Latinoamérica y el Turismo Comunitario como herramienta de paz

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipará Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad.


En Latinoamérica existen distintas regiones que por décadas han enfrentado múltiples formas de violencia; contextos en los que la débil presencia institucional, la llegada y fortalecimiento de economías ilegales, los problemas estructurales de carácter social, económico y político, y las características geográficas que derivan en un difícil acceso en materia de conectividad, han promovido dinámicas de desigualdad social, desplazamientos forzados e innumerables víctimas que en la actualidad habitan en escenarios rurales.

Pese a ello, sus comunidades han hecho un esfuerzo por coexistir y convivir con las violencias, creando escenarios de continuidad que se anclan a economías alternativas al conflicto, incluyendo actividades agropecuarias y apuestas emergentes de turismo en entornos rurales.

En este escenario, el turismo rural comunitario se constituye como una alternativa para construir relaciones de comunidad, sana convivencia y diálogo social, donde la participación de los diferentes sectores, la articulación de intereses y la prevalencia de la empatía, son ejes dinamizadores de una economía solidaria que gira en torno al disfrute de los destinos y la capacidad de visibilizar la memoria histórica de los lugares a través sus visitantes.  De esta manera, las comunidades han insistido en la importancia de la no repetición, como elemento fundamental para lograr una paz sostenible en los territorios, en plena garantía de sus derechos y la posibilidad de mostrar al mundo la potencialidad de destinos únicos.

Por este motivo, desde el panel Turismo Comunitario como herramienta para la Paz”se abordará un ejemplo en Latinoamérica: la experiencia colombiana a través de dos casos de turismo comunitario comprometidos con el desarrollo sostenible y colaborativo, en contextos donde la violencia ha sido un elemento de vivencia cotidiana. Así mismo, contaremos con la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible, quienes trabajan el tema desde la política pública, en una apuesta para posicionar a destinos en los que el acuerdo de paz ha favorecido su desarrollo.

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Ecomapu, un ejemplo de turismo comunitario urbano en Chile

Ecomapu es un Operador Turístico sustentable ubicado en la ciudad de Valparaíso, Chile. Su nombre está compuesto por Eco (raíz griega de hogar) y Mapu (Tierra en Mapudungún), es decir el Hogar de la Tierra. Desarrollan rutas por diversos sectores de la ciudad, normalmente excluidas de los circuitos tradicionales, pese a su valor patrimonial, debido a estigmas como los asociados a la delincuencia, entre otros. Hablamos con Felipe Muñoz, el director de Ecomapu.

Lucía: ¿Cuándo y cómo surgió la idea?

Felipe: Desde el 2002 iniciamos operaciones en la ciudad de Rancagua con rutas de turismo rural. Después del terremoto en 2010, nos cambiamos a Valparaíso, donde comenzamos a desarrollar rutas barriales en modalidad free tour para ir creando circuitos asociadas al patrimonio material e inmaterial de la región, que además fue nombrada como ciudad del Patrimonio Mundial UNESCO.

Sin embargo, el verdadero origen diría que se dio cuando estaba en el colegio y comencé a organizar rutas y paseos para mi curso, que permitieran conocer museos y hacer la clase más entretenida. Después de ingresar en la Universidad, donde estudié Negocios y Economía, surgió la idea de plasmar esos viajes en un negocio, pero con un enfoque diferente; descubriendo lugares que el turismo tradicional no mostraba. Por ejemplo, la zona de Rancagua tiene valles vitivinícolas cercanos donde se ofrecen visitas únicamente a ellas, dejando fuera a los pueblos y la cultura cercanas asociadas al mundo agrícola que ahí se desarrollaban. Por lo que armamos una ruta de turismo rural integrando a campesinos, actividades y patrimonios históricos cercanos.

Vista del cerro Santo Domingo desde Cerro Cordillera, Valparaíso

Lucía: ¿Cómo han ido evolucionando estas rutas desde que os trasladasteis a Valparaíso?

Felipe: Nos trasladamos a Valparaíso en 2013, donde comenzamos estos circuitos por zonas menos frecuentados por otras agencias de la zona, como el cerro Playa Ancha y parte del sitio Unesco en el área histórica del Barrio Puerto y cerro Cordillera.

En 2015, junto a los vecinos del cerro Santo Domingo, impulsamos el desarrollo de la primera ruta de Turismo Comunitario urbana de Chile, creando una experiencia local en contacto con habitantes de la ciudad, su comercio local y el patrimonio histórico que las envuelve.

Desde el 2019 abrimos Experiencias locales asociadas a la gastronomía, arte y música de Valparaíso, siempre integrando el comercio y artistas locales de manera de activar el turismo como una herramienta de desarrollo no tan sólo económico, sino también social y de puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de la ciudad.

Este 2020 y luego del inicio de la pandemia lanzamos nuestras Experiencias Online que permiten conectar de forma interactiva a través de internet con viajeros virtuales que deseen aprender una receta local en vivo integrando un paseo aéreo utilizando un dron gracias a la colaboración de nuestro amigo Darío Quintero, experto en el tema.

Ruta por Cerro Cordillera, Valparaíso

Lucía: ¿Qué atractivos podemos encontrar en estas zonas como Playa Ancha o Cerro Santo Domingo que destaquéis en comparación con otras áreas más visitadas en Valparaíso?

