto, un aporte que somos capaces de entender cuando nos damos cuenta cuánto podemos dar a los lugares que visitamos y cómo podemos convertirnos en una paloma mensajera que transporta conocimientos y que con humildad aprende conocimientos; en definitiva contribuimos a un intercambio entre las culturas.

Entonces reconoceremos cómo nuestra acción asume un papel fundamental. Llevando valores, creencias y noticias a las diferentes partes del mundo donde viajamos, nos convertimos en los únicos canales que pueden sacar a la gente de las fronteras selladas de su país. Importar y exportar sueños, deseos, recuerdos lejanos y cercanos de lugares encantados, de realidades mágicas que hacen sentir bien (bien-estar), ser transnacional en un sentido más alegre, capaz de adaptarse en todas partes, acostumbrado a ser extranjero en todas partes y obligado a re-crear nuestro propio concepto del hogar, reconociendo así que ningún lugar es verdaderamente nuestro hogar.

Y finalmente, se vuelve a casa diferente. No mejor, pero sí con la capacidad de encontrar en nosotros mismos una persona de espíritu joven y abierta, con una mente más libre y sin prejuicios, con la conciencia de que siempre tenemos que estar atentos, receptivos, no oscurecidos por el hábito de la realidad, siempre dispuestos a adaptarnos a cualquier situación para cambiar, para transformar, para evolucionar.

Así que, de algún modo, el viaje continúa

Porque al igual que las grandes historias de amor, el viaje nunca tiene un final definitivo. Porque si cada historia de amor puede parecer un viaje a un país extranjero, donde no hablas bien el idioma y no sabes a dónde vas, pero estas empujado cada vez más hacia una oscuridad tentadora, cada viaje a un país extranjero puede ser una historia de amor, donde te encuentras preguntándote quién eres y de quién te has enamorado.

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La era para una nueva conciencia del viaje

Ante el parón provocado por la pandemia somos muchos los que experimentamos unas ganas locas de volver a ver mundo, pero debemos aprender a viajar con propósito y conciencia. Estos últimos días se está hablando mucho del “efecto champán”, cuyos escenarios y consecuencias describimos en este artículo. Así mismo, el actual Director Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Manuel Butler, señala que la recuperación será lenta pero, al mismo tiempo, puede haber un “tsunami de exceso de demanda”. Butler opina también que “se está construyendo un nuevo turismo que tendrá una transición bastante corta”. 

Los hechos

Personalmente estoy un poco preocupada por la reacción real del mundo después de esta pandemia. Tenemos estos hechos objetivos:

  • Esta pandemia nos obligó a quedarnos en casa y a pensar en nosotros mismos, nuestras vidas, nuestra felicidad y nuestro mundo y revalorizar nuestros principios básicos.
  • Tal vez el 90% de la población mundial está de acuerdo en que debemos cambiar de dirección (hacia nuestras Vidas y nuestra Tierra) y adoptar un comportamiento y una actitud más respetuosa, consiente y responsable.

Esta es finalmente una gran noticia y un gran despertar de la conciencia, pero hay que considerar también:

  • Detrás de este gran deseo de volver a la «vida normal», sabemos que la vida que llevábamos antes era una buena «zona de confort» o, mejor dicho, era una cómoda (más fácil y bien engranada) zona, pero no una zona de verdadero y auténtico placer para nosotros mismos.
  • Hay un fuerte deseo de volver a viajar, más fuerte que antes, después de más de un año obligados a permanecer dentro de nuestras fronteras. ¿Pero viajar cómo? ¿Cómo antes? ¿Qué nos ha enseñado realmente esta pandemia? ¿Cuántos estamos realmente concienciados para cambiar a mejor, y no volver a la vida de antes?

Las previsiones

Butler cree que, tras la pandemia, habrá una recuperación en el sector turístico “más lenta de lo que nos gustaría”, pero que, de vez en cuando, experimentaremos el ‘efecto champán’, como cuando se descorcha una botella de esta bebida. Además, él afirma que el Covid-19 dejará una clara huella en el sector turístico, cuyos pilares ya se están erigiendo: el surgimiento de un nuevo turismo basado en la sostenibilidad y la responsabilidad social y ambiental.

