La masificación turística es el peor enemigo de la biodiversidad marina en México

México es uno de los pocos países del mundo donde está permitido nadar con el tiburón ballena; actividad que se estima crecer un 7 % anual, y que actualmente atrae a 14 mil turistas a determinadas playas. No obstante, la masificación de esta actividad poco controlada y el desconocimiento de los impactos de la interacción humana con este animal tan emblemático, está generando un descenso muy acentuado de las visitas del tiburón ballena a las costas mexicanas. En el 2015 por ejemplo, no se llegaron a ver hasta bien entrada la temporada.

Las embarcaciones que van en busca de estos animales cargadas de turistas impacientes, se comunican entre sí para dar con el avistamiento, y consecuentemente se concentran numerosas barcas en torno al animal. Por lo general el avistamiento se da cuando el animal se encuentra en la superficie comiendo, lo que le crea un estrés inmediato pudiendo incluso dejar de comer. Los turistas sin embargo, aprovechan este momento para incluso montar al animal a modo de rodeo y hacerse fotos.

La polémica en torno a la gestión de las actividades con el tiburón ballena llevó al gobierno mexicano a realizar numerosas jornadas formativas con las comunidades locales, con el objetivo de formar a guías concienciados y apartarlos de la pesca depredadora, como medio de subsistencia. Se lograron crear y formar a varias empresas comunitarias para gestionar esta actividad, sin embargo el problema sigue latente debido a multitud de empresas privadas y multinacionales que realizan estos tours sin respetar ni mediar con las comunidades.

“La clave está en poder concienciar no solo a los turistas, sino también a las empresas emisoras” nos cuenta Sonia Teruel, gerente de Totonal Viajes tour operadora de turismo responsable en México. “Tanto el nado con el tiburón ballena como con tortugas marinas son actividades muy demandadas por clientes internacionales que buscan esta interacción con el animal. En ocasiones nos ha pasado de tener que rechazar ventas porque nos pedían este tipo de actividades en los tours y en nuestro caso, debido a la masificación sufrida en Riviera Maya, no las llevamos a cabo en este destino”. Rechazar la venta argumentando un porqué, para concienciar al usuario, pero también a las empresas con las que se trabaja. “Ese cliente se nos fue, pero el agente intermediario luego quiso saber más y gracias a esto nos ganamos su confianza”, añade.

En referente al nado con tortugas marinas, hasta tres veces ha cerrado Akumal en los últimos años para cortar por lo sano esta actividad, una medida drástica llevada a cabo incluso durante este mismo año, en febrero del 2017.

Como media, se ha estimado que en un mes se llegan a realizar hasta 14 mil nados en ecosistemas donde habitan las tortugas marinas, únicamente en Riviera Maya. Como en la actividad anterior con el tiburón ballena, el nado con tortugas está experimentando una masificación descontrolada. Esto no solamente tiene un impacto directo en el bienestar del animal, sino también en su ecosistema inmediato: los bañistas generan residuos y alteran el manto coralino y los pastos marinos.

En muchas ocasiones se culpa directamente al turista por realizar actividades que tienen un impacto negativo directo tanto en el bienestar animal, como en el ecosistema y en la comunidad inmediata que lo sustenta. No obstante, las empresas turísticas juegan un papel fundamental en este aspecto, sobretodo cuando están viviendo la realidad del país y tienen el poder de cambiar la perspectiva de sus intermediarios y clientes potenciales. Quizás de una forma más lenta pero más segura, mostrando un claro ejemplo de que en el turismo, no todo vale.

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Ángela Rodríguez

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