Felipe: Playa Ancha es reconocida también como la “República Independiente” ya que pese a estar dentro de Valparaíso es el cerro más grande la ciudad con sus propios barrios comerciales, bancos, correo, universidades y el estado de la ciudad, que le da un carácter único a los vecinos que acá convivimos. La historia urbano del cerro se desarrolla principalmente después del terremoto de 1906 donde parte de los inmigrantes ingleses reconstruyen sus destruidas casas en este nuevo sector de la ciudad, que era usado mayormente como defensa militar (hasta el día de hoy).

Playa Ancha hoy muestra una exquisita arquitectura neogótica de casas de madera, muchas de ellas inspiradas en la arquitectura californiana, razón por la cuál, muchos la llaman también “la pequeña San Francisco”, esto agregado a que el cerro aún sobrevive la vida de barrio de comercio local libre de cadenas y supermercados, además de tener una exquisita playa llamada Las Torpederas, única en la ciudad autorizada para la natación en el mar.

El cerro Santo Domingo es el cerro más antiguo de Valparaíso, dónde comienza el proceso fundacional de la ciudad desde época colonial española. A sus pies se construye la Iglesia de La Matriz que se mantiene en el mismo lugar, aunque en la quinta reconstrucción luego de ataques de piratas y terremotos. Alrededor se levanta también el barrio comercial más antiguo de Valparaíso: el Barrio Puerto, con un comercio antiguo, bares y restaurantes de comida local (este barrio es parte del sitio Unesco).

El barrio del cerro Santo Domingo mantiene una arquitectura popular única basada en la autoconstrucción y otras de arquitectura de siglo XIX y XX asociada al patrimonio histórico de sus habitantes; obreros portuarios o trabajadores del comercio asociado a la ciudad y el puerto. El cerro Santo Domingo, además de sus hermosas y democráticas vistas a la bahía, tiene el alma de sus vecinos que históricamente han permanecido acá unidos en las dificultades, siendo casi una gran familia de vecinos. Esta es la principal razón por la que hemos trabajado desde acá la ruta de turismo comunitario La Matriz.

Vista del Cerro Santo Domingo y Población Márquez de Valparaíso

Lucía: ¿Qué papel tienen los guías y otros miembros en la corporación?

Felipe: Nuestro equipo de guías son fundamentales para desarrollar nuestras experiencias. Ellos trabajan con nosotros en modalidad freelance y nosotros entregamos un calendario mensual abierto donde cada uno selecciona las fechas que desea trabajar. Ecomapu ha sido también una escuela, ya que la mayoría de nuestros guías fueron estudiantes en práctica de Universidades e Institutos locales que finalmente siguieron trabajando con nosotros. Además, nuestra metodología consiste en que ellos aprendan nuestras formas de trabajo para que idealmente puedan crear sus propios emprendimientos que pudieran ser alianza del Ecomapu. De esa forma, captamos nuevas rutas y experiencias pero ya en manos de ellos y ellas directamente.

Nuestra red no está completa sin las comunidades de vecinos y locatarios de comercio local, por lo que participamos activamente en organizaciones vecinales y asociaciones gremiales del rubro turístico de manera que podamos trabajar en red y en comunidad.

Lucía: ¿Cuáles son los mayores retos que habéis encontrado en el camino?

Felipe: Conectar con las comunidades locales, comprendido que son un tejido complejo especialmente en una ciudad como Valparaíso que posee muchísimas organizaciones sociales y barriales, donde varias de ellas ven el Turismo, razonablemente, como una amenaza a estos tejidos sociales; por lo que es importante el trabajo progresivo y consciente, informando e integrando a aquellos barrios que muestran interés en desarrollar el turismo.

Existen también retos relacionados con aspectos culturales de los chilenos, ya que muchos de ellos estigmatizan y ahuyentan  viajeros a la ciudad, debido a prejuicios  basados en noticias vistas en TV sobre delincuencia y otros aspectos negativos de la ciudad. Favorablemente, gracias al posicionamiento internacional de la ciudad reconocida como un patrimonio cultural de la Humanidad, muchos chilenos han ido cambiando esta percepción, vienen y recorren la ciudad, convirtiéndose luego en perfectos embajadores de Valparaíso.

Por último, hace 8 años atrás cuando comenzamos a aplicar aspectos que luego se denominó Turismo Sustentable, y nos costó que empresas locales, especialmente de mediano y gran tamaño, confiaran y dieran valor a nuestra propuesta como parte fundamental para el desarrollo de un turismo armonioso y sobretodo que se orientara a crear una experiencia de visita a los viajeros que llegaban a Valparaíso.

Recepción y degustación  de productos artesanales en comedor social 421

Lucía: ¿Qué impacto tienen este tipo de rutas en la comunidad local del destino?

Felipe: Ha sido positivo, aunque no exento de dificultades, dada la reticencia inicial de algunos vecinos a recibir turistas, pero una vez que nos conocen comprenden lo que buscamos y queremos hacer de forma respetuosa y armoniosa con el barrio, generando lazos de confianza e incluso amistad que fortalece aún más la relaciones humanas, tomando un papel secundario las eventuales relaciones comerciales que pueden generarse al desarrollar turismo en el sector.

Gracias al trabajo en conjunto con otras organizaciones locales como Asociaciones Gremiales, Vecinales, académicas e incluso con la misma Iglesia La Matriz (actor fundamental en el barrio), hemos ido integrando el turismo de forma responsable, comenzando a verse como una oportunidad real de desarrollo económico; aunque la pandemia hoy nos ha enseñado que nada para es siempre y que el turismo es una actividad frágil, lo que al mismo tiempo nos da la oportunidad de desarrollar un turismo a escala humana desde el barrio y sus patrimonios.

