Paradoja del turismo español: regiones cada vez más ricas con habitantes más pobres

Hace 20 años, los habitantes de Baleares eran los terceros más ricos de España, solo por detrás de madrileños y navarros. Las islas recibían casi 10 millones de turistas, una cifra en aumentó desde principios de los noventa. Pero a partir del año 2000, la renta per cápita empezó a descender con respecto de la española: en 2001, Baleares ocupaba la quinta posición; en 2007, la sexta, y ahora es la séptima. La superan Aragón, Cataluña, Madrid, Navarra, el País Vasco y La Rioja.

El caso es similar en las Islas Canarias y las provincias de Almería, Alicante y Castellón, cuya renta per cápita respecto de España ha caído entre el 10% y el 16% en las dos últimas décadas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué en varias de las regiones más turísticas de España los habitantes pierden riqueza a pasos agigantados?

“Baleares es el caso más claro”, explica el economista Miquel Puig. “Es espectacular: no hace mucho era de las regiones más ricas de España. La he comparado con otras zonas turísticas europeas, como el Tirol austríaco, y allí no pierden prosperidad. Mi tesis es que tiene que ver con lo que se paga a los trabajadores. El turismo español puede pagar poco porque la ley lo permite y porque hay mucha gente dispuesta a ir a ganar algo. Eso hace que en las zonas turísticas se concentre mucha población, crezcan demográficamente y, aunque el PIB suba muchísimo, el PIB per cápita vaya para atrás”.

Puig sugiere que el éxito turístico no debe medirse por volumen de turistas, sino por su contribución a la prosperidad: a la renta per cápita, a su distribución y a su aportación al Estado del bienestar. Para él, el culpable está claro: los sueldos. “El turismo debe valorarse por sus salarios”, incide. “Para mí, hay dos tipos de turismo: el bueno y el malo. El bueno paga bien y el malo paga mal. Los hoteles de muchas estrellas no son necesariamente buen turismo. No me importa lo que paga el turista por la cerveza, lo que nos importa socialmente es cuánto cobra el camarero: si cobra bien, pagará impuestos y gastará; si cobra mal, su puesto estará subvencionado y malvivirá”.

Aunque en los últimos años tanto la Administración como el propio sector han clamado por un cambio de modelo —que aleje a España del sol y playa, la posicione como ‘turismo de calidad’ y sea más rentable, porque venga menos gente pero gaste más dinero—, no está claro cómo se traduciría en las condiciones de los trabajadores. Ya sabemos que los establecimientos de lujo no pagan mejor porque la ley lo permite. Y aunque a sitios como Ibiza van turistas con mayor poder adquisitivo, la riqueza no se traslada a la población.

Antonio Catalán comenta, “cuando hablamos de turismo, tenemos una visión tradicional. Pero también puede ser exportar conocimiento. ¿Por qué no somos primeros en eso? La cadena de valor turista está en fases muy primarias. Se sofisticará si dejamos de ser solo productores, metemos comercializadores y conseguimos más adecuación entre la formación y el puesto de trabajo. ¿Cómo hacerlo bien?”, se pregunta. “Que intervengan todos los agentes: empresarios, escuelas… Es complejo, pero hay oportunidades. Tenemos que dar el salto. No gestionamos bien lo ricos que somos y estamos empobreciéndonos. Es como el que hereda una herencia y no sabe administrarla”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Confidencial: “Paradoja del turismo español: regiones cada vez más ricas con habitantes más pobres”.

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