Cómo posicionar un destino urbano de referencia para el Slow Tourism

Lo estamos leyendo en todos los medios relacionados con el sector: el turismo es y será uno de los más afectados por el Covid-19. En este caso rendirse no es una opción, sino pensar en cómo nos levantaremos. Y aprovechar esta oportunidad para hacerlo de una forma más sostenible, desarrollando una relación más amable y directa con los destinos. Pero sobretodo con sus residentes.

¿Qué es el Slow Tourism?

Es un turismo para vivir el destino sin prisas, disfrutando de cada espacio que ofrece y mezclarse con la comunidad local. Tiene una serie de características como el tipo de alojamiento, las actividades que se realizan y el respeto por el medioambiente.  El Slow Tourism, como alternativa, se define como un tiempo de vacaciones para la recuperación y la recreación cercanas a un entorno natural donde la lentitud es un valor fundamental para el bienestar. Esto se relaciona con el rechazo a visitar mucho en poco tiempo, como sucede en grandes ciudades en las que podemos ver numerosos grupos de turistas recorriendo los centros históricos en una mañana para ver todo el patrimonio del lugar. 

Lo que se percibe al escuchar slow tourism es que se motiva al turista a permanecer más tiempo en el destino. Esta es una de las principales ideas de la filosofía de este tipo de turismo, ya que una mayor estadía es una oportunidad para:

1) conseguir el objetivo de unas vacaciones; es decir, relajarse y desconectar y ,

2) una mayor interacción con la población local que haría aumentar el valor añadido del viaje. Compartiendo espacios y realizando actividades relacionadas con el destino.

El slow traveller elige destinos no masificados para relajarse y bajar el ritmo de vida de hoy en día.  Por lo general, son parejas o familias que eligen un alojamiento con características particulares y trato cercano (casa rural o hotel boutique); evitando cadenas hoteleras estandarizadas. Realiza actividades orientadas a conocer el destino sin seguir los consejos de las guías de viajes. Tiene una estadía media de ocho días y no se centra tanto en los atractivos turísticos, sino en la experiencia que le puede aportar el lugar.  

A continuación presentamos ideas sobre cómo podríamos establecer las bases para la creación de un modelo de posicionamiento para el slow tourism en una ciudad mediana. Como objeto de estudio hemos elegido la ciudad catalana de Girona. Por su encanto y proximidad con espacios naturales, esta capital de provincia ofrece  posibilidades que invitan a la lentitud. Es un destino con recursos versátiles y de gran atractivo cultural.  El objetivo principal es averiguar cuáles son los motivos que llevan a los denominados Slow Travellers a viajar a un destino y analizar si Girona está preparada para ser referente en turismo Slow.

¿Cómo podemos saber si nuestro destino opta a ser «Slow friendly»?

Lo primero, realizar un buen diagnóstico. 

Para comprender el estado de un destino se debe desarrollar la fase de diagnóstico con diferentes herramientas de marketing estratégico.  Algunas de estas son el análisis DAFO y el Diamante competitivo de Porter. Son útiles para determinar si un destino dispone de los recursos e infraestructuras necesarias para desarrollar actividad turística. Por su localización, recursos y  preferencias de la demanda, determinamos que Girona tiene una estructura turística consolidada. 

Con 101.852 habitantes, Girona es la capital de provincia catalana con menos población. A simple vista reúne una serie de recursos y características que la sitúan como potencialmente atractiva para los slow travellers: recursos naturales, rutas a pie o en bicicleta; oferta gastronómica KM0; patrimonio cultural muy rico; artesanía local; y es un punto de partida estratégico para desplazarse a ciudades cercanas en transporte público.

Otro punto importante es realizar un análisis de la competencia, a modo de benchmark. Para Girona serían los destinos adscritos en la red Cittàslow más próximos: Begur y Pals. Los puntos de similitud entre los tres municipios juegan a favor de Girona. Siendo una ciudad mediana  dispone de características slow en cuestión de alojamientos, recursos y actividades. Sin embargo, para competir a nivel slow tourism se debe valer de los municipios de alrededor. Por eso determinamos que Girona no podría ser una slow city dentro de los estándares de Cittàslow
El hecho de no optar a la red de ciudades slow no debería convertirla en descartable para los slow travellers. El marketing turístico nos enseña a posicionar cambiando desde dentro. Con lo que acondicionar un destino para nuestro público objetivo nos acerca a este de una forma más orgánica. Así, lo que sí podemos afirmar es que Girona puede ser un buen competidor de las slow cities analizadas con el desarrollo de estrategias similares.

Y ahora toca pensar en estrategias y acciones. 