Lucía: ¿Encuentras alguna diferencia entre los viajeros que hacen este tipo de tours con Ecomapu?

Felipe: Sí, sin duda nuestros viajeros buscan una experiencia diferente al visitar Valparaíso, queriendo conocer de cerca la cultura local, costumbres, gastronomía y formas de vida que un turista tradicional no conocería. El lujo para nuestros viajeros es tener la oportunidad única de, por ejemplo, almorzar con una familia porteña, conocer un almacén de barrio o disfrutar de comida típica en un restaurante popular del Barrio Puerto. De hecho, nos gusta referirnos a ellos como viajeros y no como turistas, ya que buscan vivenciar su estadía, son conscientes y valoran mucho la autenticidad y la cercanía con los habitantes de la ciudad, más allá de buscar la postal típica o tratar de recorrer todo en un par de horas.

 Plaza Echaurren en Barrio Puerto Valparaíso

Lucía¿Qué otros servicios ofrece Ecomapu?

Felipe: Hoy Ecomapu se encuentra  en un proceso de renovación y cambios, partiendo por el cambio de casa que nos llevará desde Playa Ancha al cerro Santo Domingo con nuestro hogar y oficina física, lo que no implica dejar las rutas de Playa Ancha, al contrario gracias al trabajo desarrollado con vecinos hoy nos asociamos para impulsar el turismo post pandemia en este sector de Valparaíso.

Este cambio al cerro Santo Domingo será la piedra inicial para uno de nuestros grandes sueños: crear la primera Escuela-Taller de Turismo Comunitario y Sustentable de Valparaíso, convirtiendo nuestra casa en un centro de encuentro para el turismo en armonía con el barrio y sus habitantes.

Hemos también terminado de re enfocar todas nuestras rutas a Experiencias locales integrando actividades y contacto con la comunidad local, además de introducir el aprendizaje del patrimonio natural de la ciudad, reconociendo flora y fauna nativa al interior de la ciudad.

Continuamos también consolidando nuestras Experiencias Online, para que sean también una puerta de entrada a viajeros que deseen conocer la ciudad antes de viajar.

Seguiremos también impulsando nuestras Experiencias Creativas en Gastronomía con la ruta por las “picás” del Barrio Puerto (restaurantes y bares populares) o en la Música con la ruta con un músico local aprendiendo del tradicional bolera y cueca chora, como parte del folclore que Valparaíso ofrece.

Solo estamos a la espera de que comience el proceso de re-activación para mostrarles estas y otras novedades, en una nueva forma donde el mundo ha debido aprender a viajar y hacer turismo.


Gracias a Felipe por su tiempo. Podéis encontrar más información sobre Ecomapu en su webinstagramfacebooktwitter y youtube.

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EcoRutas en Gran Canaria: Mundocreativo reactiva el turismo de forma sostenible

El turismo mundial necesita reactivarse de manera sostenible y, para eso, es necesaria una actitud positiva tanto de locales como de turistas. Para lograr esto, Mundocreativo, una asociación sin ánimo de lucro con base en Gran Canaria, propone el concepto de EcoRutas: recorridos en lugares de interés turístico con la premisa de disfrutar, conocer gente comprometida con el medio ambiente y dejar el trayecto mejor de lo que estaba.

El proyecto

El objetivo de Mundocreativo es fomentar una relación más sana con el medioambiente a través de un modelo de turismo sostenible. La asociación promueve el uso consciente y racional de los recursos naturales, el respeto y sensibilidad ante el entorno y la reducción de la huella ambiental del turismo a través de actividades divertidas e interesantes.

El proyecto enfatiza en el disfrute de las actividades organizadas. De esta manera, el cuidado del medioambiente se transforma en una actividad placentera y puede convertirse en un hábito, en vez de una acción de una vez en la vida.

Durante el último año, Mundocreativo organizó más de 80 rutas de senderismo con voluntarios en la isla de Gran Canaria. En ellas, conectaron a personas de más de 12 países, con quienes recorrieron playas, montañas y pueblos de interés turístico, crearon recuerdos maravillosos y limpiaron un volumen superior a 17.200 litros de basura.

La asociación

El lema de Mundocreativo es #mejorqueestaba. Esto significa, no dejar residuos en los lugares que cada persona visita y, además, llevarse algo de la basura que se encuentra en el camino. 

De esta manera, reducen poco a poco el impacto ambiental del turismo, fomentan la conciencia ecológica y realizan una actividad que, lejos de desgastar los ánimos, aumenta las ganas de cuidar a la naturaleza.

Para solventar sus gastos, Mundocreativo disponía de patrocinadores que han tenido que hacer un alto en sus donaciones a causa de la crisis del COVID-19. Por eso, han abierto un crowdfunding para generar una red de personas que apoyen el proyecto y así poder seguir adelante, dejando el planeta cada día mejor.

Por qué su trabajo es importante ahora mismo

Hoy, más que nunca, este tipo de actividades de concienciación se han vuelto urgentes. La crisis del COVID-19 ha exponenciado el uso de mascarillas, guantes, envases y utensilios de un solo uso, aumentando en gran medida la contaminación del medio ambiente por residuos no biodegradables.