Personalmente, creo que este «efecto champán» puede acarrear una consecuencia lógica de volver al turismo masivo: miles de personas viajando, precios bajos, baja calidad, etc; escenario que representaría un paso adelante y dos atrás para el turismo sostenible.

La mayoría de la gente piensa que este año ha cambiado sus pensamientos, su mentalidad, pero creo también que, cuando regresemos a nuestra vida de consumismo, lo «olvidaremos» todo y «preferiremos» actuar de la misma manera e instalarnos en nuestra zona de confort. 

En conclusión: la humanidad tiene ganas de cambiar su actitud y su comportamiento (más saludable y más respetuoso), pero muy pocos actuarán con esta coherencia.

Aquí y ahora: la oportunidad perfecta para jugar la carta del triunfo

En este momento entra en juego el mercado y su acción puede marcar una importante diferencia hacia el futuro, para ayudar a una nueva conciencia del viaje.

Sabemos muy bien cómo el mercado puede manipular e impulsar a las personas a comprar (e incluso a vivir). Podemos experimentar la increíble fuerza mental utilizada por los medios y los anuncios o la publicidad: los medios son capaces de impulsar al consumidor hacia un producto u otro.

En este preciso momento, creo que el mercado del turismo (que será uno de los primeros en ser asaltado por este fuerte deseo de volver a viajar) debería jugar bien sus cartas y empujar a las personas a conectarse más: no con algo nuevo, o con la idea de volver a la vida normal (que, en realidad, no nos satisfacía totalmente), si no con algo muy malo que nos pasó a todos y, a partir de ahí, con el deseo de volver a vivir; volver a nacer con una nueva conciencia para salvar nuestras vidas, nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos.

No obstante, la mayoría de las veces nos encontramos con un conflicto de intereses: por un lado, necesitamos crear mercados, dinero, negocios, lujo, etc. y, por otro, tenemos la oportunidad de educar nuevos turistas y mejorar la forma de viajar. A veces parece una lucha contra los molinos de viento: la actitud de «ganar dinero», la competencia, las grandes empresas de viajes, las empresas de cruceros, los gobiernos, etc.

La verdadera pregunta es: ¿cómo podemos combinar estas dos partes opuestas? ¿Dinero y negocios vs educación y nueva actitud? ¿Viajar vs hacer turismo? Y la siguiente pregunta es: ¿la gente tiene la seria intención de cambiar a algo mejor (vivir en una zona de placer) o prefiere quedarse en su aparente zona de confort? 

Podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para ofrecer, proponer e impulsar a las personas a redescubrir la felicidad en las pequeñas cosas y virtudes: la maravillosa sencillez de la naturaleza, la humildad, los sentimientos, el amor, la gratitud, ayudar a los demás, ayudar a la Madre Tierra, elegir la sostenibilidad, etc.

“Sólo” tenemos que ayudarlos a que abran los ojos de una actitud de «loca, artificial y destructiva carrera hacia fuera, hacia el consumismo» a la capacidad de mirarse más hacia adentro y dejar fluir los sentimientos, centrando la atención en el «aquí y ahora» y preguntar a los viajeros: «¿qué sientes aquí y ahora»? Este sería el mejor souvenir que los clientes se llevarían a casa y el mejor boca a boca para hacer negocios. 

En conclusión, hay que despertar la conciencia hacia nuestra mente, nuestras emociones más auténticas: esta es la base de la sostenibilidad.

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Mapulahual: Un destino donde se conjugan la conservación de la biodiversidad, gobernanza y desarrollo local

Autor: Leo Prieto.

Recuerdo perfecto la primera vez que estuve ahí. Después de casi tres horas de camino en su mayoría de tierra, llegué directo a Manquemapu, una comunidad ubicada en la costa de la Comuna de Purranque, X Región de Los Lagos en Chile. También una de las 6 comunidades de Mapulahual, un territorio conservado por comunidades indígenas y locales. Conmovida aún por el cruce de la Cordillera de la Costa que a esa latitud alberga uno de los bosques de alerce (Fitzroya cupressoides) más septentrionales de Chile, bajé de la camioneta para disfrutar del último mirador antes de llegar.

