Cataluña subvencionará seis nuevos productos “slow tourism”

Cataluña quiere convertirse en un referente en slow tourism, una tipología de turismo responsable y sostenible que pone énfasis en promover e involucrar a las economías locales para dar a conocer experiencias turísticas culturales y naturales, respetando los lugares visitados. Una nueva filosofía de viaje tanto desde el punto de vista de la oferta como de la demanda.

Según explica la directora general de Turismo de Cataluña, Marta Domènech, “el slow tourism permite la oportunidad de explorar destinos poco conocidos en entornos naturales y recorrer parajes de manera inmersiva y a un ritmo lento”.

El slow tourism evoluciona de movimientos como slow food y está estrechamente relacionado con el turismo sostenible, el responsable y el ecoturismo, recuerda el departamento de Empresa.

Es por tanto “una filosofía de viaje tanto desde el punto de vista de la oferta como de la demanda que engloba seis dimensiones: tiempo, lentitud, alteridad, autenticidad, sostenibilidad y emoción”.

“Un producto turístico puede ser considerado slow si cumple ciertos requisitos tales como que se realice en grupos pequeños o individuales, que los paquetes sean guiados o autoguiados o que el agente de viaje que la organice desarrolle relaciones con los agentes turísticos locales”, indica la ACT.

La Agencia Catalana de Turismo (ACT) subvencionará con un máximo de hasta 16.000 euros la creación de media docena de productos turísticos que respondan a la filosofía del slow tourism, según informan fuentes de la Generalitat.

La Agencia Catalana de Turismo ha escogido las zonas del Anoia (en colaboración con la Diputación de Barcelona), Garrigues (en colaboración con la Diputación de Lleida), y Ribera d’Ebre (en colaboración con el Patronato de Turismo de Terras de l’Ebre), para entrar a formar parte de los planes piloto del proyecto.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada en Hosteltur “Cataluña subvencionará seis nuevos productos “slow tourism”.

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¿Cuál es la huella ecológica del turismo espacial?

Las actividades espaciales irrumpen cada vez con más frecuencia en la actualidad. Sería fácil pensar que lo que ocurra en el espacio no nos afecta. Pero la realidad es que sí lo hace, y cada vez de formas menos sutiles.

La noticia de actualidad estos días es la competición entre Jeff Bezos y Richard Branson, dos multimillonarios que están detrás de sendas compañías de turismo espacial.

Blue Origin, de Jeff Bezos, había previsto lanzar su vuelo inaugural el 20 de julio. En respuesta, Virgin Galactic, de Richard Branson, programó su propio vuelo para el día 11. Adelantándose por pocos días.

Ambos vuelos han estado rodeados de un amplio despliegue mediático. Y es que estos vuelos han sido, ni más ni menos, enormes maniobras de marketing. El objetivo es llamar la atención.

El turismo espacial llega con la promesa de “democratizar el espacio”. Pero esta frase, repetida como un mantra, a menudo se pronuncia vacía de contenido. Ya no porque el turismo espacial siga estando sólo al alcance de una minoría, sino también por el impacto ecológico que puede llegar a derivarse de la generalización de estas actividades.

La población general va haciéndose a la idea de usar menos aviones y más trenes; y comer menos carne. Esos son solo parte de los cambios que tendremos que hacer si queremos una transición ecológica justa. Mientras tanto, el turismo espacial emerge como una actividad poco accesible y muy contaminante.

Alcanzar el espacio es, en primer lugar, muy costoso energéticamente. El hecho es que la energía no nos sobra. Los combustibles fósiles están en la raíz del cambio climático. Las llamadas energías renovables y la nuclear tampoco están exentas de problemas y limitaciones.

Así que, sí, alcanzar el espacio lleva asociadas unas emisiones de dióxido de carbono. Es decir, una huella del carbono.

Impacto ambiental

Aunque el impacto ambiental de los lanzamientos espaciales no ha sido suficientemente estudiado, se sabe que va más allá de las emisiones de carbono. La liberación de gases en capas altas de la atmósfera durante los lanzamientos espaciales tiene efectos negativos sobre la capa de ozono. Un gas frecuentemente emitido en los lanzamientos y aparentemente inocuo como el vapor de agua contribuye al efecto invernadero.