Con el diagnóstico del destino, necesitamos un sistema de estrategias y acciones para posicionar la ciudad como referente de slow tourism. Las estrategias sugeridas pueden ser transversales en la aplicación a otros destinos. Las acciones son ejemplos para el destino objeto de estudio.

1. Ante todo segmentar

La segmentación más adecuada para los slow travellers es según su estilo de vida. Suelen destacar por ser aventureros comfort, sociales por naturaleza y grandes excursionistas, pero siempre dentro de un control y límites de seguridad que aporta el destino en sí. En la estrategia tendremos en cuenta la seguridad en primer plano. 

2. Comunicar en canales afines al slow traveller

  • La creación de una sub-marca del destino (Slow Girona, por ejemplo) como lugar propicio para realizar slow tourism forma parte de la estrategia para posicionar en canales online y offline afines a nuestro público. 
  • Realización de Press trips para organizar una visita para periodistas representantes de las principales revistas de viajes europeas. 
  • El marketing digital para la captación y fidelización de los usuarios, pero también de los stakeholders más influyentes del destino. 

3. Potenciar los recursos turísticos «Slow» 

  • Creación de una Red de caminos alrededor de Girona
  • Patrimonio cultural Girona 360º. El turismo slow tiene un fuerte componente cultural. Se precisa una acción que mueva a los viajeros y viajeras alrededor de la ciudad y no se centralice en el centro histórico. 
  • Programa de cursos enogastronómicos a cargo de comercianes y restauradores locales. 

4. Fomentar el transporte público y el alojamiento rural

  • Alianza con empresas de transportes interurbanos. Para generar un acuerdo de creación de un descuento en los bonos de diez viajes. Este se aplicaría a aquellos viajeros/as que abonen la cantidad simbólica en concepto de compensación de la huella de carbono que supone su desplazamiento en autobús. 
  • Creación de red de alojamientos slow para pensiones y casas rurales. Esta acción se basa en establecer un acuerdo con los alojamientos de menos de quince habitaciones para formar una red de alojamientos «slow Girona». Y así disponer de un catálogo de servicios exclusivos acorde con nuestro público objetivo. 

5. Trabajar con mentalidad sostenible 

  • Acciones de marketing directo a empresas turísticas. Desarrollar la comunicación correspondiente a las empresas turísticas que operan en Girona sobre la importancia de actuar de forma sostenible con un manual de buenas prácticas en sostenibilidad
  • Celebración de jornadas de turismo sostenible en Girona. En estas se contratará a expertos/as en turismo sostenible para que den conferencias sobre el tema a modo de workshops. 

6. Obtener apoyo empresarial 

  • Formaciones gratuitas para emprendedores/as. Estas servirán para que las nuevas empresas se impulsen desde su inicio con valores sostenibles. Uno de los apartados de la formación será el relacionado con el segmento de slow tourism para darlo a conocer a los futuros empresarios/as. 
  • Generación de un clúster de empresas para destino Slow. Un cluster ayudará a potenciar Girona como destino de turismo Slow gracias al apoyo de las empresas que cumplan con los requisitos que establezcamos. Así se verá como un producto uniforme con el que los segmentos objetivos se podrán identificar. 

7. Población local en foco 

  • Comunicación transparente a los residentes de Girona y alrededores. Informes para recoger feedback, pero también hacer partícipe a la comunidad local en los procesos de implementación turística, mediante encuestas y reuniones con asociaciones de vecinos. 

Para finalizar, podemos decir que este modelo podría servir para comenzar a potenciar el slow tourism en un destino urbano. Como se ha comentado, es necesario tener una fotografía del destino y desechar aquello que no se identifique con la filosofía slow.  Finalizada la fase de diagnóstico, las estrategias planteadas nos harán escoger los recursos más apropiados y adaptarlos a los estándares sostenibles. La formación  de los principales implicados del desarrollo turístico y la población local es una base importante para favorecer el slow tourism. De esta forma comprenden cómo este tipo de turismo puede mejorar productos turísticos ya existentes y motiva la creación e innovación de otros. Y todo con una filosofía local y artesanal que aporta beneficios culturales y económicos al destino. 

Las estrategias pretenden potenciar, en este caso, Girona como una destinación slow friendly sacando el mejor partido de sus recursos y servicios, pero también adaptando normativas y generando conciencia sostenible en el sector empresarial. Son acciones que involucran a los diferentes públicos en sus formas de viajar, tipos de alojamientos y actividades, relación del destino con el turismo sostenible y la comunidad local. Un mix que podría convertir a un destino en apto para slow travellers, pero que también le aporta un desarrollo sostenible que lo puede hacer un mejor sitio para vivir. 