Unas cuantas casas con sus chimeneas humeantes a los pies del monte, un río y un bote amarillo listo para ser abordado. La selva Valdiviana con sus olivillos, canelos y melies, los alerces centenarios bien erguidos en la montaña y las olas furiosas del Pacífico. Parece que estoy frente a una arpillera (1) viva, de esas que una conoció cuando niña en los 80, cuando esa técnica eran una forma de sostener la memoria, de denunciar injusticias pero también de retratar la identidad de los diferentes rincones de este país.

Pero ¿qué significa un territorio conservado por comunidades indígenas o locales?

Autor: Leo Prieto.

En Chile cerca del 20% del territorio está bajo alguna categoría de conservación (Parque Nacional, Reserva Nacional, Monumento Natural, entre muchas otras). A pesar de esto, hay pocos modelos de gobernanza local y la mayoría de las áreas protegidas están gestionadas por instituciones como la Corporación Nacional Forestal y Bienes Nacionales. 

¿Qué pasa entonces con la autonomía de los pueblos para tomar decisiones sobre su territorio? En general los pueblos pre colombinos tenían y tienen un fuerte vínculo con la tierra y la naturaleza, ese vínculo puede ser emocional, económico, social, político o todas las anteriores juntas. Algunos pueblos encuentran en la naturaleza a sus dioses y diosas, otros son muy conscientes de que necesitan a la naturaleza en buen estado de salud y armonía para sobrevivir, y otros necesitan de la tierra para trabajarla. 

Gobernanza y conservación local quiere decir que los territorios son gestionados por las comunidades que históricamente han vivido en ellos, sean indígenas o no, con el fin de ser conservados y protegidos para mantener su biodiversidad y el equilibrio natural que permite la vida en ellos. Estos territorios que cuentan con esta forma de administración son reconocidos en el mundo como Territorios de Conservación Indígena y Local, TICCAS o ICCAS (por sus siglas en español e inglés respectivamente).

¿Qué otras características tienen estas áreas? 

Camila Ahumada Cáceres nos cuenta sobre Mapulahual, un Territorio de Conservación Indígena habitado por 6 comunidades en el sur de Chile.
Autor: Leo Prieto.

Son territorios que ya están muy bien conservados porque las comunidades que ahí habitan tienen una relación de cuidado y respeto hacia la tierra, la admiran y pueden sentir el equilibrio que en ella existe y valorar la importancia de las relaciones entre especies. La biodiversidad presente en sus territorios ha forjado su cultura y su identidad, por lo tanto esa tierra es el fundamento de su propia historia. 

Mapulahual es una de las primeras ICCAS de Chile, su nombre hace alusión a los bosques de Alerce que ahí crecen (Tierra de Alerces), los últimos grandes bosques de Alerce del mundo. En su interior habitan 6 comunidades que están conectadas por un largo sendero de Norte a Sur y por el mar. No hay camino vehicular que las una, sin embargo, la conexión en pro de la conservación es evidente.

Una de las formas de complementar los ingresos en este proyecto de conservación es el desarrollo del turismo comunitario. Algunas familias de la ICCA se han organizado para ofrecer servicios de alojamiento, gastronomía, guiado y excursiones, y transporte.  Uno de los objetivos de su propuesta de turismo, además de promover la conservación de la biodiversidad,  es mostrar a visitantes y turistas las características del territorio y aumentar los ingresos de las familias a través de la repartición justa y equitativa de los recursos que esta actividad genera, es decir que mientras algunas familias de la comunidad están a cargo de las excursiones, otras alojan y deleitan viajeros con su gastronomía local y otras gestionan el transporte terrestre y marítimo, dependiendo de las comunidades que se visiten. 

En Manquemapu puedes hacer solo algunas cosas de manera independiente y sin duda la mejor opción es contratar los servicios de la comunidad. Esto fortalece la gobernanza local, aporta a un mejor cuidado de la biodiversidad, y permite que la información nos llegue directo de quienes viven en el lugar, transformando  el turismo comunitario en una poderosa herramienta educativa.