Además, las limitaciones impuestas por la pandemia han golpeado fuerte al sector turístico, que exige una reactivación gestionada de manera sostenible, tanto para beneficio del medioambiente como de las economías y culturas locales. A través de los recorridos organizados por Mundocreativo se crean lugares más limpios, lindos y disfrutables para todos. Por eso, el concepto de EcoRutas resulta fácil de aplicar en cada rincón del planeta y su impacto positivo podría ser parte de la reactivación sostenible del turismo.

Puedes seguir a Mundocreativo en las redes sociales a través de TwitterInstagram y LinkedIn.

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Lección en el corazón del Amazonas venezolano

Antonio Rivas es Planificador de Proyectos de Turismo Sostenible y se postula como uno de los ponentes que participarán en el Encuentro Digital de Turismo Comunitario que coordina Komú Travel. De su dilatada experiencia como asesor en turismo comunitario en Chile, Colombia, México y Venezuela nos comparte estas reflexiones sobre las comunidades indígenas venezolanas.

El bongo navegaba las aguas del Casiquiare en el medio del Amazonas venezolano, se divisaban siluetas de algunos habitantes de la Comunidad Yanomami de Coromoto, niños en su mayoría. Esperaban el arribo de unos maltrechos, pero felices viajeros que andaban replicando la ruta fluvial que a principios del siglo XIX despertó el interés de Alejandro Von Humboldt.

Colgadas las hamacas en la escuela y luego de improvisar algunas tablas como repisas para el equipaje, noté una infantil algarabía que solo fue interrumpida por el sonido fuerte y metálico de un Pájaro Campanero (Procnias alba), que no se dejaba ver, pero manifestaba presencia en el árbol que cobijaba bajo su follaje la particular escuelita.

Transcurría el tiempo y los rostros curiosos de algunos niños se dejaban observar a través de las paredes; poco a poco fueron entrando en procesión al interior de nuestro improvisado refugio. Las pesadas mochilas fueron los objetos más atractivos, pues distaban bastante de los incómodos implementos que usan los adultos para transportar el producto de sus huertos.

No hallaba manera de comunicarme con el niño más intrépido del grupo, quien con desparpajo empezó a curiosear mi equipaje; una linterna pareció calmar su búsqueda, fueron vanos sus intentos para encenderla, sin embargo creí conveniente establecer un “contacto intercultural” a través del trueque de algún objeto personal, que según mi percepción podía ser útil en el medio de lo que consideraba una naturaleza inhóspita.

Finalmente la transacción surgió efecto, a cambio de algunas frutas entregué a Mario una camiseta; me alegré por lo que consideraba un valioso aporte cultural, mientras me apresuraba a recoger mis cosas pues el viaje debía proseguir».

Transcurrido medio año retorné a Coromoto con otro grupo de turistas apasionados por la fotografía, en los días de permanencia en la comunidad concentré la atención en las mejores locaciones para las fotografías que ilustrarían el calendario de una reconocida ONG.

Poco antes de continuar el viaje a Rio Negro conseguí a un costado de la escuela la camiseta que había cambiado por frutas, pregunté por Mario y nadie me supo dar razón. Finalmente lo  encontré pescando, traté de comunicarme pero su actitud y rostro manifestaba más que enojo, decepción por no haberle saludado antes. Muy contrariado proseguí con el itinerario, atrás quedaba un niño decepcionado por mi actitud, en su franca inocencia manifestó desencanto porque no cultivé la incipiente amistad.

La lección que me dio Mario fue despedirse con una franca sonrisa y el batir de mano desde la orilla del río. Comprendí que a pesar de mi egoísmo, un pequeño Yanomami me había enseñado respetar los verdaderos valores de la amistad, que se han disipado en una sociedad agobiada por una mal llamada modernidad».

Recorriendo la selva del Amazonas venezolano

Las comunidades indígenas arraigadas en la Amazonía venezolana siempre han sido objeto de admiración y estudio, la selva les ha proveído de alimentos, vivienda, transporte y vestido; sin que por ello hayan modificado su entorno natural, por el contrario, la convivencia con la madre natura roza la perfección.

Por estas y otras razones de origen antropológico, operadores turísticos han incluido en sus programas la visita a comunidades indígenas, particularmente vulnerables; sobre todo ante el comportamiento invasivo y detractor de viajeros que solo desean ampliar su listado de lugares inhóspitos visitados».

¿Qué sentiría un viajero cuando a las puertas de su hogar se arremolinen individuos que jamás había visto? y que están ávidos por penetrar en un mundo ajeno. Sin duda, se sentiría invadido y ofendido, porque su cotidianidad sería interrumpida por cámaras fotográficas y la desfachatez de no guardar recato al entorno ajeno.

Eso sienten muchos indígenas venezolanos, pues en su mayoría son exhibidos como obras de museo de historia natural, sin importar su cosmogonía. Con ese actuar desmedido son afectados hasta el punto de padecer alienación y de un solo soplido pueden quedar en el pasado la noble labor de seres que surgieron y viven de la selva y quieren seguir siendo protagonistas de una naturaleza privilegiada, pero vulnerable a los embates de visitantes con presunciones de superioridad cultural.

Existe una fórmula sencilla para disminuir las intervenciones durante las operaciones turísticas en áreas prístinas y con comunidades locales excepcionales; es suficiente un comportamiento humilde, desterrando la soberbia del hombre moderno. La visita debe ser casi inadvertida, si hay interacción, debe basarse en tratos espontáneos y cordiales, sin actitudes inquisitorias ante situaciones que puedan parecer fuera de tono para el “mundo moderno”.