Existen bastantes tipos de combustible que se usan y algunos son tóxicos al ser liberados en el lanzamiento o por su proceso de producción. La buena noticia es que la mayoría de los nuevos sistemas de lanzamiento usan combustibles líquidos, menos problemáticos en este sentido que los sólidos.

Los cohetes propiamente suelen tener como destino diferentes órbitas en torno a nuestro planeta. Hemos de aclarar que, en cambio, los vuelos turísticos de Virgin Atlantic y Blue Origin son vuelos “suborbitales”. Es decir, no llegan a entrar en órbita, sino que ascienden hasta 80 y 100 km de altura respectivamente, experimentan la gravedad cero por un breve período de tiempo, y vuelven a caer a la Tierra.

Un vuelo suborbital requiere muchísima menos energía que entrar en órbita. Por ello su coste es más asequible y su huella ecológica, menor.

Actualmente se lanzan unos 100 cohetes al año. Su huella del carbono sigue siendo menor que la de los 100 000 aviones que vuelan cada día en el mundo. Pero el sector espacial está experimentando un fuerte crecimiento. Por ello su impacto ambiental podría llegar a ser muy relevante.

Turismo de lujo y de emisiones de dióxido de carbono

La concienciación y regulación internacional del impacto ambiental es pues uno de los aspectos en los que la gestión de las actividades espaciales tendrá que mejorar. Si bien es cierto que lanzar un satélite a la órbita terrestre tiene un impacto mayor que un vuelo turístico suborbital, los satélites pueden beneficiar a muchas personas. Mientras que un vuelo turístico es un lujo para un limitado número de personas.

Para ponerlo en números. Se estima que cada vuelo turístico de Virgin Galactic y Blue Origin emite unas 60 y 90 toneladas de dióxido de carbono, respectivamente. Es decir, unas 8 y 15 toneladas por pasajero.

En comparación, de media, cada persona en el mundo emite cada año unas 4,8 toneladas de dióxido de carbono. Esta cifra es muy diferente entre países ricos y pobres. En Estados Unidos la cifra es de 15 toneladas. En España es de 5,4 toneladas. Aunque estos datos pueden variar considerablemente según diferentes fuentes. China es un gran contaminante, pero cuando se consideran sus emisiones per cápita, el valor es 7,4 toneladas.

Una huella cuestionable

Por tanto, la huella del carbono de estos vuelos suborbitales no es extremadamente alta comparada con la de otras actividades. Pero no deja de ser cuestionable que en un momento en que urge reducir nuestro impacto ambiental, surja esta nueva forma de ocio. Accesible sólo a una minoría y que supone que cada pasajero emite en solo unos minutos el mismo dióxido de carbono que 2 o 3 personas de media durante un año entero.

Recordemos que a esta huella del carbono hay que sumarle otros impactos ambientales de esta actividad, como el de la erosión de la capa de ozono.

Todo esto viene a recordarnos la necesidad de reorientar nuestra forma de pensar y de estar en el mundo, para avanzar hacia un mundo más justo y sostenible. El espacio, bien gestionado, puede traernos cambios positivos para todos. Pero no debemos dejarnos deslumbrar por el optimismo ciego basado únicamente en el desarrollo tecnológico.


Este artículo ha sido originariamente publicado en The Conversation y reproducido en Travindy con el permiso del autor, Jorge Hernández Bernal.

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Torremolinos participa en un proyecto piloto pionero de turismo sostenible

El objetivo es que la ciudad siga siendo el un destino de sol y playa acorde con las políticas europeas.

No es la primera vez que Málaga y su provincia nos ofrecen un ejemplo de la unión entre el destino tradicional de soly y playa y tecnologías avanzadas para convertir este tipo de turismo en un agregado sostenible.

El Ayuntamiento de Torremolinos formará parte de un proyecto piloto pionero en turismo sostenible a nivel europeo y que persigue que el municipio costasoleño siga siendo el primer destino de sol y playa de Andalucía acorde con las políticas europeas.

El proyecto Coasting Plus

El proyecto Coasting Plus’ se basa en el trabajo desarrollado previamente por la iniciativa COASTING’, que es liderado por la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP), para implantar una herramienta de gobernanza integrada denominada ‘Contrato de costa’, que persigue promover un turismo costero sostenible en línea con las políticas de la UE, siendo un programa multisectorial que comenzó en Marsella.