¿Algunas alternativas que ofrece la comunidad?

Autor: Leo Prieto.

Navegar las aguas del Pacífico para avistar pingüinos de Humboldt, de Magallanes y lobos marinos en San Pedro (una de las comunidades del territorio), aprender de pesca y recolección de mariscos con Julo César, hacer senderismo de diferentes niveles de dificultad con la Tati, aprender a cocinar unas poderosas empanadas de cochayuyo (2) con la señora María, andar en bote por el río con Víctor Hugo, conocer cómo se fabrican las tejuelas de alerce con Javier, comer pancito amasado con la señora Erti, dormir reponedoras siestas frente al mar en la casa de Eli, entre otras cosas.

Estos fueron los primeros días de muchos en este lugar que sigue nutriendo mis sentidos de historias, sonidos, sabores y aromas. Aquí fácilmente puedo percibirme parte de la tierra sana donde todo es perfecto porque todo tiene una razón de ser y estar. Me siento un elemento más de la arpillera. 

Si te interesa conocer más de Mapulahual, no dudes en escribirme para ponerte en contacto con la comunidad o escribir directamente al link que te dejo aquí!


(1) La arpillera es una técnica de bordado que fue utilizada por mujeres familiares de detenidos y detenidas durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet en Chile. Este tipo de bordado fue una forma de plasmar los dolores, injusticias y horrores de aquella época. El uso de esta técnica convirtió a aquellas mujeres en historiadoras populares al visibilizar aquellos hechos. Hoy en día, la arpillera sigue siendo usada como una herramienta de denuncia pero también para registrar escenas cotidianas. Fue también una técnica usada en el trabajo artístico de Violeta Parra durante los años 60.

(2) El Cochayuyo (Durvillaea antarctica) es un alga comestible de gran tamaño que crece en las costas de Chile y es muy utilizada en la gastronomía popular.

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¿Y si dejamos mejores hijos para nuestro mundo?

“Viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez de miras, y mucha de nuestra gente lo necesita con urgencia por estos motivos. No se puede adquirir una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas vegetando en un pequeño rincón de la tierra durante toda la vida».

Mark Twain (1835 – 1910), escritor, humorista, aforístico y conferenciante estadounidense

Mark Twain creía que viajar abre a las personas a visiones del mundo que son casi imposibles de comprender sin una experiencia de primera mano. Y no fue lo único; Oscar Wilde (1854 – 1900) también lo pensaba firmemente: “Viajar mejora la mente maravillosamente y elimina todos los prejuicios”. Los científicos han intentado, a través de algunas investigaciones, demostrar que esta afirmación es cierta.

Todo el mundo siempre habla de dejar un mundo mejor para nuestros hijos, ¿qué tal si dejamos mejores hijos para nuestro mundo? Empecemos por tratar a nuestros hijos como personas.

Todo empezó con El Grand Tour

El Grand Tour era un largo viaje en Europa continental emprendido por los ricos de la aristocracia europea a partir del siglo XVII y que pretendía perfeccionar sus conocimientos. Tenía una duración indefinida y generalmente tenía como destino Italia.

El término turismo, y más en general el fenómeno de los viajes turísticos actuales como cultura de masas, se originó precisamente en el Grand Tour.
Durante este viaje, los jóvenes aprendían sobre la política, la cultura, el arte y las antigüedades de los países europeos. Pasaban su tiempo haciendo turismo, estudiando y comprando.

Todo esto sucedía en el lejano 1600. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero eso no significa que podamos tomar esa excelente idea como punto de partida y adaptarla a nuestros hijos de hoy, independientemente de la clase social a la que pertenezcamos.

Nuevas generaciones viajando con conciencia

Las experiencias de viaje significativas cambian vidas para mejor. Los viajes de voluntariado o de turismo comunitario, y especialmente entre los jóvenes, son particularmente “fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras”.