Toda comunidad indígena debe tratarse respetuosamente, sin prejuicios y procurando que todo transcurra como si nunca se hubiese visitado ese entorno colmado de misticismo y hogar de seres excepcionales que han cautivado a connotados exploradores y académicos; demostrando que es posible convivir en armonía con la naturaleza, dejando legado de autenticidad, sostenibilidad y responsabilidad.

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El regreso de la Patagonia salvaje: cómo el rewilding convirtió una estancia ganadera en un parque nacional

El valle Chacabuco fue una de las haciendas ovejeras más grandes de la Región de Aysén, pero la ganadería intensiva degradó profundamente un paisaje que antes era poblado por la estepa patagónica, bosques de coigüe, huemules, pumas, entre otros. Después de ser adquirida por una fundación, protagonizó un proceso de restauración activa y rewilding que culminó con la creación del Parque Nacional Patagonia.

Imagina que tienes un complejo sistema de engranajes para echar a andar una gran máquina. Si alguna de sus piezas es eliminada o sufre una fractura por sobrecarga, es de esperarse que el artefacto se averíe y deje de realizar sus funciones de manera óptima. Si lo extrapolamos a la intrincada trama de la vida, algo así es lo que ha ocurrido en los ecosistemas del planeta por la intervención humana, lo que nos tiene actualmente sumidos en fenómenos como el cambio climático, la crisis de extinción de especies, y la pandemia del coronavirus que constituye un incómodo recordatorio de nuestra complicada relación con la naturaleza.

Frente a este complejo escenario han surgido propuestas como el rewilding. Este método, que podríamos traducir como “reasilvestramiento” o “renaturalización”, posee más de una definición y no ha estado exenta de críticas, pero consiste básicamente en devolver a la naturaleza sus “piezas” o “engranajes” originales, permitiéndole recuperar su funcionamiento, procesos y estado salvaje del cual ha sido despojado por la incauta mano del Homo sapiens.

Justamente, Chile cuenta con un exponente único de rewilding a nivel nacional, que convirtió a una de las haciendas ovejeras más grandes de la Región de Aysén en un área protegida que ha ido recuperando paulatinamente su biodiversidad después de 100 años de ganadería intensiva. Ese mismo sitio acogió en su seno a 14 ñandúes que fueron liberados hace pocos días, en el marco de un programa de reintroducción de esta especie que pudo haberse extinto localmente si nadie hacía nada.

Esa es la historia del valle Chacabuco, una estancia de ganadería ovina que fue adquirida por la fundación Conservación Patagónica en el año 2004, con la ayuda de Douglas Tompkins, y que se convirtió en 2018 en parte del Parque Nacional Patagonia. El parque se creó a través de la unión de las reservas nacionales Lago Jeinimeni y Lago Cochrane (Tamango), con los terrenos del valle Chacabuco que luego fueron donados al Estado, sumando así una superficie protegida de 304.527 hectáreas.

Para hacerse una idea, el fundo se estableció en 1908 y pasó por varios manos, llegando a tener en sus casi 70.000 hectáreas alrededor de 30 mil ovejas, 4 mil vacas y otros elementos que degradaron y transformaron profundamente el paisaje que antes era poblado por la estepa patagónica, bosques de coigüe, huemules, pumas, ñandúes, entre tantos otros.

“El caso del Parque Nacional Patagonia es único en Chile. Durante 15 años de trabajo, nuestro eje ha sido la restauración y transformación de un lugar de uso productivo para traspasarlo a la conservación y al patrimonio natural de Chile. Esto ha significado un manejo activo para el restablecimiento o fortalecimiento de sus especies y ambientes, y con ello de sus funciones ecológicas. Hemos hecho desde el retiro de cercos y la exclusión de la ganadería, hasta el monitoreo de animales como huemules y pumas, viendo cómo la ecología del lugar evoluciona desde el momento en que intentamos volver a lo natural o lo más cercano a lo natural”, explica Ingrid Espinoza, directora de Conservación en Tompkins Conservation Chile.

Una vez que adquirieron la estancia ganadera, la directora ejecutiva de Tompkins Conservation, Carolina Morgado, cuenta que “como este valle era prioridad de conservación, lo enfrentamos desde el punto de vista de la restauración, del rewilding, de cómo reasilvestrar una propiedad que llevaba muchos años bajo un sistema de ganadería intensiva. La primera pregunta que nos hicimos fue: ¿qué ser vivo falta aquí?Sabíamos que por la actividad ganadera faltaba el huemul, que estaba muy acorralado en la Reserva Tamango, hacia el sur, y también en la zona más fronteriza con Argentina había una escasísima población de ñandú”.

Ñandu en Puesto Ñandu – Reproduccion ©Johanna Zajc
Ñandú ©Johanna Zajc

Por ello, a través de una serie de medidas implementadas durante 15 años han logrado recuperar la naturaleza local, lo que ha quedado de manifiesto de varias maneras.

“Uno de los efectos más evidentes de las acciones de conservación implementadas en el área, ha sido la recuperación los mamíferos mayores y carnívoros en el sector de Valle Chacabuco. Ello, luego de ser una de las principales haciendas de producción ganadera del territorio, y a partir de un trabajo intencionado a la exclusión del ganado doméstico y otras acciones de conservación y manejo de fauna. Con las intervenciones realizadas se logró volver a generar las condiciones de recuperación de la flora del lugar y, posteriormente, la recuperación gradual de la fauna, a partir de la recolonización natural de su hábitat”, señala José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la cual mantiene un convenio de colaboración con la fundación.

