Experiencia de sostenibilidad, experiencia de autenticidad

Hace tiempo que observo a la gente con cuidadosa curiosidad y casi podría asegurar que lo que más emoción despierta en las personas es la paz que transmite la naturaleza. Probablemente por el ritmo que nos impone la sociedad moderna que nos empuja a una disociación forzada de nosotros mismos: el ritmo neurótico de la cotidianidad contemporánea, los ruidos, la sobreexposición a la información mediática e informática, la excesiva competencia, los neones desfasados que nos ciegan y emborrachan con imágenes distorsionadas de la realidad y de nosotros mismos.

Sin embargo, existe un lugar donde las personas sienten cada vez más la necesidad de refugiarse y encontrarse a sí mismas: la madre naturaleza. Está claro que cada vez más existe la necesidad y el impulso de redescubrir la veracidad de nosotros mismos, de volver a nuestro yo más joven y redescubrir nuestra versión más auténtica y original, todo esto lo encontramos en la Pachamama, en el corazón y en los brazos de nuestra madre primordial.

Perdernos en el caos para encontrarnos en la paz

¿Por qué nos sentimos siempre tan serenos cuando respiramos profundamente frente a un atardecer o cuando estamos en una playa observando de lejos el horizonte?  Esa delgada línea entre el mar y el cielo que tanto nos conmueve, en un bosque, en un valle, en la cima de una montaña para ver el amanecer… Estos momentos, la mayoría de las veces vividos en silencio, invitan a la contemplación, pero más que nada, nos invitan a reconectar y encontrarnos de nuevo, en un mundo que quiere ser cada vez más automatizado.

En la edad adulta olvidamos que somos copos de nieve sobre la tierra, piezas únicas e inimitables, hasta que nuestro cuerpo habla por nosotros y expresa lo que el alma calla.

A partir de aquí, la sociedad occidental moderna se encuentra sacando viejas enseñanzas orientales, desempolvando antiguas palabras, sabios consejos, técnicas de meditación y relajación, formas de pensar, de vivir, de gestionar la propia vida… esas antiguas leyes escritas hacen cientos de años en culturas lejanas, parecen haber sido prescritos proféticamente para una sociedad enferma y perdida como la nuestra.

Entonces, vemos que tanto nuestra tierra como nuestra alma más auténtica están demandando, de forma cada vez más necesaria y urgente, un sano realineamiento. Las dos formas de vida corren juntas y paralelamente y buscan una única solución: el equilibrio. Equilibrio entre el alma y el cuerpo, entre lo  físico y la psique, entre el hombre y la naturaleza.

Con la arrogancia y el orgullo despótico de hacer el papel de dios, nos estamos destruyendo a nosotros mismos y a nuestro hogar e, irónicamente, también a nuestra propia cura, a nuestra propia medicina: la naturaleza.

Punto sin retorno

Estamos llegando a un punto de no retorno y necesitamos reprogramar un cambio de paradigma.

Nos hemos alejado tanto de nosotros que ahora llamamos “sostenibilidad” a lo que en realidad sería la acción diaria, saludable y respetuosa con nosotros mismos y con nuestro entorno. Le hemos dado un nombre, una etiqueta de emergencia a lo que, en teoría, debería ser una actitud perfectamente natural en nuestro ADN. Nos hemos desvinculado tanto que ya no nos reconocemos y nos vemos obligados a reconstruir una ética moral, ya humanamente intrínseca, para aferrarnos y salvarnos. Ha habido tal inversión de comportamiento que ahora llamamos “sostenible” a lo que debería ser la natural relación de equilibrio entre el hombre y la naturaleza.

Nuestra misión, por tanto, como divulgadores de la sostenibilidad, va mucho más allá del redireccionamiento social hacia una conducta turística o comercial más respetuosa; es la necesidad de retomar el timón y volver a la esencia; es la necesidad de reeducar, de modificar un paradigma que hemos visto que no favorece nuestro bienestar, y volver a honrar nuestro paralelismo entre alma y naturaleza.

En el ámbito del turismo lo hacemos de diferentes formas:  fomentando encuentros más inclusivos, guiando hacia hábitos más saludables, utilizando el viaje como un redescubrimiento interior y un encuentro con esa parte perdida, o simplemente desorientada y abandonada de nosotros. Ya no es una cuestión de “sostenibilidad”, ya no es una forma de decir, es literalmente una forma de vivir.

Es por eso que los retiros de yoga y meditación nos parecen tan rejuvenecedores, ¡y lo son! Pero no se trata de una práctica mágica, se trata de algo que no se ve, que no se paga, impalpable, involuntario. Es el retorno a la ancestral conexión entre nosotros y la naturaleza. Es despertar una parte de nosotros, la mejor, largamente dormida, brumosa y escondida en un rincón, como trastos viejos en el desván o en el sótano.

Es reconectar con nuestra parte más vulnerable, ingenua y auténtica, reprogramarla y realmente proponer nuestra mejor versión: un 2.0 no solo más avanzado, sino también y, sobre todo, más consciente.

Por eso ya no es una cuestión de “sostenibilidad” sino una cuestión que tenemos pendiente con nosotros. Nos estamos enfermando, envenenando y hasta fundiendo nuestro propio antídoto.

¿Seguimos hablando de “sostenibilidad” o de hacer las paces con nosotros mismos y con la Pachamama?

Para mayor información dejamos el link de contacto: https://yogaysenderismo.com/retiro-yoga-senderismo-en-la-sierra-de-las-nieves/

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Sara Folegani

Comentarios

  1. totalmente de acuerdo; tomar conciencia o más bien recordar que la naturaleza es nuestro hogar, nuestras raices, y que nuestro deber es protegerla

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