Consúlta aquí para consultar el proyecto completo. 

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Las tres relaciones de la regeneración

Estamos viviendo un momento único y polarizado como humanidad donde habiendo alcanzado una comunidad global e interconectada estamos por fuerza mayor cada uno en distanciamiento físico y aislación. La devaluación y crisis de la economía es evidente y la valoración de la Vida surge con fuerza en la conciencia global. Sumando a esto, la ya conocida crisis ambiental que estamos atravesando, la cual implica importantes desafíos para el desarrollo humano y del planeta.

En el año 1992 el “American Institute of Biological Sciencie” dijeron: “Se requiere un gran cambio en nuestra administración de la Tierra y la vida en ella, si se quiere evitar la gran miseria humana”. El 13 de noviembre del 2017 en su segunda advertencia firmada por más de 15.000 científicos del mundo entero afirman que la pérdida de biodiversidad, degradación de los ecosistemas y la extinción masiva de fauna silvestre son de una gravedad que no tiene antecedentes.

Esta gran contracción que estamos experimentando puede ser una oportunidad para volver a conectar con lo esencial en cuanto a nuestros propósitos personales, nuestro bien común y con la naturaleza que sostiene la vida. Nace una posibilidad para considerar una relocalización radical (radical en el sentido de volver o pertenecer a la raíz) para una regeneración que permita el proceso de cultivar la capacidades y habilidades de las personas, las comunidades y otros sistemas naturales para renovar, adaptarse y prosperar. [Clear cf].

El cultivo de estas capacidades, la salud, la resiliencia y prosperidad común, las buscaremos a través de las tres relaciones de la regeneración, las cuales serán un punto de partida para una renovada y vibrante relación con la naturaleza, los otros y uno mismo. Estas tres relaciones serán el prisma que tomaré para una nueva concepción del tejido eco social.

Después de más de 20 años en el intento de implementar sustentabilidad, de todas las cumbres de desarrollo sustentable y de cambio climático, casi ningún indicador nos muestra avances importantes para los grandes desafíos de emisión de CO2, cambio de uso de suelos, pérdida de biodiversidad y agua dulce, entre otros.

Podemos decir que la sustentabilidad ha fracasado. En gran medida porque las relaciones están fragmentadas y cada elemento está separado del otro, generando en consecuencia un planeta al borde del colapso ecológico, donde el ser humano es movido por sus intereses personales, la sociedad por la competencia y la naturaleza vista como un objeto a explotar.

Las tres relaciones son un puente para transitar el cambio de paradigma, desde la sustentabilidad, que aún está dentro de la mirada mecanicista, hacia la regeneración que invita a una mirada y concepción orgánica, viva y holística en la manera de desarrollarnos. La sustentabilidad plantea tres ámbitos de desarrollo; el ámbito ambiental, económico y social.  Si bien la propuesta de la sustentabilidad ha logrado poner en discusión la temática ambiental y social, estos ámbitos están lejos de encontrar un equilibrio con una economía que basa su lógica en el crecimiento constante e infinito.

Esta transformación se basa en pasar de una mirada sobre los elementos hacia las relaciones. Estas relaciones son invisibles, pero a la vez son las que dan forma a lo visible. Podemos ver como la vibración en el experimento de las placas de Chatney o de como el campo electromagnético de un imán dan forma y un patrón reconocible a las partículas de hierro sobre una placa [Lipton] . O como una cultura, desde su cosmovisión da forma a un territorio a través de su arte y arquitectura, y como nuestros senti-pensamientos ordena nuestra vida material.

Vivimos en un mundo donde todo está relacionado y es interdependiente. Por lo tanto, esta nueva mirada de la regeneración plantea trabajar sobre las cualidades de las relaciones, y más específicamente se enfoca sobre tres relaciones esenciales que nos permiten existir, estas son la relación del ser humano consigo mismo, con los otros y con la naturalezaA través de estas tres relaciones tomamos conciencia, responsabilidad y entendemos nuestro lugar en el mundo, lo que nos permite ser protagonistas de nuestra propia vida.

Comenzaremos por la relación con nosotros mismo, ya que considero que este es el único punto de partida sincero para una real transformación de la sociedad y la naturaleza.

La relación del ser humano consigo mismo

“Un activismo delicado es verdaderamente radical en la medida que sea consciente de si mismo, que comprende que su forma de ver es el cambio que quiere ver”.