Pero, ¿cómo lo hicieron?

Sin duda, fue un proceso dilatado y de diversos frutos.

El regreso del huemul

Según cuentan, el valle Chacabuco era una clase de “jamón en el sándwich” entre dos grandes áreas protegidas que Conaf ya administraba en ese entonces: la Reserva Jeinimeni, por el sector norte, y la Reserva Nacional Tamango por el sur. Por lo tanto, la estancia se emplazaba en un territorio estratégico porque permitiría unir estos dos sectores para generar una gran área de conservación.

Sin embargo, el cometido no era del todo sencillo en un lugar marcado por la cultura patagónica ganadera, donde un proyecto de conservación de este calibre no solo era visto como algo excéntrico, sino como un factor de riesgo al implicar una mayor presencia de especies que despiertan amores y odios como el puma.

Precisamente, y como ha sido la tónica a lo largo del país, la convivencia con la vida silvestre no era del todo armónica. Por un lado, carnívoros nativos como el puma y el zorro eran vistos como amenazas para el ganado debido a los ataques que experimentaban los animales criados por los productores. Herbívoros como el guanaco, en tanto, eran concebidos como una “competencia” al consumir el mismo alimento que las ovejas y vacas. Todo esto motivó, por décadas, acciones como la caza, la construcción de cercos para impedir el acceso a las especies nativas, y el creciente desplazamiento de las criaturas autóctonas.

Por ello, luego de comprar la estancia completa en 2004, el equipo de la fundación realizó su primera salida a terreno para evaluar las acciones de rewilding y restauración. Recuerdan un panorama dominado por las ovejas, que podía verse expresado – a lo lejos – como diversas motitas blancas que colmaban el paisaje.

El coironal, la estepa y los bosques habían sufrido mucho por el sobrepastoreo. Se había colocado más ganado de lo que el territorio era capaz de soportar, y eso significó que las plantas no alcanzaban a semillar para regenerarse de forma natural. Por lo tanto, la cobertura o número de plantas por superficie iba disminuyendo, y avanzando con ello la erosión”, cuenta Cristián Saucedo, administrador de Vida Silvestre – Rewilding de Tompkins Conservation.

Por ello, una de las primeras tareas consistió en la remoción de cercos y en el retiro del ganado, principalmente a través de su venta. Eso se hizo de manera gradual, aclara Saucedo, ya que “es un gran cambio para cualquier sistema, porque pese a que había esta permanente pugna entre depredadores y ganaderos, igual los predadores lograban sacar una tajada [oveja] de la torta. Sacar del sistema esa oferta de alimento, de la noche a la mañana, podía tener consecuencias que nadie podría predecir”.

Pero el objetivo no solo era darle respiro a la vegetación local, sino también permitir que las especies autóctonas recuperaran su antiguo territorio. Un caso prioritario lo constituía el huemul (Hippocamelus bisulcus)el cual se encuentra en peligro de extinción debido a sus diezmadas y fragmentadas poblaciones, que estarían compuestas por aproximadamente 1.500 o 2.000 ejemplares a nivel mundial, reflejando su crítico estado y, a su vez, la mala salud de los ecosistemas.

En ese sentido, Cochrane constituye un refugio para este ciervo nativo, ya que actualmente más del 10% de la población remanente de huemules se encuentra al interior del Parque Nacional Patagonia, y de la provincia en la cual se inserta esta área protegida.

Huemul Macho adulto ©Johanna Zajc
Huemul macho adulto ©Johanna Zajc

Definido como “tímido”, el ciervo más austral del planeta es territorial, sin importar si es macho o hembra. Conforma grupos pequeños y prefiere ambientes de bosques de lenga y matorral de ñirre, combinados con sectores rocosos y de fuertes pendientes que le proporcionan una mayor diversidad de alimento y un menor riesgo de predación.

En cuanto al valle Chacabuco, Saucedo puntualiza que “los huemules no eran cazados en forma intensiva ni tampoco había una intención de querer eliminarlo, primero porque no eran tan abundantes, y segundo porque no eran vistos como competencia como sucedía con el guanaco. Pese a ello, se veía bastante afectado por la presencia de las vacas y por los perros que eran ocupados para arrear al ganado. Los huemules trataban de mantenerse, pero no ocupaban los mejores lugares para ellos, en términos de alimentación y refugio”.

De esa manera, a partir del 2005 se inició el monitoreo de huemules con radiocollares en distintos sectores para determinar su condición inicial, con la ayuda de guardaparques que anteriormente habían trabajado como puesteros para la estancia ovejera.

Cuando capturaron algunos huemules para identificarlos y equiparlos con los radiocollares, aprovecharon de evaluar su estado sanitario. Así fue posible detectar la exposición de estos ciervos a agentes de enfermedades infecciosas provenientes del ganado doméstico.

Saucedo, quien es médico veterinario, relata que “encontramos en ese momento que había evidencia de enfermedades virales que estaban circulando desde el ganado hacia el huemul y, por lo tanto, demostraron que lo que estábamos haciendo iba en la línea correcta”.

Uno era el caso del virus de la diarrea bovina, el cual causa abortos y nacimientos de terneros débiles. Es posible que lo anterior se relacione con la detección de casi un 8% de crías de huemul que nacen frágiles o que mueren a los pocos días de haber sido dadas a luz, en áreas donde antes hubo ganado en el valle Chacabuco.