Tras una primera fase que se pondrá en marcha por la FAMP para transferir la metodología ‘COASTING’ a la Federación valenciana, la segunda fase se centrará en Torremolinos y Sagunto (Valencia), así como los principales actores involucrados en la gobernanza costera y el turismo sostenible.

“Este programa con proyección internacional enriquecerá y beneficiará al municipio y se suma al trabajo de seguridad y calidad en el ámbito turístico, así como a la colaboración público-privada y la participación ciudadana que realizamos”, ha señalado el alcalde, quien ha resaltado que “es innegable el impacto del turismo en el medio ambiente y prueba de ello es el boom en los años 60 en Torremolinos, por ello apostamos por renovar el destino a favor de la sostenibilidad y el medio ambiente y seguir siendo el primero de sol y playa de Andalucía”. 

La inclusión del municipio en la Alianza de Municipios Turísticos de Sol y Playa, la Agenda 2030, así como su participación en la Red de Destinos Turísticos Inteligente o el desarrollo de proyectos bajo los fondos Feder, son algunas de las actuaciones que enumeró Ortiz para ilustrar la apuesta del destino por su renovación. 

Torremolinos, una ciudad muy implicada en el tema de la sostenibilidad

En España tan solo Torremolinos y la localidad valenciana de Sagunto participarán en este proyecto piloto que servirá para poner en valor el trabajo en materia de turismo sostenible llevado a cabo en ambos municipios y para promover la metodología del ‘Contrato de costa’ como instrumento clave para la transición verde de España en el proceso de reconstrucción social y económica. 

En Torremolinos ya se trabaja en un gran número de proyectos para mejorar la sostenibilidad turística de la ciudad, en concreto, en el litoral, el ‘plan de reciclaje y economía circular de la costa’ que consiste en la implementación de un sistema de motorización de todo el litoral de playa, tanto de emisiones como de clasificación de residuos, así como la renovación de maquinaria de limpieza específica de playas y del mar.

Entre otras líneas actuales en la localidad, se encuentra un estudio sobre la viabilidad de instalación de un parque eólico marino en la costa del municipio y la puesta en marcha del programa `Torremolinos mar circular’, en colaboración con el sector pesquero, turístico y hostelero

El programa ‘Coasting Plus’ y los fondos ‘Next Generation’ son dos proyectos que se pondrán en marcha en el municipio a corto plazo a los que se sumará la implementación de todas las ODS elaboradas a través del plan de acción de la Agenda Urbana 2030

“El objetivo a largo plazo es conseguir que Torremolinos sea una ciudad climáticamente neutra, demostrando, que una ciudad costera y urbana puede ser sostenible”, ha concluido la concejala.


Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Malaga Hoy: “Torremolinos participa en un proyecto piloto pionero de turismo sostenible“.  

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Cantabria No Se Vende defiende el turismo sostenible

CNSV lanza una serie de intervenciones callejeras para recordar que Cantabria es finita y que el modelo masificador amenaza la calidad de vida de sus habitantes, así como el propio atractivo turístico.

El movimiento ‘Cantabria No Se Vende’ está llevando a cabo una campaña para denunciar los procesos de turistificación que ocurren en la comunidad mediante una falsa campaña publicitaria. Se han colocado en diferentes puntos carteles con paisajes cántabros atravesados por el turismo masivo. ‘Cantabria finita’ es el lema escogido para esta campaña, que pretende concienciar sobre el impacto social y medioambiental del turismo masivo.

El verano pasado, en plena pandemia, Cantabria batió récords de visitantes, pero también de malestar de sus habitantes, que en los meses de julio o agosto encuentran sus entornos “masificados y degradados”, irreconocibles. Cada vez hay más paisanos que comentan lo insoportable que resulta convivir con este modelo turístico, viéndose incluso desplazados de sus prácticas y estancias tradicionales.

“La gente no viene a Cantabria buscando polígonos eólicos, urbanizaciones de pareados, comida basura y hormigón, no tiene sentido alguno decir que se apuesta por un turismo de calidad mientras se apuesta políticamente por un sucedáneo de Marbella o Benidorm, con menos horas de sol”, señala su co-portavoz, Diegu San Gabriel.