Allan Kaplan y Sue Davidoff

Cuando miramos al mundo no vemos el mundo, vemos nuestros conceptos e ideas que tenemos de él. Esta forma de pensar (y por consiguiente de ver) [Kaplan 2015], ha sido en parte impuesta desde nuestro núcleo familiar y por el sistema educativo dentro de la sociedad en la que nos desarrollamos. En las últimas décadas, la cultura de la globalización y su  proceso hegemónico cultural y epistemológico, ha impuesto una mirada economicista y materialista, que nos hace pensar y sentir que tan solo somos nuestro cuerpo, lo que hacemos y lo que tenemos. Pero en esta crisis en la cual muchos nos vemos impedidos a seguir nuestras actividades comunes, nos ha permitido darnos cuenta de que más allá de nuestro hacer existe nuestro “Ser”. El valor sobre nosotros mismo muchas veces esta en una medición de nuestra profesión, la capacidad de generar riqueza y estatus social, alejándonos de una valoración holística o de nuestra totalidad como seres humanos.

En mi experiencia, la práctica de la observación y de la presencia es un puente para volver al mundo y ser participantes conscientes de él. Cuando estamos en nuestro lugar lo sabemos. Es un espacio único para cada uno, nos sentimos expandidos, fuertes, seguros y sostenidos por lo que es realmente nuestro, como lo son nuestros talentos, dones, sueños y valores esenciales. 

Esta travesía evolutiva, es volver a conectar con uno mismo a través de la presencia y poder experimentar la relación con los otros y la naturaleza de una manera más directa y limpia de condicionamientos socioculturales. Esta capacidad de “ver o darnos cuenta” de como nuestros pensamientos y emociones, ante diferentes circunstancias, se experimentan/sienten en nuestro cuerpo y que decisiones tomamos si ante ellas sentimos simpatía o antipatía, una contracción o una expansión, son esencial para una buena vida.

Desde esta atención consciente enraizada en nuestro cuerpo, puede experimentarse la coherencia o incoherencia entre nuestro pensar, sentir y hacer. Donde el sentir es el mediador y puente entre el pensar y el hacer.

Para que esto surja, nuestra atención y conciencia debe estar sobre la relación entre la ética y la estética (esencia y la apariencia). Y como lo visible está impregnado de lo invisible, así como nuestro hacer esta impregnado de nuestro ser.  Y desde aquí preguntarnos si lo que hacemos en el mundo exterior (estética / apariencia), está en coherencia con nuestro mundo interior (ética / esencia).

Cuando conectamos con nosotros mismos tenemos la oportunidad consciente de crear relaciones con un sentido de belleza y de servicio hacia la vida, hacia algo mayor que nuestra individualidad.  Me atrevo a decir que no hay mayor revolución para estos tiempos, que la revolución de la presencia. Esta nos ayudará a reflexionar si queremos seguir de manera automática y dormida nuestras acciones y relaciones, o si nuestro hacer nos llenará de vitalidad, propósito y sentido.

La relación con los otros

Una vida social saludable se alcanza cuando: En el espejo de cada alma humana se refleja toda la comunidad y cuando en la comunidad vive la virtud de cada uno de sus miembros” 

Rudolf Steiner

No podríamos existir sin los otros, inevitablemente pertenecemos al árbol de la vida, donde todos poseemos una madre y un padre, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos y así desde nosotros se proyecta la vida hacia las futuras generaciones. Es quizás en esta relación familiar donde nos es más fácil sentirnos unidos a algo mayor que nosotros mismos.

Relocalizarnos, es volver ver nuestra propia naturaleza humana, somos gregarios y en colaboración hemos logrado crecer, cuidarnos y desarrollarnos como especie. Aun así, nuestra sociedad parece haber caído en una mirada individualista y competitiva, donde el otro parece ser, a veces, un enemigo en el camino.

Pero cuando la Vida humana está en peligro puede nacer el potencial de la empatía, la fraternidad y la comunidad. Estos surgen al poner la vida en el centro, y desde este centro las prioridades parecen ordenarse de forma más clara. Estos valores que emergen como potencial serán fundamentales para establecer una nueva mirada de la economía, del intercambio y de las relaciones humanas.

Esta renovada forma de relacionarnos, con la vida en el centro, podría transformar toda forma de hacer sociedad y organizaciones. Sea empresa, emprendimiento, ONG’s, universidades o instituciones públicas, esta transformación será desde una mirada mecanicista y productivista hacia una de organismos vivos que colaboran, cooperan y comparten un proceso coevolutivo para un bien mayor.

Este movimiento relocalizador, desde una sociedad competitiva hacia una comunidad colaborativa, hace surgir nuestro sentido de pertenencia y por lo tanto de cuidado hacia los otros y la naturaleza cercana en que habitamos. Es volver a sentirnos parte de un cuerpo vivo y mayor con el cual podemos colaborar y servir a través de nuestros dones y talentos.