Uno de los aspectos más singulares de los viajes de voluntariado es que estas experiencias a menudo sacan a los viajeros de los caminos comunes. Si bien, generalmente hay docenas de compañías de viajes que operan en las principales ciudades, el voluntariado sumerge a los participantes en partes del mundo que los turistas a menudo pasan por alto. Los viajeros voluntarios pasan tiempo en comunidades más pequeñas y rurales, donde la vida diaria se ve muy diferente.

Y, mientras pasan tiempo escondidos en estas pequeñas comunidades mágicas, simultáneamente están expandiendo sus corazones y mentes para reconocer las diferentes formas en que viven las personas en nuestro planeta. El hecho de que podamos compartir el espacio y las experiencias con personas que llevan vidas tan diferentes a las que vivimos en casa, es un aspecto crudo y significativo de viajar fuera de los caminos comunes.

Lo mejor que les puede pasar

En los últimos años se ha producido un vertiginoso aumento de programas y propuestas de experiencias en el extranjero para jóvenes e incluso para adultos. Independientemente de los programas de intercambio escolar que brindan las escuelas o universidades, son tantas las posibilidades que podemos sugerir a nuestros hijos para que identifiquen su futuro camino con responsabilidad. Encontramos opciones que combinan lo útil (trabajo) con el placer (experiencia en el extranjero), en un inigualable crecimiento personal y profesional (y, en consecuencia, social).

Los aspectos positivos

  • Finalmente, se crece. Mandar los hijos al extranjero a trabajar significa empujarles a valerse por sí mismos, a espabilarse, a enfrentar todas las dificultades del momento. Así se hacen personas capaces, autónomas y independientes, a la vez que crece su autoestima y la confianza en sí mismos.
  • Ganan tiempo. La duración del viaje puede ser variable y se puede encajar perfectamente durante las vacaciones de verano, entre el final de la escuela y el hipotético inicio de la universidad, y/o extenderlo a 1 año de experiencia, sin perder tiempo.
  • Coste mínimo. Una temporada de trabajo en el extranjero no tiene costos muy elevados para la familia y los hijos aprenden el valor del esfuerzo y su gestión económica privada, aunque sea una experiencia de prácticas.
  • Experiencias bonitas. Los viajes de experiencias son los que siempre llevaremos en el corazón y ampliarán nuestra mentalidad hacia los viajes como recurso de aprendizaje y no como vacaciones turísticas. Durante los días libres o al final de la temporada laboral, el viaje para descubrir el territorio extranjero, junto con compañeros o colegas, se vuelve único y rico en valor, así como en emociones.
  • Ideas más claras. Al final de una experiencia como esta, los/as chicos/as tendrán las ideas más claras sobre lo que quieren hacer con sus vidas, por ejemplo, los estudios que quieran realizar. Escogerán con mayor certeza, seguridad, confianza y serenidad.

El mapa no es el territorio

No he considerado aspectos negativos porque lo peor que les puede pasar es una «dependencia» a la independencia. Creo que una vez redescubren la mejor versión de si mismos, ya no podrán prescindir de ella.

Una experiencia laboral en el extranjero obliga a una persona a revisar por completo sus valores, sus certezas, sus conocimientos, su mapa mental construido en 18 años de «zona de confort». Además, le permite adentrarse en un territorio más amplio, ciertamente más desafiante, pero preferimos formar jóvenes capaces de trabajar, autónomos, independientes, seguros de sí mismos y de sus talentos. Queremos que se acostumbren a abrir sus mentes a infinitas posibilidades, opiniones, diferentes puntos de vista, de coetáneos o adultos, que rompan barreras de idioma, género, religión u orientación sexual, porque entienden que el verdadero valor radica en la diferencia de pensamiento.

Una experiencia en la que aprenden a evaluar los riesgos, las dificultades, a utilizar su inteligencia, tanto práctica como emocional, para afrontar los problemas que surgen en un país extranjero. Es mejor que los jóvenes aprendan rápidamente a usar su cerebro todavía fresco y listo para moldearlos hábilmente para un futuro mejor.

Realmente hay muchas experiencias laborales que se pueden hacer y hoy existen todos los medios para lograrlas. En una era tan interconectada como la nuestra, la ignorancia es ahora una elección, ya no es una excusa.


Algunas sugerencias para vivir una experiencia en el extranjero

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