También se diagnosticaron casos de huemules que padecían cuadros severos de sarna ovina, con presencia de costras y descamación. Los expertos observaron que, cuando se manifestaba en las orejas, la capacidad auditiva de estos ciervos se veía perjudicada por las secreciones y el engrosamiento de su piel, aumentando su vulnerabilidad frente a amenazas como la depredación. Debido a los riesgos que esto revestía para estas poblaciones tan deprimidas, se le otorgaron tratamientos con antiparasitarios a algunos huemules afectados.

Pero eso no era todo.

Los equipos fueron estudiando otros factores que interactuaban o causaban la muerte de estos animales. Entre 2008 y 2015, por ejemplo, se encontró en el sector de Puesto Huemul y Tejuela a un 45% de los huemules adultos muertos por acción del puma, su predador natural, mientras que al mismo porcentaje de huemules se les perdió el rastro.

A esto se suma la muerte de crías de huemul en Puesto Huemul y Tejuela entre los años 2008 y 2014, mayoritariamente asociada a los depredadores naturales, siendo los zorros responsables de un 31% de los ataques y los pumas de un 54%. El resto se trató de causas no naturales y vinculadas a actividades humanas, como la caza y enfermedades asociadas a la ganadería.

Pese a lo anterior, cabe destacar que el huemul representa alrededor de un 0,7 % de la dieta del puma en esta zona, ya que es el guanaco la presa preferida de este felino, conformando entre un 80 y 90% de su alimentación.

No obstante, esto se combina con otros carnívoros que no son nativos, y que han sido introducidos por el ser humano: los perros. La mayoría proviene de la localidad de Cochrane y alrededores, aumentando su presencia por la expansión urbana, así como por el abandono y la escasa supervisión de los canes, tanto en el ámbito urbano como rural.

A lo largo de diez años de trabajo se constató el efecto negativo de los perros sobre los huemules en diferentes zonas del río y lago Cochrane. Por ejemplo, entre los años 2005 y 2015, la mortalidad detectada de individuos adultos por ataques de canes alcanzó valores de hasta un 20% en la Reserva Nacional Tamango, por su cercanía a la ciudad de Cochrane.

Además, en ese mismo lugar se registró entre 2005 y 2007 un importante impacto de perros sobre las crías de huemul, ocasionando un 30% de las muertes, equivalente a la mortalidad producida por los zorros. Esto no es menor si consideramos que estos ciervos comienzan a reproducirse a partir de los tres años, y que las hembras paren solo una cría anualmente.

Aunque las presiones y amenazas externas continúan, la recuperación de esta especie en la zona ha sido evidente. “Si en el primer año teníamos tres o cuatro huemules en un área, al año 10 veíamos en esos mismos lugares entre 30 y 35 huemules, o sea se ha visto una notable recuperación. Nosotros no éramos capaces de medir en todos lados, porque la verdad es que los territorios son extensos, pero también vimos que había nuevas áreas donde aparecían huemules”, detalla Saucedo.

Hace pocos días, se lanzó de forma oficial el programa “Corredor del Huemul” en la zona norte del Parque Nacional Cerro Castillo, también en Aysén. La iniciativa es impulsada por Tompkins Conservation, en alianza con el Ministerio de Agricultura, CONAF y SAG, con el fin de promover la conservación de este ciervo en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. Para ello contemplan acciones que le otorguen conectividad ecológica, como la remoción de cercos para reducir lesiones en los huemules y permitirles el libre tránsito.

Hacia una buena convivencia

No solo el huemul comenzó a prosperar en la zona. La vegetación local como la estepa patagónica también experimentó su lenta restauración, al igual que el guanaco, como bien recuerda la directora de Conservación de Tompkins Conservation. “Cuando compramos la estancia había ovejas por todos lados, y recién podías escuchar las vocalizaciones de los guanacos cuando ibas a los cerros, pero no se veían cerca. A medida que fuimos sacando la ganadería de forma paulatina, el guanaco fue recuperando su valle, porque él era el gran herbívoro del valle, no las ovejas, y ese proceso de recuperación fue súper bonito”, expresa Espinoza.

Guanacos curiosos ©Johanna Zajc
©Johanna Zajc

Y como es de esperarse, donde hay guanacos, hay pumas.

Por ello, desde los inicios del rewilding, el monitoreo también se enfocó en el mayor felino del país, no solo para levantar información, sino también para promover una mejor convivencia entre este animal y las comunidades vecinas, por ejemplo, probando métodos para disminuir los ataques al ganado.

Morgado cuenta que “sabíamos que, en todo este proceso paulatino de retiro de cercos y del ganado, volverían especies a su hábitat, entre ellos el puma. Por eso comenzamos su monitoreo, queríamos ver cuál iba a ser su interacción con otros animales y también porque había mucho temor por el puma en las comunidades”.

Tal como lo hicieron con los huemules, a los pumas también se los monitoreó con métodos como los radiocollares y cámaras trampa. De esa forma pudieron seguir su vida y obra, ya fueran sus movimientos, las especies que se convertían en su menú, entre otros datos de interés.

Dado que, en ese entonces, todavía les quedaban ovejas de la antigua hacienda, probaron distintas técnicas para evitar ataques de puma, aceptando que siempre iban a ocurrir esos eventos por el hecho de estar al lado de una zona silvestre.