Esto busca la transición de ser sociedad y consumidores, a ser comunidad y habitantes. Comunidad en el sentido de compartir lo común que nos une en cuanto a lo elemental que compartimos de la naturaleza como el aire, las aguas y la tierra. Y ser habitantes y pertenecientes, donde pasamos de ser solamente un actor económico, hacia la participación directa en el potencial creativo de nuestros lugares y como personas.

Las empresas e instituciones que sigan mirando y trabajando como si estas fueran maquinas extractivistas (muerta o carente de vida) y guiadas por el único objetivo de la rentabilidad, estarán atadas a su propio destino en la repetición de patrones mecanicista y carentes de la esencia viva, por lo tanto a su obsolescencia. Por otro lado, comienzan a crecer las organizaciones con propósito, que buscan mejorar al ser humano y/o la naturaleza, dando más de lo que toman, transformándose en organismos vivos para sus territorios, culturas y personas, que se caracteriza por sus liderazgo participativo, la integración de las futuras generaciones en la visión/misión, la flexibilidad, el mutualismo y su capacidad coevolutiva.

La relación con la naturaleza

“Ciertamente debe haber otro camino, uno que no trata a la naturaleza de una manera dividida y en partes, sino que la presenta como activa y viva, partiendo del todo para llegar a las partes”

Goethe

Para superar la mirada sobre la naturaleza como un bien de consumo y poder experimentarla como viva tenemos que volver a relacionarnos con la natualeza. Tener una relación experiencial con ella, vincularnos a través de la contemplación y la observación de las cualidades de la naturaleza, sus patrones relacionales y poder reconocernos como parte y a la vez constituidos por ella. El ejercicio de estar presentes con nosotros mismo, con nuestras capacidades de percepción abiertas, aprendiendo a contemplar y a utilizar nuestro cuerpo como el mejor instrumento que tenemos para descubrir lo vivo, nos permitirá experimentar y aprender sobre la interdependencia, la colaboración y los procesos vivos, cíclicos y orgánicos del cual somos parte.

Espero que nadie olvide que nuestra posibilidad de existir está inevitablemente ligada a la naturaleza, esto queda fácilmente demostrado en cada respiración que hacemos, cada vaso de agua que tomamos y cada alimento que llevamos a nuestras bocas. 

De esta forma la naturaleza o “lugar en la naturaleza”, puede presentarse como algo vivo con quien dialogar y relacionarse. Muchas tradiciones ancestrales, han mantenido una relación viva con la naturaleza, ellos piden permiso o saludan cuando entran a un bosque, a un rio o laguna.

Este sentimiento de respeto y humildad al entrar en ella es fundamental ya que transforma la cualidad de la relación. Si reconozco su presencia, mis actos serán más cuidadosos, amorosos y agraciados. Estar ante ella y preguntarse ¿Qué es lo que la naturaleza de este lugar necesita? o ¿Qué es lo que el lugar está pidiendo de mí? Desde este dialogo pueden surgir impulsos creativos y convertirnos en agentes regenerativos en relación con la naturaleza.

Un paso importante y radical en nuestra forma social y legal de ver a la naturaleza es otorgarle derechos de la misma manera que el ser humano tiene derechos universales. De esta forma incorporar en nuestra legislación a la naturaleza o planeta como un ser vivo.  Reconocerle su derecho a existir, a ser respetada, a la regeneración de su biocapacidad, a la continuación de sus ciclos y procesos vitales. Esta es una nueva relación con la Naturaleza, es reconocerla como una entidad viva e integrarla en nuestra convivencia social.

Este es el próximo paso en cuanto a los derechos universales los cuales han avanzado poco a poco en nuestro sistema político y económico. Esto tendrá implicancias que pueden repensar la relación y forma de habitar los territorios. Pasar de mapas a bio-mapas, de regiones a bio-regiones, y de una economía basada en la linealidad y el extractivismo, a una enraizada en la circularidad y los bio-ritmos de la tierra.

Relocalizarnos para regenerar

Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

Lao.Tse

La regeneración aspira a una transformación que nunca hemos vivido como humanidad, donde el ser humano participa conscientemente como naturaleza en la coevolución de la totalidad del organismo vivo.