Desde el colectivo CNSV estiman que debe apostarse por un sector turístico “diferente”, integrado en la sociedad cántabra. “Que respete los derechos laborales, que valore y no degrade nuestro patrimonio histórico, natural y cultural”, señalan como premisas. “Que sea complemento de una economía productiva y no su único pilar”, concluyen, señalando que “ha quedado demostrado que las economías diversificadas e independientes resisten mucho mejor cualquier coyuntura”.


Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Faradio: “Cantabria No Se Vende defiende el turismo sostenible”

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El cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando

Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado el 9 de agosto, los científicos están observando cambios en el clima de la Tierra en todas las regiones y en el sistema climático en su conjunto. Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios.

Calentamiento acelerado

En el informe se ofrecen nuevas estimaciones sobre las probabilidades de sobrepasar el nivel de calentamiento global de 1,5 ºC en las próximas décadas, y se concluye que, a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ºC o incluso a 2 ºC será un objetivo inalcanzable.

Según este informe, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas son responsables de un calentamiento de aproximadamente 1,1 °C desde 1850-1900, y se prevé que la temperatura mundial promediada durante los próximos 20 años alcanzará o superará un calentamiento de 1,5 ºC. Este dato es fruto de la mejora de los conjuntos de datos de observación para evaluar el calentamiento histórico, así como de los progresos en el conocimiento científico de la respuesta del sistema climático a las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el ser humano. “Este informe es una constatación de la realidad”, dijo la Copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC, Valérie Masson-Delmotte. “Ahora tenemos una visión mucho más clara del clima pasado, presente y futuro, lo que es fundamental para entender hacia dónde nos dirigimos, qué se puede hacer y cómo podemos prepararnos.”

Todas las regiones se enfrentan a cambios crecientes

Las proyecciones del informe indican que en las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones. Según el informe, con un calentamiento global de 1,5 °C, se producirá un aumento de las olas de calor, se alargarán las estaciones cálidas y se acortarán las estaciones frías; mientras que con un calentamiento global de 2 °C los episodios de calor extremo alcanzarían con mayor frecuencia umbrales de tolerancia críticos para la agricultura y la salud.

Sin embargo, no es cuestión únicamente de la temperatura. Como consecuencia del cambio climático, las diferentes regiones experimentan distintos cambios, que se intensificarán si aumenta el calentamiento; en particular, cambios en la humedad y la sequedad, los vientos, la nieve y el hielo, las zonas costeras y los océanos.

En el Sexto Informe de Evaluación se ofrece por primera vez un análisis más detallado del cambio climático a nivel regional —prestándose especial atención a la información útil que puede servir de base para la evaluación de riesgos, la adaptación y la adopción de otras decisiones— así como un nuevo marco que ayuda a traducir los cambios físicos del clima (calor, frío, lluvias, sequías, nieve, viento, inundaciones costeras, etc.) en lo que representan para la sociedad y los ecosistemas.

La influencia humana en el cambio climático

“Desde hace décadas es evidente que el clima de la Tierra está cambiando, y el papel de la influencia humana en el sistema climático es indiscutible”, dijo Masson-Delmotte. Sin embargo, en el nuevo informe también se reflejan importantes avances en los fundamentos científicos de la atribución, es decir, en la comprensión del papel que desempeña el cambio climático en la intensificación de determinados fenómenos meteorológicos y climáticos, como las olas de calor extremas y las precipitaciones intensas.

En el informe también se pone de manifiesto que las acciones humanas todavía pueden determinar el curso futuro del clima. Hay pruebas claras de que el dióxido de carbono (CO2) es el principal causante del cambio climático, aunque otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos también afectan al clima.

“Si queremos estabilizar el clima será necesario reducir de forma sustancial, rápida y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero para finalmente lograr cero emisiones netas de CO2. Asimismo, limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos, especialmente el metano, podría ser beneficioso tanto para la salud como para el clima”, afirmó Zhai.


Este artículo es un resumen de la nota de prensa publicada por el IPCC sobre las conclusiones del informe del Grupo de Trabajo I que es la primera entrega del Sexto Informe de Evaluación (IE6) del IPCC.

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