El ‘Rey Turista’ y su lugar en la doble realidad de Cancún.

Probablemente hayas visitado Cancún, o hayas oído hablar de este peculiar paraíso que se encuentra en la punta de la península del Yucantán, en Méjico. En los panfletos turísticos es vendido como un edén de playas de arena fina y aguas cristalinas, donde el visitante es idolatrado para convertirse en rey (o reina) por una semana, o dos, si tienes suerte.

La realidad de Cancún a nivel de destino, es bien distinta. Empecemos por explicar un poco la línea divisoria inexistente físicamente pero que tanto como turistas como residentes bien saben donde está. Como se puede ver en el mapa, Cancún cuenta con la llamada Zona Hotelera, una isla en forma de ‘7’ de 22 km de longitud situada sobre un frágil ecosistema de duna marítima. La Zona Hotelera se encuentran delimitada por el mismo mar por un lado y por un río de caimanes de agua mixta por otro. Aquí las grandes avenidas son remodeladas cada 6 meses, las enormes explanadas de césped verde disponen de un sistema de continuo regadío y es fácil encontrar más de 127 cadenas hoteleras internacionales. Cualquier hotel que te venga a la mente, seguro que tiene su hueco en esta línea de costa que bien puede parecer una partida de monopoli a punto de terminar porque ya no quedan más hoteles que construir.

Cancun map
Las dos áreas de Cancún: Zona Hotelera & Downtown (Google Maps)

Al otro lado de la laguna de caimanes nos encontramos con Cancún Downtown, oséase la ciudad. Aquí las calles están generalmente rotas, no existen apenas pasos de cebra o paradas de autobús, son un remolino de gente que va y viene, de coches que pasan, un bullicio de vida donde el día continúa cómo en cualquier urbe del mundo. En esta parte de Cancún, obviamente la que no sale en las revistas de viaje, es donde sin embargo se puede conocer la verdadera esencia de la ciudad. Aquí son palpables los olores, los sabores más auténticos y los colores más vivos, pero sobretodo se llega a conocer la cara más humana de los residentes, relajados al hablar contigo ya que pueden evitar la cantinela que están obligados a repetir para recibirnos, como reyes y reinas, en la Zona Hotelera.

La brusquedad de esta separación entre la vida real y la realidad paralela vivida por el rey turista puede resultar un tanto despectiva y surrealista al principio, pero esta visión cambia rápidamente cuando uno habla con la gente local. Así Vicente Ferreyra, director general de Sustentur la única consultoría de turismo responsable en Quintana Roo, admite que “para nosotros es fácil, cuando es temporada alta lo único que tenemos que hacer para evitar las hordas de turistas es no acudir a las playas de la Zona Hotelera”. Lo primero que pensé fue en la presión social que ha sucumbido los vecindarios de Baleares y Barcelona este verano, ojalá evitar las calles abarrotadas de turistas y encontrar un poco de paz entre el bullicio fuera tan sencillo para ellos como sortear una zona de tu ciudad así sin más.

El modelo turístico de Cancún, sin duda tiene sus defectos megalíticos ya que para empezar no tiene en cuenta los impactos ambientales de un desarrollo a tal escala sobre un ecosistema tan frágil, ya sin hablar de los problemas asociados con las fugas económicas a otros países asociadas al sistema de los “todo incluido”. Sus creadores, allá en los años 70, desde luego no predijeron la inmensa cantidad de recursos necesarios para el funcionamiento del monopoli de hoteles de lujo – seguro que tampoco pensaron que casi 50 años más tarde el lugar contaría con más de 32,000 plazas hoteleras -. Pero quizás sí estuvieron acertados en crear una división imaginaria, por el bien de sus residentes, entre la vida cotidiana y una realidad paralela donde da igual de donde vengas que serás el rey si ya pagaste por adelantado y dispones de tu pulsera todo incluido.

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Ángela Rodríguez

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