“La regeneración es un proceso mediante el cual personas, instituciones y materiales desarrollan la capacidad de cumplir su potencial inherente en un mundo que cambia constantemente a su alrededor. Esto solo puede lograrse volviendo a sus raíces, sus orígenes o sus fundaciones para descubrir qué es verdaderamente singular o esencial acerca de ellos. Llevar adelante este núcleo esencial para expresarlo como nueva capacidad y relevancia es otra manera de describir la actividad de regeneración”. (Sanford, 2017)

Dentro de este gran organismo vivo del cual somos parte, tenemos un rol que cumplir. Somos la última expresión de la tierra en aparecer y veo que con nosotros surge la capacidad o el don de la autoconciencia. Con esto la posibilidad de darnos cuenta de que existimos sostenidos por un tejido visible e invisible de relaciones. Asumir esta condición de ser autoconscientes es el primer paso para esta travesía evolutiva.

Esta relocalización regenerativa, tiene el potencial de fortalecer las redes de alimentación y agricultura local, energías renovables, artes y prácticas culturales, educación autónoma, el cuidado por la salud holística, la restauración y regeneración de los bosques, manglares y ecosistemas marítimos. Todo esto provee una sólida y real posibilidad para una comunidad vibrante, resiliente, colaborativa y creativa, conectada consigo misma, que piensa y sueña su propio destino.

A través de las tres relaciones se expresa la totalidad del sistema vivo, donde paisajes, plantas, animales y humanos crean sinergia para un todo aún más diverso, abundante y bello. Y con esto traer un nuevo orden en las prioridades personales, sociales y sobre los sistemas que sostienen la vida.

¿Cuáles serán las nuevas habilidades y valores que tenemos que aprender y desarrollar para el presente futuro que está emergiendo?

La regeneración comienza desde un lugar íntimo, propio e invisible. Somos los artistas de nuestra propia obra, estamos en construcción y tenemos todos los dones y talentos para este viaje de transformación que recién comienza. ¡Buen viaje!

Este artículo ha sido originariamente publicado en Turismo Regenerativo y reproducido en Travindy con permiso del autor, Martín Araneda. Podéis leer el artículo entero en Las tres relaciones de la regeneración.

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Gracias por equivocarte

¿Cómo saldremos de esta crisis? Quizás esta es una de las preguntas más recurrentes en discusiones, debates, webinars y otras instancias generadas al interior de la cadena de valor del turismo. Al ser un momento para la cual los destinos del mundo no estaban preparados y en donde no existe en la historia reciente de nuestro sector alguna situación similar en cuanto a magnitud, es necesario en primer lugar detenerse y trabajar en una hoja de ruta para el mañana.

La actividad turística a nivel mundial ha crecido considerablemente desde el año 2010 en adelante; de 952 millones de llegadas internacionales a las 1460 millones estimadas para 2019. En este 2020, la proyección de crecimiento se situaba en un 4% respecto al año anterior, de acuerdo con la Organización Mundial de Turismo, cifra que por supuesto ha quedado atrás producto de la situación de pandemia mundial. 

El incremento de la tasa de visitación se ha visto como el principal indicador de rendimiento y competitividad de un destino; cifras de crecimiento son presentadas comúnmente como un éxito de las campañas de marketing de un territorio. 

En este contexto hay que plantear una primera idea fuerza: tenemos la responsabilidad de impulsar y generar un cambio positivo para nuestro sector a través de un eje rector, la sostenibilidad. El impacto en los empleos y en la economía será algo nunca visto y eso inmediatamente nos abre una serie de oportunidades. 

Debemos en primer lugar apostar por la educación y el conocimiento para una toma de decisiones informada. El turismo debe servir como un instrumento que permita, en primer lugar, la mejora de la calidad de vida de las comunidades locales y una diversificación económica de los territorios. Una nueva generación de puestos laborales más especializados verá la luz en el corto plazo y la capacitación continua es clave para este desafío en particular, el cual debe contar con el compromiso irrestricto de la academia. 

Es necesario avanzar a la brevedad en el ordenamiento de los destinos, colocando especial cuidado con aquellos que desarrollan actividades de turismo rural y de aventura, ya que se vislumbra un alza en la tasa de visitación de estos territorios en los próximos meses debido al impulso que las autoridades han dado al distanciamiento social. 

Somos testigos privilegiados de una era de transformación digital y esta misma debe ser capaz de responder a las necesidades de los tomadores de decisión y, asimismo, transparentar la información a todos los actores de un destino, dando paso a una nueva etapa de los sistemas de inteligencia turística. 

¿Cuánto de esto hemos resuelto en los años anteriores a esta crisis?, a decir verdad, muy poco. Con la posibilidad cierta y concreta de comenzar una nueva era para el turismo mundial, en donde la sostenibilidad sea el mínimo aceptable, veremos como la disminución de los vuelos de larga distancia y una menor carga de visitantes entregará mayores beneficios sociales, ambientales y económicos. 