Saucedo relata que “usamos una técnica bien antigua que se ocupaba en Europa, que se basa en perros de gran talla y raza especializada, en este caso gran pirineo, para cuidar al ganado. Los improntábamos, es decir, desde muy temprana edad interactúan con las ovejas para que se sientan miembros de la familia. Básicamente, lo que hacen esos perros es mantener a los depredadores a distancia, porque marcan a través de la orina y fecas, ladran toda la noche, y de alguna forma con eso obligan a los depredadores a desplazarse o impactar de forma mucho menor al rebaño”.

Constataron por esa vía que la presencia de estos canes disminuyó considerablemente los ataques de pumas a ovejas. “Logramos a través de la implementación de ese programa demostrar a muchos de nuestros vecinos que había formas de poder producir con algún grado de coexistencia con los predadores”, asegura Saucedo.

Además, durante este camino de rewilding se han realizado otras acciones, como las liberaciones de cóndores y ñandúes. Esta última ave es emblemática de la estepa patagónica, pero ha estado al borde de la extinción debido a factores como la caza, la recolección de huevos, la depredación por perros, y la destrucción de nidos. Su situación era tan crítica, que cuando llegaron al valle Chacabuco existía una población extremadamente pequeña, de alrededor de 10 o 12 individuos en la zona. Por este motivo se inauguró en 2015 el Centro de Reproducción para la Conservación del Ñandú en el Parque Nacional Patagonia, el único en su tipo en Sudamérica.

Fue en el marco de ese mismo proyecto que se liberaron 14 ñandúes en el parque nacional el pasado 11 de mayo.

Al respecto, el director ejecutivo de Conaf sostiene que “es necesario relevar el trabajo asociado a ejecución de un programa de reproducción, cría y liberación controlada del ñandú que, a pesar de su relativo reciente desarrollo e instalación, posee resultados auspiciosos respecto del uso de prácticas y técnicas complementarias de conservación in situex situ. Por otra parte, ha permitido desarrollar la técnica del manejo de una especie nativa, para contribuir desde la conservación activa y asistida a su conservación”.

A través de este manejo activo, Saucedo explica que “lo que hacemos anualmente es liberar al medio silvestre entre 10 y 15 ñandúes criados en cautiverio, de manera de fortalecer numéricamente la población, y con ello ayudar a que colonicen nuevos espacios, reduciendo de forma considerable su riesgo de extinción”.

Una propuesta para tiempos inciertos

En estos tiempos de pandemia y crisis sociambiental, esta labor adquiere un nuevo tenor. Mientras que Tompkins Conservation continúa trabajando en distintos lugares con varias instituciones, incluyendo a su fundación hermana Rewilding Argentina, organismos como Conaf impulsan iniciativas para la conservación, recuperación y restauración activa de especies nativas y su hábitat, siendo algunas de ellas el proyecto de conservación de la vicuña en el Parque Nacional Lauca y Reserva Nacional Las Vicuñas, y del huemul en la cordillera de Chile Central, específicamente en la Reserva Nacional Ñuble y Huemules de Niblinto.

“Sin lugar a duda, las aproximaciones a la restauración ecológica, como el rewilding, son herramientas indispensables que es necesario desarrollar e implementar, para la gestión exitosa en la conservación de la diversidad biológica presente en las áreas silvestres protegidas, principalmente en el contexto de cambio climático que vive el planeta en la actualidad”.

En cuanto a las proyecciones, la directora ejecutiva de Tompkins sostiene que “nuestro foco está en la Ruta de los Parques de la Patagonia, es decir, todo el territorio que está entre Puerto Montt y Cabo de Hornos. Nuestra estrategia de rewilding es seguir trabajando ahí, es seguir conservando al huemul como especie ancla, y en todos los lugares estratégicos donde existen sus poblaciones, para que florezcan, se fortalezcan y sobrevivan. Al sobrevivir el huemul sobreviven un montón de otras especies que van asociadas a su ciclo”, asevera Morgado.

Para Saucedo, “todavía no tenemos el completo entendimiento sobre los impactos positivos o beneficios que tiene el regreso de especies en los ecosistemas. Experiencias de otros lugares a nivel mundial, como el clásico ejemplo de Yellowstone, muestran que el regreso de especies nativas, ya sean predadores o herbívoros, trae beneficios sobre el suelo, los bosques y el agua, entonces, nuestras especies nativas son verdaderos barómetros o indicadores de salud. Si somos capaces como chilenos y humanidad de recuperar especies, estamos transitando o ayudando a frenar crisis como la de extinción de especies”.

Por su parte, Espinoza recalca que “el coronavirus está reforzando nuestra visión. Al afectar los ecosistemas naturales, estamos provocando el traspaso de las enfermedades infecciosas de la vida silvestre, como por ejemplo la perdida de bosques”.

“Por eso se habla mucho del enfoque ‘Una Salud’, donde la salud de nosotros depende de la salud de los ecosistemas. La naturaleza tiene la capacidad de recuperarse y sus procesos naturales son resilientes, pero lo más importante en este minuto es que, frente a esta crisis ambiental, es necesario tener acciones mucho más activas y directas. Por ahí va el rewildiingNecesitamos seguir generando estas cuentas de ahorro de patrimonio natural que son parte de esta protección, y que nos van a producir un mejor bienestar para todos”, sentencia.

Este artículo ha sido replicado en Travindy con permiso de su autora, Paula Díaz Levi escrito para el medio Ladera Sur.

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