Casi sin darnos cuenta, agradeceremos habernos equivocado ya que así, no volveremos a cometer los mismos errores del pasado; una era del turismo barato sin dirección ni planificación ve sus últimos días y una nueva etapa emocionante se avecina. Coloquemos todo nuestro talento para esta vez, hacer las cosas bien.

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Nace una nueva iniciativa para facilitar solvencia económica a los emprendedores de ecoturismo

Es inevitable, en los tiempos que vivimos, no imaginar el futuro cercano y cómo y cuándo se reactivará la demanda turística en España. Como viajeros, anhelamos el momento en el que podamos retomar la libertad confinada para volver a viajar, pero… ¿y si somos un pequeño emprendedor rural? Aquí el anhelo reside en el reencuentro con el otro y… en recuperar la solvencia económica. 

Desde el punto de vista del ecoturismo, esta crisis bien puede ser sinónimo de oportunidad. Las tendencias auguran un 2020 de turismo nacional que nos permitirá reconectar con nuestro propio país, redescubrir la España rural para regresar a la simplicidad de la vida en su propia esencia o visitar destinos en la naturaleza para disfrutarlos, conocerlos y ayudar con nuestra visita a conservarlos y a mejorar la calidad de vida de sus residentes. 

No cabe duda, uno de los efectos colaterales de la situación actual es que cuando todo termine, buscaremos el poder de la naturaleza para reencontrarnos con nosotros mismos. En este sentido, los espacios naturales protegidos van a jugar un papel fundamental en el turismo que está por venir. Viajar menos pero hacerlo mejor y creando un impacto positivo con nuestra visita beneficiando a la conservación de la naturaleza y al desarrollo local, es un fantástico punto de partida para comenzar a ser viajeros más responsables y convertirnos en verdaderos ecoturistas.  

Con el objetivo de fomentar los viajes de proximidad hacia los espacios naturales bien conservados y apoyar al emprendedor rural mientras se crea una oferta atractiva y con impacto para el viajero, nace el proyecto VitaminBox. Su propósito es inyectar una dosis de vitaminas a nuestro bienestar como viajeros, pero también a los emprendedores ecoturísticos, quiénes debido a esta crisis se encuentran en peligro de extinción

Imaginemos una VitaminBox como una caja de experiencias donde se incluyen un conjunto de propuestas de fin de semana por España a destinos sin masificar y de proximidad a las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Sevilla. La “caja” incluye una cuidadosa selección de experiencias ecoturísticas en destinos como Sierra Nevada, Geoparque de la Costa Vasca, Tablas de Daimiel, Sierra de Aracena, La Garrotxa o Delta del Ebro y se combinan con estancias en alojamientos familiares, rurales y únicos.

La venta de estas experiencias en formato “caja de experiencias” tiene como propósito proveer de solvencia económica a anfitriones locales que forman parte del proyecto, ya que el importe por sus servicios es retribuido en su totalidad el momento de la venta. Mientras, el viajero dispone de hasta 60 días para confirmar la fecha concreta de su reserva y hasta dos cambios sin coste adicional relacionados con el transcurso de los acontecimientos derivados del Covid-19.

¿Quién está detrás de esta iniciativa? La agencia de viajes GenuineSpain y el Club  Ecoturismo en España, quiénes en su afán por apoyar a su red de proveedores de ecoturismo han unido fuerzas en esta alianza de comercialización para dar respuesta a los retos que éstos se enfrentan, mientras ponen sobre la mesa una propuesta de viaje ético y de conexión con nuestro propio patrimonio.

Para crear una oferta competitiva de ecoturismo hay que crear alianzas, adelantarnos a las necesidades de mercado con la sensibilidad que caracteriza este momento tan transcendental de nuestra historia y al mismo tiempo, facilitar a los viajeros la tarea de encontrar opciones de viaje de alto impacto positivo en el territorio. Ahora más que nunca, es el momento de regalar futuro, de planificar ese regreso a la naturaleza de acuerdo con unos valores renovados y de ser artífices de cambio con cada decisión de viaje que tomamos. 

Una nueva forma de viajar se está tejiendo en estos momentos para resurgir tras este proceso de transición y reflexión. Y tú, ¿también quieres ser parte del cambio?

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Es hora de pedir disculpas y regenerarnos

El avance del COVID-19 ha obligado al turismo a detener su marcha. Ante esta situación, muchos empresarios del sector caminan por las paredes y se arrancan los pelos por las ganancias no obtenidas. Pero también, estamos quienes vemos en esta crisis una oportunidad para interpretar los daños provocados y modificar el rumbo de la actividad.

Viajeros y viajeras, cadenas hoteleras, tour operadores, consultores y consultoras, funcionarios públicos, empresarios y empresarias en general, profesionales del sector… Lo primero debería ser voltearnos y revisar todo el camino andado. No solo la marca de nuestra huella en el piso, sino también la influencia ejercida indirectamente (lo que no se ve) sobre el entorno por el cual hemos avanzado. Re-preguntarnos, criticarnos y tomar conciencia. El sistema turístico dominante – del cual somos parte, en mayor o menor medida – es depredador ante la naturaleza, desvaloriza las riquezas socio-culturales y es económicamente injusto con residentes locales.

Probablemente, usted en este momento piense… “Pero yo he hecho todo bien”. Y yo le repregunto… ¿Está usted seguro/a de eso? Lo más probable es que todos y todas tengamos que pedir disculpas por algunas de nuestras acciones u omisiones…

¿Disculpas? ¿A quiénes? ¿Por qué?

  • Al planeta Tierra y sus ecosistemas. ¿Medimos la emisión de dióxido de carbono en nuestros desplazamientos? – Hay muchas aplicaciones para ello -. ¿Pensamos en el consumo de energía eléctrica aunque no la paguemos? ¿Valoramos/Elegimos el alojamiento que recicla ante el que no lo hace? ¿Respetamos la capacidad de carga? ¿Somos estrictos con las evaluaciones de impacto ambiental? ¿Y qué hay de la fauna local? ¿Nos tomamos fotos con el águila atada? ¿Seguimos paseando arriba del elefante? ¿Seguimos montando avestruces? ¿Hasta cuándo?
  • A residentes/comunidades locales. ¿Colaboramos con pequeños alojamientos familiares antes que con cadenas hoteleras internacionales? ¿Contratamos guías locales? ¿Colaboramos con Asociaciones, ONG`s y Cooperativas del lugar de destino? ¿Escuchamos a residentes locales? ¿Actuamos en consecuencia a sus demandas? ¿Comemos en McDonald`s o en lo de Don Mario? ¿Valoramos los platos típicos? ¿Lo de afuera se adapta a lo local? ¿O lo local se adapta a lo foráneo? ¿Nos preocupamos por las condiciones laborales de empleados y empleadas locales? ¿Valoramos las artesanías típicas? ¿Apoyamos más a la inversión extranjera que a pequeños emprendimientos locales? ¿Hasta cuándo?

Retroceder, reagrupar y revolucionar

Si bien es cierto que existen algunas excepciones, es decir, algunos actores del sector que trabajan desde hace tiempo por un turismo más justo y responsable, estos son minoría. Por esta razón, me permito generalizar cuando recomiendo “volver hacia atrás y empezar de cero”, con las disculpas a esos actores conscientes y lastimosamente minoritarios.

Digo regenerar y no desechar, porque estoy convencido que la actividad turística es una herramienta útil para sectores más vulnerables y desprotegidos. A pesar de todo lo descrito anteriormente, sigo creyendo en las bondades que el turismo puede entregarle, especialmente, a países subdesarrollados. Pero es sumamente necesario replantearnos su esquema tradicional. Y para eso, es menester desandar nuestro camino y juntarnos para afrontar los nuevos desafíos de manera organizada.

Gobernanza y funcionarios públicos deberían sacar del centro de la escena a magnates y empresas multinacionales. Y también sacarse a ellos mismos de esa centralidad. Y no me refiero a que no participen más en el sector. Eso no sería recomendable. Pero deben comprender que son ellos los que deben trabajar para residentes y comunidades locales y no a la inversa. Es la población más necesitada, la que debe estar en la posición central de la maquinaria turística. Y el resto de las piezas deben moverse en función de sus requerimientos con el fin de otorgarle, a esa población, cierto bienestar y calidad de vida.

Lo mismo para viajeros y viajeras. Es imprescindible replantearnos el tipo de viaje que realizamos. Debemos tomarnos el tiempo necesario para poner bajo la lupa cada uno de nuestros movimientos y auto-evaluar nuestro impacto socio-ambiental. Pensemos primero en la comunidad local, sus recursos naturales y culturales, luego en adaptarnos y disfrutar el encuentro.

El turismo, así como hoy funciona, está dado vuelto. Arrastra la cabeza por el piso mientras los pies bailan cómodamente por el aire. Los más privilegiados más se benefician, y los más desfavorecidos más se perjudican. La brecha se sigue agrandando.

Después de mucho tiempo, y como pocas veces en la historia, la actividad turística ha detenido sus motores estrepitosamente. Este es el momento indicado para darlo vuelta todo. O al menos comenzar con ello. Estamos ante una oportunidad histórica para generar un cambio y moldear un turismo que colabore con la construcción de un mundo más justo. No podemos dejarla pasar. Tal vez sea la última.

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